Para “memoria histórica” –ahora que la Junta va a imponerla, ¡como asignatura escolar!, a los andalucitos– la que en el futuro mirará a nuestro tiempo como a una era indiferente ante la tragedia masiva que sufren los inmigrantes africanos ahogados antes de llegar a nuestras playas. Hablamos ya de miles, más de mil trescientos en este primer semestre, y menos mal que el salvamento marítimo rescata en última instancia, un día sí y otro también, a otros cientos o miles. Antier mismo, una vez más, otro medio centenar de náufragos ahogados frente a Almería. Y Europa fumándose un puro en su Parlamento vacío, mientras España cumple su compromiso de acogida con cuentagotas. El cataclismo demográfico de la nueva inmigración no es sólo un problema que abre una nueva época. Es también, y sobre todo, un crimen.

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