Las Navidades parisinas se han visto conmocionadas por dos noticias gastronómicas ciertamente ingratas. Una de ellas no es nueva, pues desde hace unos años se trae y lleva en la capital francesa la polémica en torno a la iniciativa de cierta extrema derecha que se planta en estas fechas entrañables en la puerta de las estaciones y reparte entre los miserables que rondan por ellas la famosa “soupe au cochon”, esto es una sopa aderezada con tocino, se supone que con la aviesa intención de excluir del socorro a los necesitados judíos e islamistas a los que sus creencias les prohíben el consumo del cerdo. Hasta el Consejo de Estado ha debido intervenir para prohibir ese reparto argumentando que cualquier atentado a la dignidad humana constituye, de hecho, un desorden público, pero en el ínterin los extremistas se han lucido con la olla y el cucharón a las puertas abarrotadas de Montparnasse y Austerlitz. Por otro lado, una historia escalofriante ha venido a interrumpir la fiesta con la historia de un preso esquizofrénico, imprudentemente encerrado con otros compañeros en una misma celda, que ha confesado en Rouen haberse zampado el corazón palpitante de uno de ellos tras darle muerte a golpes. En un alarde muy francés de fariseísmo buenista ha sido la propia prefectura la encargada de aliviar el horror general, matizando que, según los resultados de la rigurosa autopsia llevada a cabo, el antropófago no habría pasado de comerse, tras un ligero cocinado en la misma celda, un trozo discreto de pulmón y una porción de músculo intercostal, menú, qué duda cabe, más que tranquilizador, al menos en términos simbólicos, si se le compara con el que incluía la pitanza del corazón. Son cosas que ocurren en los mejores países, fracasos inevitables de la normalidad si se quiere, pero ocurrencias capaces de cortarle la digestión al más pintado incluso en un país capaz de absolver en términos estéticos a aquella supina provocación de Marco Ferrari, disfrazada de crítica radical a la sociedad consumista, que fue “La grande bouffe”.

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Se reproduce inevitablemente en estas fechas, junto a la protesta frente al despilfarro, el chirriante espectáculo que supone la colosal exhibición de desperdicio en una sociedad que mantiene bajo los umbrales de la pobreza severa a una parte significativa de la población. Este año, sin ir más lejos, se repite la queja desde diversos ámbitos, pero hay en ella un dato que sobresale clamoroso sobre todos los comentarios, a saber, el hecho de que, en estas fechas, las exigencias del mercadeo habrían impuesto el desperdicio de ingentes cantidades de alimentos que algunas organizaciones cifran nada menos que en un cuarenta por ciento del total producido. De poco sirven las llamadas a la sostenibilidad y otras utopías, y de menos aún las conminaciones de orden moral o ético que poco pueden hacer ante la inercia impuesta por la irresistible lógica del mercado en una feria de las vanidades que pivota precisamente sobre el exceso y para la que cualquier iniciativa de austeridad resultaría necesariamente no sólo inviable sino contradictoria. Que se tiren cuatro naranjas de cada diez y se desechen cuatro besugos por decena es algo que ofende al más elemental sentido cívico o, simplemente, humano, aunque no cabe duda de que semejante alarde de insensatez no sería posible siquiera sin el concurso, activo o pasivo, de la inmensa mayoría que se pliega a la exigencia de una costumbre servida por este fabuloso montaje propagandístico. En lo que quizá no reparan bastante esos justos protestantes es en que el despilfarro viene a ser, desde hace mucho, un mero requisito del negocio estacional, curiosamente concebido como un primitivo ejercicio de ‘potlach’ en cuyo contexto la exhibición y el desperdicio mismos no serían sino su presupuesto. La sopa prohibida y el banquete caníbal están ahí para distraer la conciencia tal vez sobrepasada por su propia desmesura.

14 Comentarios

  1. ¿Cómo te enteras de lo que pasa aquí antes que nosotros? He seguido a medias el blog, pero no he entrado por dificultades técnicas. No te preocupes por lo del caníbal, en cualquier caso, y piénsate un viaje pronto porque acaban de abririse algunas muestras de las que te gustan tanto.
    Lo de la irrealidad –viaja obsesión tuya, nuestra– era estupendo. Me parece que s le escapó el fondo a la mayoría de los comentaristas.

