Otra vez anda por medio el debate sobre la enseñanza de la Historia, es decir, la discusión sobre si la ‘socialización’ del conocimiento del pasado debe hacerse por libre o atraillada con mano firme por el comisario del Poder. Se comenta por doquier el proyecto de la Federación Rusa de oficializar una nueva historia de esa “nación de naciones” (que ésa sí que lo es) que sin salir del Kremlin le han pergeñado a Putin un grupo de escribas partidistas. Rusia tiene un problema, eso es algo sabido, a la hora de asumir el pasado con más sombras que luces de la era soviética, un problema tan grave que más de una vez ha permitido ver en él cierto complejo de culpa oscuramente sentido por las nuevas generaciones y, en especial, por los sectores más o mejor sintonizados con el estilo de la cultura occidental, y ese complejo parece ser que es lo que se trata de subsanar trocándolo nada menos que por el clásico sentimiento de orgullo nacionalista, es decir, por otro complejo igualmente expuesto a excesos o déficits en la valoración. De lo que se trata, obviamente, es de dotar a un personaje gris como Putin de una vitola presentable, y a esos intelectuales orgánicos no se les ha ocurrido nada mejor que establecer un parangón con el padrecito Stalin cuya obra de unificación, victoria bélica y éxito industrializador pasan nuevamente a primer plano para ocultar el horror de todos conocido. El texto en cuestión es un manual para educadores y será oficial, es decir, obligatorio, lo cual no debe extrañarnos en un país como el nuestro en el que se procede actualmente al desguace de la Historia común, “que es la única verdadera”, para sustituirla por las diferentes crónicas regionales animadas por los héroes propios de sus mitologías de pacotilla. Algo, como ha señalado el profesor Chic, que ha ocurrido antes en muchos países, desde los EEUU hasta China, y que verosímilmente ocurrirá sin remedio cada vez que la ínfula política se sobreponga al criterio objetivo y de la Historia se pretenda hacer una catecismo antes que un manual de ética colectiva. Eso de que el historiador es un profeta que mira hacia atrás, como decía Heine, no es más que una broma. En la realidad de la vida, el historiador tiene que elegir entre ser un censor o un elegíaco.

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Creo que una de las propuestas del partido nuevo (no sólo “nuevo partido”, ojo) de Savater y Rosa Díez, será ésa de reclamar el derecho de la colectividad a compartir una versión común del pasado, es decir, la facultad del Estado de impedir que la transmisión de la Historia se fragmente en la trituradora autonómica en perjuicio de la objetividad y a favor solamente de un impostación lugareña del mito. La Historia no debe ser una disciplina ‘ideológica’ sino una “investigación” (ése es su étimo griego) neutra y, en este sentido, ‘amoral’, es decir, no dirigida a “formar” las conciencias sino a “informarlas”, no puesta al servicio de intereses coyunturales o fantasías mitológicas, sino dispuesta como un instrumento de autoconocimiento de los pueblos y, en lo posible, construido, sin encono ni parcialidad, como proponía, no sin alguna ingenuidad, el genio de Tácito. Hoy es poco probable que se recuerde la conclusión del sabio y reaccionario Joseph de Maestre en el sentido de que, en el fondo, la Historia es la única “política experimental” de que disponemos y, por eso mismo, la única buena. Lo demás es pura propaganda, esa vaina que, según Valéry, justifica lo que se quiera con sólo disponer de manera adecuada los espejos de la cámara. Los comisarios del Kremlin o los que asisten a nuestra autonomías acaban dando, por caminos opuestos, en un mismo trampantojo al sustituir en su labor la Razón por la Moral. Es lo que pasa, indefectiblemente, cuando el historiador es sustituido por el escriba o, como dice Chic siguiendo a Paul Johnson, cuando el político desplaza al chamán. Vale que la Historia sea maestra de la vida. Lo malo es que cada maestrillo tenga su librillo.

