Cada paso que se da en la instrucción del lío de Marbella pinta peor para la Junta. Mala cosa ha sido el endoso por parte de Roca de la responsabilidad que le correspondía a una Administración autónoma dueña de todas las competencias urbanísticas, peor si cabe el descubrimiento de la mediación del exconsejero Montaner –mucho después de dejar de serlo—con lo peor del gilismo y en el momento más sospechoso. Lo único que alivia la presión sobre Chaves, creciente cada hora que pasa es la estudiada, consentida y alentada comedia rosa que distraer a la opinión pública con los chismes de esas comadres y esos largones friquis que están prestando al poder un servicio impagable. Quizá cuando amaine la cháchara se entrevea mejor el decisivo fondo político de un saqueo inconcebible sin connivencias o, cuando menos, sin deliberados disimulos. Probablemente Chaves no esperaba el sesgo que está tomando el mayor escándalo de la democracia. Y más probable todavía que sea consciente en este momento de donde puede romper esta marea si las evidencias siguen como van. 

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