Durante la visita que Sarkozy ha girado a Turquía en su calidad de presidente del G20 el clima no ha sido bueno. Era lo normal, después de todo, habida cuenta de la postura francesa contraria a la incorporación de aquel país a la UE, pero el incidente que ha provocado mayor revuelo no ha sido el provocado por esta grave circunstancia diplomática, sino eso otro al que ha dado lugar la ocurrencia del visitante de bajarse del avión mascando chicle tal como, según los servicios turcos, habría hecho ya en Francia durante la visita del presidente turco Abdullah Gül, una actitud interpretada como vejatoria por la sensibilidad local hasta el punto de que el alcalde de Ankara no ha dudado en replicarle haciendo a su vez alarde masticador mientras lo recibía oficialmente. Hay significados independientes de sus significantes, dicho sea con perdón de Saussure, como ése que sugiere que masticar chicle en situaciones formales implica una actitud despectiva para los circunstantes y que un presidente se sabe, por supuesto, de memoria. Los americanos, inventores y beneficiarios de ese producto cuya industria factura más de 3.000 dólares anuales, consumen ellos solos una media de trescientos al año, incluso olvidados ya de la leyenda bélica difundida por los combatientes de que ese ejercicio de masticación ayuda a controlar la ansiedad y a combatir el estrés. El origen del chicle se hunde en la noche de los tiempos si hemos de creer a esos expertos que así lo teorizaron al descubrir en Suecia una resina de abedul masticada haría no menos de 9.000 años y que conservaba patente la huella de unos dientes primordiales, pero no consta que ni los griegos que mascaban la extraída del lentisco ni los aztecas que hacían lo propio con la savia del chicozapote asociaran a su gesto una intención despectiva. El símbolo es siempre una convención y no hay que darle más vueltas. Eso es lo que en este suceso le da la razón al alcalde de Ankara y dice muy poco a favor de Sarkozy.

 

No precisaba el gran mandatario de semejante ultraje para expresar su decisión de negar la entrada a Turquía en el menesteroso paraíso europeo, como Aznar no tenía necesidad alguna de poner los pies sobre la mesa del rancho o Yeltsin de tocarle el culo a la secretaria, pero esas son licencias áureas que con frecuencia se autoconceden los próceres cuando el poder los ciega y ya ni se reconocen ante el espejo de la madrastra, por más que esas licencias digan bien poco tanto de su imaginación como de su autoestima. La verdad es que toparse con los máximos responsable entretenidos en esos juegos infantiles resulta inaudito habida cuenta de cómo está el mapamundi.

7 Comentarios

  1. La caída de Sarko en popularidad tiene muhco que ver con su chulería. Y este gesto del chicle en Turquía lo retrata. No quiero no pensar la anécdota al revés: que un presidente turco hubiera afrentado a los franceses con una actitud dedeñosa como la del chicle. Y lo digo desde mi reticencia a la entrada de ese país en la UE por muchas razones.

  2. A mi no me parece tan grave lo del chicle de Sarkozy. Aunque admito que hubiera sido más discreto y diplomético anular esa visita como presidente del G20, ya que es peor hacer las cosas mal que dejarlas de hacer. Los turcos son lo que son, tampoco hay que engañarse. Que le pregunten a los kurdos.

  3. Entre falta total de educación y chulería anda la cosa. Que los Turcos sean lo que sea, es eso algo que no se hace. ¿Cómo voy luego a decirles a mis alumnos que mascar chicle en clase es una falta de educación? Con razón se reiránde mi. La próxima vez les animo a ser más educados que nuestro presidente.

  4. Y este Sarko, madame, es el mismo que quiere que los alumnos extremen su cortesía y se pongan en pie a la entrada del prof. Realmente inexplicable, al menos para mí.

  5. Muy suave me parece el comentario de hoy, por parte de jagm. Esa actitud es intolerable en un jefe de Estado de visita en otro país, pero también en cualquier circunstancia social. Al marido de la Bruni le sobra la prepotencia que, por cierto, le niega cada día más la opinió pública de su país.

  6. Seguro que no haría algo semejante en una visita a Estados Unidos o a China. Es deplorable ese gesto de chulería, y me alegra que la columna recuerde otros casos también absurdos o grotescos.

  7. La benevolencia de ja omite el desprecio a la bandera USA de nuestro ZP cuando ni soñaba ganar las elecciones, que bien caro nos costo.

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