No hay duda de que la pandemia ha enfrentado a la autonomía con el mayor problema de su historia. A la autonomía y al planeta, puede objetarse, sí, pero sin olvidar que, en el caso andaluz, llueve sobre mojado. Sólo un milagro (y las cifras de Madrid casi lo son ya) podría librarnos del portazo colectivo: desde el “Gobierno del cambio” se habla ya abiertamente, como inevitable en la práctica, de “confinamiento total” al tiempo que se advierte con prudencia que ese cerrojazo supondrá una pérdida colectiva catastrófica: un 30 por ciento de paro, por ejemplo. Si alguna vez resultó imprescindible la unidad frente al partidismo es ahora. A esta Junta hay que verla respetuosamente como un equilibrista sin balancín. Vivimos nuestra peor hora. Más allá de cualquier diferencia, la solidaridad se impone como un imperativo sin excusas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.