En el extinto movimiento obrero, herencia de nuestro siglo romántico, el XIX, se sabía al dedillo que la Huelga General Política, la “HGP” de la propaganda, era el último recurso de los explotados o, si se prefiere, el umbral del conflicto definitivo con el Sistema. El obrero comienza su lucha organizando “cajas de resistencia” para sufragar las necesidades básicas en caso de pulso con los patronos, inventa instrumentos de instrucción como los ateneos y confía el proselitismo a verdaderos apóstoles –¡ay, Fermín Salvochea, de cortijada en cortijada, su mendrugo de pan asentado y su cuartillo de queso rancio en la alforja!—que se jugaban el pellejo con los somatenes y las policías rurales, pero luego logra una unidad con vocación ecuménica –la temida A.I.T—que hace reflexionar a los patronos y a los Gobiernos, que vienen a ser lo mismo. Lean “La Defensa de la Sociedad” argumentar por boca de Cánovas y cía. sobre los peligros de esa universalidad. Lean en el Diario de Sesiones el argumentario de aquellas figuras insignes del moderantismo, que venían a ser el “Tea Party” de la época. Pero la HGP era otra cosa. Xavier Cuadrat demostró en su día (1976) cómo el propio Pablo Iglesias, en pugna con el anarquismo entusiasta y primerizo, anduvo que si sí que si no hasta hacer fracasar, finalmente, la gran huelga de 1902, y Jorge Semprún detalló, no sin malevolencia, los proyectos de esa índole que el carrillismo manejó desde París, juiciosamente abortados uno tras otros por sus mismos promotores. Declarar un paro total frente a un Gobierno es declararle la guerra a todo el montaje social y eso es, precisamente, lo que circunstancias como las estamos viviendo vuelve hoy insensato.

El anunciado para hoy por los sindicatos “concertados” cuenta, además, con un absurdo añadido como es la identificación con el desafío de las instituciones políticas, llámense Parlamento, llámense Junta, porque nada más incongruente que los irresponsables regionales de un paro límite como el que sufrimos mancomunen sus esfuerzos para atacar al Gobierno de la nación. La huelga es ya hoy, acaso, un instrumento de presión caducado, sobre todo, en ausencia de una ley de Huelga que nadie, ni desde la Izquierda ni desde la Derecha, osa redactar. ¿Una HGP en una España con casi seis millones de parados forzosos? Aquí se confunde el derecho del trabajo con el presupuesto propio y pare usted de contar.

8 Comentarios

  1. Pero no le eche abajo el tingladillo a esas criaturas, buen hombre, repare en que tienen que comer. ¿Tiene sentido una HGP para reclamar un referéndum sobre los “recortes”? Hay que ser “distraido” para proponer eso, pero “haiga cuidao” porque desfe fueran nos observan con ganas de repetir con nosotros lo que ya hicieron con los griegos.

  2. Convocan huelga los que ni la doblan. En serio ahora: ¿se puede pedir un referéndum para preguntarle al pueblo si está de acuerdo con que le “recorten” sueldos e inversiones, es decir, servicios? Estos romanos están locos.

  3. Los sindicatos tienen que recuperar el pretsigio, el PSOE, tres cuartos de lo mismo y en vísperas de otro batacazo electoral (mañana en Catalua, con eñe). La gente está cabreada y no nsabe bien por culpa de quién. Veremos qué sacamos de lo de hoy. Seguramente los pies fríos y la cabeza caliente.

  4. Esto no pasa de ser un evento del tipo “Hate week” que diría Orwell. Lo tienen complicado porque el enemigo a odiar (crisis, recortes, europa) es un poco difuso, así que deberán conformarse con aglutinarse frente a Rajoy.

  5. No sé si será caducada la HGP pero parece evidente que ya no es lo que era. Maura se reiría a mandíbula batiente de Toxo y el otro. Rajoy no se ríe ni con sus hijos, es muy probable, pero también se reirá en la intimidad.

  6. También era día 14 y miércoles. Falta justo un mes para que se cumplan 24 años. 14-D-1988.

    Anoche, er Canaliyo hizo la machada de poner una cart(ulin)a de ajuste a las 12 en punto.

    La conocida frase de Marx según la cual la historia se repite primero como tragedia y luego como farsa viene aquí como anillo al dedo.

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