Los datos que van conociéndose sobre los efectos de los ataques de los drones –aviones no tripulados– van siendo cada día más inquietantes. Tras el atentado del 11-S los estrategas andan enredados en un nuevo tipo de guerra, la guerra invisible, una contienda silenciosa que sólo en Pakistán ha causado ya unas tres mil muertes y en la península arábiga cerca de cuarenta desde finales de julio. Inútilmente la ONU ha exigido una encuesta a los países concernidos pero ni una sola voz ha respondido a su petición e incluso hay países, como Yemen, que han autorizado de manera expresa a los EEUU para llevar a cabo esas acciones que Obama ha definido como una guerra contra «presuntos terroristas y su organización» y algún especialista como un tipo de acción bélica en la que los resultados son patentes pero las víctimas permanecen invisibles. Los americanos, que son tan suyos tocante a la transparencia, debaten esta temporada si el uso de drones es legal y aportan a favor de la guerra invisible la autorización genérica que el Congreso dio a la CIA y al Pentágono para usar la fuerza militar contra el terrorismo en cualquier circunstancia, y en contra ciertos reparos leguleyos que poco han de poder contra una práctica de eficacia ya de sobra comprobada. ¡Se acabó el formalismo bélico, esa liturgia inmemorial que establecía las circunstancias bélicas desde un óptica y una estética variablemente caballeresca, para dar paso a un belicismo sin reglas capaz de crear zonas de terror permanentes pero también de obtener unos resultados espectaculares! En el siglo XXI las guerras han dejado definitivamente de ser torneos y los medios no necesitan ya de justificación alguna. Se ha dado una vuelta de tuerca al garrote vil de Maquiavelo y la verdad es que resulta difícil objetar esa práctica tan rentable para el agresor.

La nueva «guerra fría» va a alcanzar pronto su punto de ebullición si se confirma el anunciado aviso de la autoridad americana de una inminente campaña terrorista contra Occidente. Y sin duda, en esta ocasión, va a contar con el apoyo de una opinión pública desconcertada por la amenaza de un enemigo también invisible que, además, está ya dentro de casa, y que no podrá quejarse si esa hospitalidad se vuelve inquina y esa inquina se resuelve en represión. El terror no tiene derecho alguno. Lo malo que es que en esta nueva guerra muchos justos paguen por pecadores.

3 Comentarios

  1. En todas, toditas, todas las guerras miles, millones de justos pagan las culpas de los pecadores.

    Kerry da por seguro que se usaron armas químicas en la matanza del miércoles en Siria. ¿Responsable el régimen de Bashar el Asad? Ciertamente son las armas más odiosas del mundo contra las personas más vulnerables del mundo.

  2. De acuerdo con don Epi : a menudo los justos pagan por los pecadores.
    En cambio, esta matanza química les viene al pelo a todos para poder intervenir sin que la «opinión pública» condane la intervención , y , por lo tanto, me parece sospechosa.
    Besos a todos.

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