  2. Que manía ha cogido conmigo el personal, joder,por qué se empeñan en hacerme mayor como ellos? No tengo obligación pero ahí va: me muevo en 2º de Facultad, en la Complu, en…, ya no les digo más. Una cosa: me hubiera gustado encontrar aquí un profe como este carroza dorada que manda en el blog. Esas cosas no se oyen ya en la universidad, donde estudia la gente pensando en el test de fin de curso.
    No sean desconfiados, colegas, que tampcoo nosotros sabemos si doña Epi es doña Epi y don Pangloss es don Pangloss…

  3. Tiene gracia acordarse de aquella gran pelóicula, que fue rechazada en Cannes por los bienpensantes por cierto, aunque luego tuviera tanto éxito, a propósito del caníbal. Más que un señor esté al tanto en Sevilla de lo que ocurre en las puertas de la estación de Montparnasse, aunque me parece que exagera al darla la importancia que no tiene a ese grupito de extrema derecha.

  4. Dos ejemplos estupendos, horror aparte, el de la “sopa boba” y encima maliciosa, malintencionada, discriminatoria, y el del pobre loco antropófago que se merienda al compañero de celda. Este ja tiene instinto básico para elegir clavos en que colgar su reflexión y gusto sobrado para hacer de esos horrores un estupendo cuento de Navidad.

  5. En España eso de usar el cerdo para descubrir al semita es tan viejo como el país mismo y mucho más que la Inquisición. Que por cierto, he escuchado en la tv al papa cuando era cardenal de Munich decir que el balance de la Inquis. fue bueno puesto que introdujo el juicio previo a la condena. Hay que tenerla dura para decir eso cuando lo que en realidad hizo el Santo Oficio fue introducir el juicio secreto. ¿No es peor eso que comerse al de al lado?

  6. No sé por qué persiguen en Francia a un canñobal loco cuando a un “emperador” caníbal se le ronden honores de Estado, al menos se le rendían en la época de Giscard.

  7. No dude de mi humilde personaje, don Zumbao, que bastante tengo con dudar yo mismo. El tema de hoy, estupoendo, brillante; los ejemplos, tremendos; la lógica, aplastante. También yo llevaré recortada la cilumna a mi clase, con permiso de mi creador.

  8. Aquí está el quid, mes amis, y me permito repetirlo, ya que no puedo subrayarlo: “…sin el concurso, activo o pasivo, de la inmensa mayoría que se pliega a la exigencia de una costumbre servida por este fabuloso montaje propagandístico…” Bien definida esa época recién dejada atrás que va de la comida prenavideña con la basca del trabajo, a los kilométricos roscones de Reyes. Si luego una servidora dice que el 31 cenó más o menos lo mismo que el 24, o el 12, o el 3, es decir mi frugal –por imperativo fisiológico- colación y que las uvas me dieron ya durmiendo, no faltará quien diga que la Epi es una snob, una pedante y una posturitas. Po fale.

    Lo del jalufo me parece hasta bien, mirusté por dónde. Si a buen hambre no hay pan duro, poca necesidad debe tener quien antepone sus vagas creencias (¿?) al reconfortante puchero calentito. ¿O es que la entelequia religiosa incluye la obligación del martirologio de las tripas?

    Mi doña Sicard: me puso usted esta mañana de mudable, incoherente y posiblemente hasta irracional. Pues no, mi alegato de antier iba por la escasa importancia que le damos a la actividad solar, a la que poco afectan nuestros humos y mis reparos de ayer a los videojuegos está basado en cierto conocimiento de causa. A mí también me encanta leerla, lo juro.

  9. Pero ¡qué horror! Ya sé que las cárceles francesas son terribles,me he leído el libro de la doctora que se atrevió en denunciar la situación pero no podía imaginar que en una carcel francesaun tío podía matar a otro y hacerle filetes. Esto no tiene nombre. No solo es la locura sino todo lo que supone de horror , de tiempo, de falta de vigilancia, de gritos que no se atienden. Prefiero no seguir pensando.
    En cuanto al despilfarro navideño, COMPLETAMENTE DE ACUERDO, aunque yo también haya incurrido en algún exceso. Y ello me pesa, de todo corazón…

    ¡Pero qué rico que estaba!

  10. 08:26
    Lo terrible de los dos noticias de hoy (ayer) no es que el loco se coma el corazón o el bofe sino que estuviera en situación de matar a su pobre compañero y también la sutileza de los cochons de la famosa “soupe au cochon”.

  11. Lo siento, mi don Elitróforo, pero las intoxicaciones matutinas me van fatal. Mejor mi música preferida que el loro. Agradezco no obstante la pista.

    La soupe au cochon no sería sino una más de las incongruencias de las llamdas religiones. Mientras que todas tienen en común -también la ética sin dios- lo de ‘no matarás’, ‘no robarás’ y minucias así, y se las pasan por donde usted y yo sabemos, luego le dan una importancia excesiva y exhibicionista al ayuno ramadánico o los ‘entrañables’ belenes y misas del gallo.

  12. Pingback: gameboys 2007

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