Entre cábalas y porfías, la personalidad del nuevo Para, el papa Francisco, parece perfilarse con nitidez creciente conforme pasa el tiempo. Ahora, por lo que dice la prensa italiana, circulan inquietantes rumores en los círculos eclesiásticos vaticanos a propósito de la presunta revolución burocrática que dicen que Francisco proyecta, pero el síncope general se ha producido al hacerse públicas en una web sudamericana el contenido de una alocución suya a un grupo de obispos de la región en los que dijo con claridad terminante dos cosas. Una, que en el Vaticano operaba un “lobby gay” y que “ya veríamos qué puede hacerse” a este propósito, y otra el recordatorio de que Pedro el Pescador no tenía cuenta corriente, alusión rematada con una saeta dialéctica sin precedente: que “una Iglesia rica es una Iglesia muerta”. ¿Piensa, pues, Francisco I que su propia Iglesia –rica y poderosa—está muerta y que, en consecuencia, es preciso resucitarla o se habrá tratado sólo de un recurso retórico? Me parece más lógico pensar que esa declaración fulminante debe de haber sido pensada y repensada antes ser dicha pues su propia gravedad impide pensar en una improvisación o en una media verónica, y supongo que lo mismo andará pensando más de uno en aquel entorno en el que quién más quien menos anda lejos del mensaje evangélico que ni dineros, ni ropa de repuesto, ni sandalias siquiera permitía llevar a los enviados. En mi opinión no son pocos los indicios que apuntan a un pontificado no poco revolucionario dirigido por un papa reconocidamente conservador que, sin embargo, sabe abrir los ojos cuando procede y mantenerse firme cuando llega el caso. Si Juan Pablo II fue uno de los artífices indiscutibles de la caída de los Muros, Francisco I podría ser, quién sabe, el reformador audaz que, desde tantas perspectivas diferentes, se ha venido echando de Lutero para acá.

Lo que resulta difícil de imaginar es un mundo con una Iglesia autorreformada nada menos que como una Iglesia pobre, o mejor y en consecuencia, como una “Iglesia de los pobres”, liberada de sus anclajes materialistas, libre por fin en su genuino espíritu liberador. ¿Será eso, en todo caso, a lo que se oponen unos y otros, desde dentro y desde fuera, desde hace tantos siglos? La historia de los papas enseña que fueron pontífices inesperados quienes acaso provocaron los mayores terremotos doctrinales y organizativos. Francisco I, o está jugando con fuego, o puede ser uno más en esa noble relación.

7 Comentarios

  1. Estoy de acuerdo con la columna. ¿Correrá el nuevo papa la suerte del Juan Pablo I? Yo que él dejaba mandado que se le hiciera la autopsia en caso de muerte inesperada.

  2. Recuerda este hombre, Bergoglio, a aquel Roncalli que llegó gordito y bastante mayor a la silla de Pedro y formó el cacao maravillao –aún no bien disuelto del todo– del Vaticano Segundo.

    En parte también a Luciani, por lo de la sonrisa, al que un cura amigo llamaba con sorna ‘el Bombona’ por la de butano que dura un mes (a quien le dure). En ese tiempo lanzó la idea de que cada iglesia destinara el 1% de sus ingresos a las del tercer mundo.

    Un par de años más tarde, la ONU en Asamblea General acordó el 0.7% del total del producto nacional bruto como ayuda oficial al desarrollo.

    Sigamos atentos a la pantalla.

  3. Veo en ustedes a buenos observadores. También a un anciano como yo el nuevo Papa le ha traído esperanzas nuevas. Hace falta mucho cambio. Como dicen los milicos en Brasil: «Brazo fuerte y mano amiga». Pero contundente. Amén.

  4. Creo que este papa va a dar que hablar. De momento, antesdeayer nombró a un cardenal de toda su confianza encargado del Banco Vaticano. Más de uno se habrá acordado de Juan Pablo I y del banquero Calvi…

  5. Todo apunta, desde luego, a que el nuevo Papa viene pegando fuerte y decidido a no dejarse nada en el tintero. Hace falta un movimiento de renovación en la Iglesia –aunque se diga desde fuera de ella, desde el agnosticismo– y prueba de ello es la renuncia del pontífice anterior, un intelectual al que le quedaba grande el gran embrollo vaticano.

  6. Esto no se lo esperaban, seguro. En el detalle que nos proporciona el link de don Epi puede verse el alcance del desafío de este hombre que renuncia a vivir como los papas para instalarse en un centro cristiano de Roma. Esto va a traer mucha cola.

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