El viernes por la tarde Iberia retrasó su vuelo procedente de Barcelona y el invitado de las “Charlas en El Mundo”, el diputado catalán Albert Rivera no pudo llegar a la casa Colón –en la que anunciaba un discurso sobre la realidad de los partidos y el papel de los ciudadanos en la política– hasta las diez y media de la noche. Bueno, pues allí se quedó un salón lleno de onubenses, a pie firme, aguantando esas dos horas con tal de escuchar cosas que, a juzgar por el entusiasmo manifestado, no los defraudó cino todo lo contrario. Tan cansada, tan harta está la gente de la partitocracia, del rifirrafe insustancial, de la camelística sistemática, que es capaz de esperar dos horas a un conferenciante. ¿Se imaginan lo que probablemente hubiera ocurrido en un mitin de partido fuera de los obligados por la nómina? Decididamente, los partidos tienen un problema de credibilidad y respeto que ellos se han buscado –cierto que unos más que otros– a pulso y sin atenuantes. 

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