20 Comentarios

  1. Le agradezco el tema y su tratamiento, caballo de batalla de nuestros claustros hace tiempo. Nunca entendí por qué la izquierda borraba la Historia de un plumazo cuando ella misma resulta inconcebible sin esa perspectiva. De la derecha no hace falta que diga nada, aparte de que hay que reconocer que fue más discreta siempre en este apartado.

  2. La utilización partidaria de la Historia es inevitable tal vez. Desde los cronistas de la Corona hasta los patricios romanos, todos han escrito barrienbdom para adentro, aunque es cierto que unos más que otros. Hacer Historia implica partir de una hipótesis de trabajo definida, de un “prejuicio” ben suma, al que el historiados malamente bpuede sustraerse. Otra cosa es que llegue un comisario pluma en ristre y se ofrezca al Poder para escribirle una “crónica” a su medida. La Historia franquista no fue más parcial y tendenciosa que la que actualmente se prodiga en Cataluña, el País Vasco o Galicia.

  3. Lo que no entiendo es por qué se extraña gm de que Putin se empareje con Stalin, pues si hay que salvar las distancias, y eso es obvio de momento, no cabe duda de que ese frío implacable procede de aquella mentalidad que el KGB se esforzó tanto en conservar intacta aunque tratandoi de amoldarla a las circunstancias nuevas.

  4. Rigor, Mr. Rick, un poco de mesura, que el actual mandamás ruso no es ni de lejos –todavía, vale, eso está por ver– el viejo cocodrilo insaciable. LO que asusta es que en un país que conoce bien lo que fue el terror stalinista pueda recrearse la imagen del tirano, porque eso quiere decir que, de algún modo, el pueblo, a grandes rasgos, conserva una memoria más o menos justificativa de la tiranía. De hecho esos méritos que dice la columna que la nueva historia del régimen atribuye a Stalin con ciertos. Como lo es que la reacción de Putin ha sacado a Rusia de un comienzo de decadencia que era todo menos disimulable. Ha ganado en el plano internacional, es mucho más respetada que hace unos años, su peso en la ONU es claramente mayor… A Putin lo que es de Putin, aunque ya digo que hay que ser infeliz para no ver en esa rostro gélido la máscara de un rinao dispuesto a todo por el Poder.

  5. ¿Putin es ese que ha recinido a Zapatero en su dacha? Puede que algún día se publiquen en El País las actas de esa reunión y Ekáizer se apunte otro tanto gracias a una mano amiga y filtradora.

  6. Buena defensa en línea con anteriores intentos por su parte. La Historia no le interesa nada a estos, acéptenlo de una vez, pues ellos solo están atentos a sus encuestas y nada más presentista que un sondeo.

  7. Me felicito de leer escrito por este comunista esta protesta anticomunista, a la que pronto se añadirá el coro de pelotas con doña Scéptika a la cabeza.

  8. Quién mejor que “Heródoto” para certificarnos que la Historia independiente es una ilusión. Bueno, es broma, claro que hay historias rigurosas y fieles a la verdad, pero sobre ellas acaba ganando siempre la batalla la “crónica” apoyada en el Poder. Eso vale también (me adelanto a un posible acosador amistoso) para la Historia eclesiástica, que me consta que ja conoce bien a fondo, como tantas cosas.

  9. Otro que irá al clase para comentario y al tabñon de anuncios paracabreo de directora, jefa de estudios y algunos clasutrrales que consideran perniciosa cualquier discrepancia, aunque sea fundada, con la postura oficial.

