En Calañas han hecho caso omiso de la prohibición de abrir las tumbas de la guerra civil. Setenta y dos años después, no antes, porque podrían haberlo hecho o, al menos, intentado, en todos estos decenios de democracia, pero no lo hicieron. Y Chaves le quita importancia diciendo que, al fin y al cabo, la paralización de los desenterramientos es provisional, pues espera a que haya sentencia sobre si Garzón es competente o no. Va a arder Troya, incluso dentro del PSOE, como siga adelante esta ordalía insensata, porque sería inevitable que se acabase descubriendo que la contribución a la represión de ambos bandos incluye a padres y abuelos de muchos mandatarios actuales. Una pena y un disparate, pero nada casual sino teledirigido por un Gobierno cuya intención no es otra que distraer al pueblo de los aterradores problemas reales. ¿Cuántos parados tiene el Andévalo, pongo por caso? Esa pregunta habría que hacérsela a los fosotes de Calañas.

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