Lo que ahora comienza en Andalucía no es un simple relevo en el Poder. Una experiencia por completo nueva, un túnel en el que entrar es lo más fácil pero cuyo interior resulta imprevisible. Un Gobierno demediado, al que aguarda la tarea más enojosa de la crónica autonómica, no será la única novedad frente a una Oposición –de la cabe esperar todo menos lealtad– y ante una masa social entumecida en la vieja postura. La calidad democrática no fue nunca tan imprescindible como lo va a ser en esta era nueva en la que la política será, muy probablemente, la continuación de la guerra por otros medios. Es todo un sistema de libertades el que va a ser puesto a prueba.

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