  10. No faltó quien dijera aquello de que los pueblos sin historia son pueblos felices, pero tampoco, como sabemos, quien predijera que el pueblo que ignora su pasado está destinado a repetir sus errores. El problema es irle con filosofías a esta tropa. ¿A Pepiño, en primero de carrera, a la legión de mediocres que constituyen la clase política? Un estudio reciente me sumió en la perplejidad al revelar que, aparte de cierto sector del nacionalismo catalán y aceptando que el PSOE batía todas las marcas, no había un solo partido en España que se librara de esa medianía, producto de una recluta de militantes con responsabilidad en las organizaciones desde demasiado pronto. Y creo que pocas cosas expresan mejor este estado de cosas que el progresivo alejamiento de la Historia, este ahistoricismo que explica, además, las barbaridades que se hacen en el terreno de la “memoria”.

  11. Hace poco usted mismo decía, don ja, que en Venezuela el hermano del presidente controlaba en persona los libros de texto, y aquí sabemos mucho de eso quienes, como usted o yo, peinamos canas.Una vez tuve ocasíón, durante uans vacaciones en Cintra, de ojear un texto escolar que pertenecía al hijo de un trabajador de la Pousada, y me divertí mucho creyendo como un ingenuo que ese chavinismo estupendo que hablaba del “Principe Perfeito”, las proezas ultramarinas, la desigual y sin igual batalla de Aljubarrota y demás eran una especialidad de esa nación tan celosa de sí misma y tan orgullosa de lo suyo. Veo que la realidad es, sin embargo, que la deformación o la falsificación directa está más extendida de lo que creía.

  12. Supongo que usted no sabe que, junto alos mismos profesionales de la asignatura, que tanto han luchado por defenderla, hay también no pocos alineados con el Poder que han venido justificando todos estos años el designio de reducir la enseñanza y desprestigiar el conocimiento del pasado al presentarlo como algo secundario, accesorio, una especie de “maría” de las antiguamente obligatorias en los planes de estudio. A esos hay que pedirle una cuenta más estricta que al pelotón de una profesión que, en última instancia, recibía siempre el bofetón de tener que escuchar (como sus compañeros de lenguas clásicas o de filosofía) que no hacían b más que “defender” lo suyo. Cuando un enseñante sabe que el alumno suele interesarse por la Historia cuando se le expone de modo fácil, no excesivamente memorístico y razonable, siente mucho más pena ante estos ataques. Pero cuando teme que pueda ser obligado a enseñar lo que sabe que no es cierto, se echa a temblar. Siento en mis carnes el lamento de muchos compañeros de autonomías “de primera” que están en esa situación, y espero jubilarme antes de que se generalice y nos toque a todos.

  13. (Sociata2: lamento la tardanza en madarte a freir espárragos acompañado de tu señora mamá,q ue seguramente también estará en nómina o haciendo méritos en la asociación de vecinos).
    Sobre le tema prefiero sumarme a lo ya escrito por otros compis del blog, muchos de ellos, estoy seguro, colegas míos. Lo que está ocurriendo en Rusia no va a pillarnos por sorpresa a quienes acabamos de asomarnos a los nuevos textos escolares de la asignatura de la discordia.

  14. Hace tiempo escribió usted, atribuyéndoselo a Reviriego, que esta gentecilla “cree que la boche de los tiempos comienza en la guerra civil”. ¿Qué mejor explicación quiere tanto de su enemiga a la Historia como de su atracción fatal por sus falsificaciones?

  15. Caro Baroja escribió un libro estupendo sobre “Las falsificaciones de la Historia”. Se refería a casos célebres y concretos, pero recuerdo que cuando lo leí estuve pensando que la gran falsificación que se hace de ella es la cotidiana. No hay historia oficial que sea objetiva. Cuando ZP rapatrió a las tropas destacadas en Irak alguien dijo en un importante periódico que “pasaría a la Historia” por esa decisión. Ya ve la idea que tienen de la Historia muchos españoles de hoy.

