Un truculento montaje del FBI detuvo en su domicilio de Boston el pasado domingo a un matrimonio de presuntos espías rusos, el formado por Donald H. Heathfield y Tracey L. Foley, miembros de una también presunta red de espionaje que vendría siendo investigada por los superpolis desde hace varios decenios, es decir desde los tiempos recios de la última Guerra Fría que acabarían templando entre Gorbachov y Reagan, ¡quién lo hubiera dicho! A los ya arrestados, que son diez de momento, no se les ha hecho  ningún cargo grave, ni siquiera una acusación concreta, aparte de acusárseles del propósito de “infiltrarse en los círculos de poder” de la nación, pero además, tanto por parte de los EEUU como por el lado ruso se han multiplicado los paños calientes tranquilizando al personal con la confirmación de que el asunto para nada afectará a las relaciones entre los dos países antaño enemigos. O sea, que parece que se confirma que hay en el ambiente algo así como una cierta nostalgia de la vieja tensión, hoy evidentemente imposible porque los sistemas bipolares son cosa de dos y hoy ese dos en discordia, tanto para americanos como para rusos, es el fantasma islamista. ¿Quién imaginaría hoy un clima como el que hace casi sesenta años provocó la despiadada ejecución de los esposos Rosenberg, aquellos pobres románticos víctimas del macartismo y de la frustración por la aventura coreana? Nadie o todo lo más, poca gente, porque las leyendas maniqueas no son recuperables una vez que se vienen abajo o se revela su falsedad, aparte de que hoy sabemos que las guerras frías –el maestro Truyol lo enseñaba ya así hace muchos años– no son un episodio histórico sino una constante en la crónica de las relaciones internacionales. Sólo que las hay frías abrasadoras y frías templadas, como ésta que ahora ocupa los titulares de una gran prensa poco dispuesta a comulgar con ruedas de molino. No hace mucho decía Gorbachov que los EEUU también necesitan una buena perestroika y, por lo visto, no le faltaba del todo la razón.

 

A los simples mortales no se nos alcanzan las intenciones últimas de los mandamases y menos las de sus aparatos secretos, que para eso lo son, pero no es difícil comprender el papel integrador de estas tensiones, su función biosocial de mantener alerta el espíritu de opinión, en base a ese estimulante factor que es el miedo. Esa red de espías que los propios Gobiernos disculpan es la prueba. Y si no, ya verán cómo ésta recién descubierta no da ni para un mal James Bond.

1 Comentario

  1. Imposible en efecto :ahora los espías de ambos países colaboran contra el actual mal supremo:Ben Laden y consort.
    Besos a todos.

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