Todo indica que la herencia de la gran generación de clasicistas españoles –los Adrado, Fernández Galiano, Luis Gil, Lasso de la Vega, etc.—garantiza la continuidad de esa espléndida ilustración, tan combatida desde las instituciones como desdeñada por la estimativa común. No hay más que seguir de cerca las ediciones griegas y latinas aparecidas hoy, para toparse con el curioso fenómeno que supone la pujante supervivencia de unas disciplinas a las que se trata incluso de desalojar de la enseñanza mientras florece continua una generación de investigadores tan marginal desde la perspectiva oficial como valiosa en sí misma. Es más, es probable que nunca se hayan producido en España tantos trabajos sobre el mundo clásico como ahora, lo que prueba el despiste fenomenal de nuestra política educativa, hay que reconocer que con la anuencia del criterio público. Hace poco elogiábamos aquí la monumental edición de la Eneida publicada por el grupo de investigación “Nicolaus Heinsius” de la Universidad de Huelva, y ahora mismo acaba de salir al público la obra histórica de Jorge Acropolites, el historiador y protagonista del oscuro periodo bizantino que se abre tras la Cruzada de 1204 y que abre un conflictivo mapa de taifas en su interior del que apenas hubo nunca noticias en nuestros planes de estudio. Esta vez el trabajo, auspiciado por el Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas de la universidad de Granada, se debe a la incomparable diligencia de una helenista, Teresa Vila, cuyo espléndido estudio introductorio, unido a la oportunidad de leer el texto bilingüe, traza una raya profunda en el agua de estos olvidos nuestros, tan aldeanos y poco afectos a la valoración del saber. “Eppur si muove”, habría que decirle al Ministerio, no a éste, sino a todos los que han contribuido a la ruina del saber en el ámbito de la educación.

 

A profesionales como Teresa Vila habrá que agradecerle ese cable lanzado a nuestra incultura, más que nada por la soledad de su empeño, por la generosa vocación despilfarrada en la empresa de recuperar nuestro pasado y, dentro de él, la clave imprescindible de la maltratada cultura clásica para entender nuestra Historia Moderna, por completo incomprensible sin esos pródromos. No entenderemos Europa en tanto no contemos con esas luces griegas y cristianas que Vila ha rescatado a pulso en el despotado de Nicea, otro eslabón perdido en la filogenia de nuestra existencia actual.

8 Comentarios

  1. Nunca me alegraré lo suficiente de haber dedicado más afición que profundidad a aquellos estudios de latín y griego de la adolescencia. Cada nueva interesante que me llega sobre el asunto me rejuvenece un puñado de años. Merci bien!

  2. ES la segunda vez que una «mano invisible» (que, por cierto, nos tutea) me corta o a nula el comentario. Iba a decir tan sólo que el mérito de esa traducción que comenta la columna es grande como única en español, y en razón de las dificultades que ofrece la materia de estudio. Bizancio nunca fue pieza fácilmente asequible a nuestros filólogos. Si lo sabré yo.

  3. Los filólogos clásicos no estamos acostumbrados a que se nos preste la atención que recibimos en este sitio. Supongo que represento a muchos si agradezco a Gómez Marín su atención y el lujo de su cultura. Gracias, maestro.

  4. ¡Albricias, un comentario a un libro de tema clásico! Aparte de buscarme enseguida un ejemplar, agradezco también yo a jagm la atención que presta a griegos y romanos, así como su constancia en avisarnos sobre las novedades bibliográficas en la materia.

  5. En nombre de muchos profesores de latín, muchas gracias. Seguro que los de griegos aún se habrán regocijado hoy más.

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