  16. Aguardo impaciente el comentario de doña Scéptika y el de otros habituales pero quiero dejar constancia de mi conformidad total con lo expresado en la columna.
    Sí quiero decir, de todas formas, que me explico la maniobra de Putin, un experto transformista y un espía, es decir, un falsificador profesional que incluye su propia persona en el engaño. Más me cuesta entender por qué han elegido a Stalin para forzar el parangón, pero seamos comprensivos y admitamos que es cierto que aquel criminal monstruoso tuvo todos esos méritos que ahora recuerdan los escribas de Putin.

  17. Aquí estoy, en ascuas y esperando lo que el señor Abate pueda decirnos sobre el pronunciamiento de Vargas Llosa contra los nacionalismos de toda laya. Creo que es muy importante que gente de esa talla se pronuncie y hable alto, por lo menos para decir lo que muchos reconocen pero callan dentro y fuera de los partidos.

  18. Acabo de llegar a Barcelona y no he leído nada de las declaraciones del Sr. Vargas Llosa.
    Sí que me tomo a chanza algo de lo escrito por aquí, tanto lo del amigo JaGM como lo de algunos contertulios.
    Simplemente diré que ni Stalin, ni Franco, ni ningún dictador de la HISTORIA hubiese hecho ni el más simple daño sin la pléyade de stalinistas, franquistas y todos los istas de la manada de lobos mediocres que componen el rebaño social.
    Pensar que la Historia la hace una sola persona es de………
    En cuanto a lo del señor Vargas Llosa aunque desconozco las declaraciones, por la loa que se hace de ella supongo lo de siempre: se condena todo tipo de nacionalismo menos el que uno profesa. Cosa tipíca de los cínicos e hipócritas que inundan la sociedad.

    Siempre digo que desconfío de los nazionalistas, y si pertenecen a una gran Nazión mayor es mi desconfianza.

  19. Hola, buenaas. Tardecito llego cuando ya muchos routers deben estar apagados. Sorry.

    Cuando ya mayorcita de edad, supe qué era eso del método científico, una de las conclusiones que saqué es que difícilmente la Historia -con mayúscula, como la Resistencia de Materiales o la Neurocirugía- puede alcanzar el título de ciencia. No obstante también me ha dado tiempo en este ya largo viaje, a descubrir que hay que leer con los dos ojos (sociata se ve que solo lee con uno, el del papel higiénico, donde cabe toda la ciencia que conoce), y para entender algo del s. XIX español hay que leer a Tuñón de Lara y a García de Cortázar, por dar dos nombres.

    No obstante sí sé que las llamadas en mi bachillearto ‘ciencias auxiliares de la Historia’, ya saben, la Arqueología, la Epigrafía, la Sigilografía, la Numismática…, y cómo no la Literatura, aunque a esta tampoco me atrevo a llamarla ciencia, nos dicen más de una época, de una economía, de una antropología que el escriba sentado halagando o intentando derrocar al tirano de turno.

    Tal vez las viñetas de los hermanos Bécquer con la Isabelona, doña Paquita y Marfiori son más didácticas que un tocho con multitud de fechas y nombres de ministerios. Alguien dijo que después de leer mil libros y olvidarlos, al poso que dejan se le llama cultura y creo que con la historia pasa igual. La anécdota de Fernando VII y los tronchos es un tratado de Sociología, con perdón del Maestro, como una visita a Pompeya equivale a varios capítulos de Indro Montanelli.

    (A estas alturas me pregunto si mis sandeces de hoy superan a las de otros días, ya que a estas horas suelo estar más espesita de lo habitual, lo que ya es dif´cil).

    Sociata, cariño, que esta noche no te dejen dormir las almorranas, tesoro.

  20. En cuanto a la objetividad de la HISTORIA ESCRITA es una falacia admitir que es posible hacerla, no digamos la transmisión de la oral, con la tergiversación permanente e interesada de los protagonistas.

    Podremos confiar, y no mucho, unicamente en fechas, lugares y personajes; pero hacer un juicio de intenciones del devenir histórico siempre será subjetivo.

    Devenir:2. m. Fil. Proceso mediante el cual algo se hace o llega a ser.

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