No hace falta que se estropicien el magín leyendo el nuevo Estatuto entero. Échenle una mirada sólo al preámbulo y verán qué escandalosa vulgaridad, cuánto tópico, qué ruina sintáctica, que léxico impropio. ¿De dónde habrán sacado a ese escriba las izquierdas que fingen cifrar en el Estatuto sus esperanzas de progreso para Andalucía? ¿No habrá nadie en la región capaz de pergeñar cuatro folios decentes o será que nadie capaz querría hacerse cargo de semejante embolado? Léanlo, aunque sea por encima, de verdad, no se pierdan esa exhibición de mediocridad, ese centón de tópicos, aprovechen la ocasión para vacunarse contra la idiocia protegida tras la que se blindan esos revolucionarios de la Nada? Pero, insisto, no se metan en política; quédense sólo en el juicio formal. El resto –que apenas dos de cada cien andaluces están interesados en el negocio, que han cambiado un Estatuto de todos por otro que no llega al cuarto y mitad, que esa letra menuda es pura ojana—ya se encargará la práctica de mostrarlo.

13 Comentarios

  1. Yo he leído ese preámbulo y es verdad que es de traca. Una vergëunza. Como profesor en ejercicio, que llava años tratando de enseñar a sus alumnos el deber de expresarse con propiedad y sin trampas, me avergüenzo de ese engendro. Claro está que tratándose de una mala copia de un original, el catalán, que es ya famoso por su impropiedad, no iba a salirles el Quijote. Una vergüenza que no nos merecemos.

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