Son muchos los datos que apuntan a que tal vez el peligro de extinción de las especies –sin duda cierto en principio—no es tan grave como lo pintan. Ahí tienen al zoo de Córdoba ofreciendo intercambio de los linces que le sobran como consecuencia de la proliferación de los suyos que, en este momento, parece ser que no les caben ya en las jaulas. ¿Cómo es posible –se preguntará un lego—que resulte tan fácil reproducir a esa especia famosa por los cuidados y presupuestos que ha logrado concitar? Por ahí corre el rumor, de procedencia ecologista por si fuera poco, que el actual sistema de protección animal, concretamente el que beneficia al lince de Doñana, no es más que un despilfarro inútil explicable sólo por ciertas tramas de intereses que convergen en el negocio y una experta en la materia acaba de sostener en una universidad de verano andaluza que destinar fondos a pocas especies que, además, se encuentran críticamente amenazadas no es más que “tirar el dinero, puesto que esos recursos se podrían dedicar a otras especies con menor índice de amenaza, posibilitando abarcar una mayor variedad de especies”. No se entiende nada. En Provenza, hace unos días solamente, los ganaderos han clamado al cielo tras las hazañas de un lobo feroz que habría liquidado de una sentada a ochenta ovejas, una escena más que conocida en España donde se han hecho tantas campañas de protección del lobo como maniobras de descaste. El ministro francés de Ecología, Jean-Louis Borloo, ha llamado a una movilización general que consiga diezmar la inmensa piara de jabalíes que la protección ha acabado por provocar, dado que el número de cochinos aumenta anualmente el doble de los cazados por los monteros: han pasado en poco tiempo de temer la crisis del jabalí a asustarse por ese medio millón de ejemplares que aumenta cada año las reservas. Es posible que al animalismo le falten algunas mareas pero, en todo caso, la Madre Naturaleza parece que se las sabe todas.

Todo indica que seguiremos, no obstante, dispensando el mismo trato de privilegio a esas tareas conservacionistas que dividen a los propios expertos en bandos irreconciliables y que no dejan de provocar cierta perplejidad entre los ciudadanos que advierten cómo la noticia del atropello del lince recibe en los medios, por lo general, una atención notablemente superior a la que recibiría el de un peatón. Y mientras, los linces multiplicándose en camadas ante las que el zoo no da abasto, o el hermano lobo creciendo sobre las previsiones, como dicen que está ocurriendo también con el oso nórdico en algunas regiones. Aquí hacemos siembras de conejos o construimos pasos subterráneos para el lince ibérico mientras no sabemos que hacer durante años con manadas de chabolistas sin techo. Algo no encaja, evidentemente, en este humanismo animalista cuando estas cosas ocurren y ni siquiera llaman la atención.

13 Comentarios

  1. Recibo a porta gayola el artículo para decir que el tema de los “nuevos conservadores” se trató de forma magistral en la obra teatral “La Cena” de Boadella, que recomiendo a todos los presentes. Aunque después de escuchar las cintas de los antiguos gerentes de mercasevilla hablando del dinero desviado a cuenta de tapaderas humanitarias (habla de ayuda a los niños saharauis) me lo creo todo.

    http://www.diariodesevilla.es/article/ocio/121878/boadella/quotel/medio/ambiente/es/negociazoquot.html

  2. Uno lo traga ya todo, pero se resiste a aceotar que se gasta en linces lo que no se gasta en las personas. He leído un par de cr´tiicas tremendas de ecologistas –cuñas de la misma madera– a sus colgas en nómina, proque dicen que se tira, eefctivamente, el dinero en programas ilusorios y ruinosos que, según nellos, lo que son, en realidad, son grandes negocios. Ahí lo dejo.Pero ¿me van a decir que no hay dinero para vacunar contra la pandemia mienstras se gasta en criar conejos o hacer puentes parta los linces y quebrantahuesos?

  3. Muy cerquita del paraíso de los linces, en Mazagón, malviven bajo mínimos una manada de trescientos chabolistas subsaharianos.

    No tiene importancia real la desaparición de una especie que ha perdido su sitio en el planeta, como el oso panda, el lobo o el quebrantahuesos. Lo malo es que esos sitios, casi siempre se los hemos quitado nosotros. Lo peor es que estamos eliminando nuestro propio sitio.

  4. Los antiguos reyes tenían en los guardabosques astutos confidentes que los ponían en la huella de un macho de doce puntas o alcahuetes que jamás rompían la omertá de las juergas orgiásticas de esos barbones, tan ligeros de bragueta. O desbragados como la puttana, ma pia. Hoy los guardabosques se han convertido en esos pieles rojas de pacotilla, capaces de permanecer inmóviles mientras contemplan el apareamiento de los lagartos ocelados, llamados ecologistas.

    Si antes fueron cazaderos reales, hoy los llaman parques naturales o similares. Los señoritos que los disfrutan son los mismos garzones o bermejos, señores de pernada laurisilvática bajo la impunidad del poder. Han reconvertido a aquellos anacoretas masturbadores en retropijos vestidos de coronel tapioca. Encima les hacen creer que están salvando a la naturaleza. Pero no nos engañemos. Los señoritos que disparan las escopetas nacionales son siempre los mismos y los Pacoelbajo también. Solo que los de ahora son más cursis.

    Firmo con las dos manos las últimas frases de la columna y con tres, si las tuviera, el crudo comentario de mi querido don Elitróforo. No se nos venda tan caro, porfa.

  5. Me van a perdonar pero lo que yo no entiendo es por qué hablan de especies en extinción si luego esos bichos se reproducen tanto que los zoos tienen que ofrecerlos al cambio. En cuanto a lo de la prioridad que se da a la zoologia no humana, de acuerdo con todo lo dicho. No olvidemos que siemrpe existió un cierto “humanismo animalista” (la expresión es de nuestro querido casero) que da viandas a sus perrillos pero cierra la puerta a los necesitados bípedos.

  6. Me gusta el equilibrio con que en esta columna se le exige al movimineto eco en general que no prescinda nunca del sentido común. Demasiadas veces, por desgracia, escuchamos exigencias no poco injustificadas y hasta bobas por parte de sectores fundamentalistas, pero ello no puede llevarnos a desconfiar –como no lleva a jagm– del movimiento en su conjunto como los malos pasos dados por más de una y más de tres ONGs no deben hacernos desconfiar de ellas como si fueran un todo. El eologismo ha hehco cosas muy importantes. Quizá este aspecto del animalismo a ultranza no sea su mejor cara.

  7. Hoy me tiene de bis, don Yamayor, pero es que muchos días no tengo nada que añadir.

    Siempre se habla del lince, del lobo y a veces del oso pardo, que son animales sin posibilidades en nuestro entorno, pero hay muchas más especies que van desapareciendo poco a poco sin que nadie las eche de menos.
    Nuestro cangrejo de río y la perdiz autóctona ya han pasado a la historia y muchos más que se van sin dejar huella. Hoy no se encuentra una sanguijuela (acuática) ni para un remedio.
    ¿Quién de Vds. ha oído a los grillos este verano? Yo, este año he oído a un grillo una sola vez y una sola noche.

  8. Don Griyo ¿qué me cuenta? ¿Qué se acabaron las perdices en España! Qué tragedia!
    Besos a todos.

  9. Un poco información nole vendría mal a alguno. Perdices, la perdiz roja, que es la nuestra, hay, aunque cada día más disputada, pero hay. No sabe don Griyo cuántos miles se han matado este año, sin ir más lejos.

  10. No, doña Sicard, hay perdices griegas todas las que se quiera pero…
    No, don Jaulero, nuestros cazadores, entre los cuales no me cuento, están matando perdices griegas porque se crían mejor en las granjas (están matando aves de corral) y las supervivientes les han quitado el sitio a la perdiz roja salvaje que es la nuestra.

  11. Los animales que hacen las leyes a su antojo esos si que tenian que estar en las jaulas, aqui se hace o desace al son de los intereses del que mejor baila

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