El millonario yanqui encaprichado con la Presidencia, Donald Trump, ha encontrado una auténtica ganga en la controversia sobre la nación de Obama. De poco ha servido que, alarmado por el volumen del rumor, el propio Obama haya decidido publicar el documento que acredita su nacimiento en territorio americano, condición imprescindible para presidir el país, pues Trump y los famosos “birthers” insisten en su tesis incluso ante la evidencia documental, frente a  una opinión en la que las encuestas han descubierto que apenas un 30 por ciento de los republicanos y un 53 de los independientes creen la versión avalada por el documento publicado. Desde el lado de Obama se sostiene que el asunto no pasa de ser una teoría de la conspiración más, paralela a ésas otras incombustibles que imputan a la mano negra del Poder la catástrofe del 11-S o las que insisten en que ese Poder oculta a sabiendas a los ciudadanos la realidad extraterrestre, pero tampoco faltan quienes vean en la ofensiva republicana un trasfondo racista que tiene que ver más con la raza del primer mandatario que con su significado político: nunca se cuestionaría el lugar de nacimiento del Presidente en caso de ser blanco. No se sabe qué más puede hacer un hombre para demostrar su nación, una vez exhibido literalmente su certificado de nacimiento y, por supuesto, sin que nadie haya podido sugerir siquiera una tesis concreta en contra de la prueba registral. Trump mira alrededor complacido y deja hacer a esos fanáticos, porque muy probablemente al fanatismo antes que a nada haya que endosar la causa de este emperre tan poco sensato que autoriza a pensar que, en el fondo, funciona más como resultado de una auténtica implicación emocional que como efecto de un convencimiento de razón. La obsesión de acabar como sea con ese “jefe negro de la Casa Blanca” mueve como autómatas a esos sectarios para los que las pruebas documentales poco significan. La conspiración y el complot encuentran indefectiblemente nuevas vías cada vez que se le cierran otras.

Obama parece haber dado por cerrado el debate con la publicación del documento, e insiste en que la absurda gravedad del caso no estriba tanto en que se dude de él mismo como en que se desvíe la atención ciudadana de los graves y costosos problemas –la crisis o las guerras exteriores– que tiene planteada hoy día la nación americana. Pero la ganga de Trump sigue ahí, levantando nuevos perfiles a la sospecha, insistente en su necedad, empestillada en la simple sombra de la duda incluso después de la prueba. Trump el blanco sabe lo que hace, después de todo. El negro Obama sabe que, lamentablemente, le corresponde el peso de la prueba.

7 Comentarios

  1. A pesar de todo sigo creyendo que el 11-M lo hizo eta, como dijo Acebes.Es el mismo caso del certificado de nacimiento de Obama.

  2. Un tío que tiene un rascacielos en la Quinta Avenida es muy peligroso peor no tanto como para convertir ne verosímil la patraña de esa partida de nacimiento en la que cree doña María del Mar. Interesante la visión del tema desde el ángula racista. A Obama no le perdonarán nunca su color mucha gente en un país que hasta hace tres días prohibió viajar en el miemos bus a blancos y negros, y que ha mantenido sus capirotes y sus cruces quemadas contra viento y marea.

  3. No entiendo bien a doña María del mar (Qué nombre mas precioso!)

    Hay gente que porfía en cosas la mar de peregrinas: conocí a un viejete que “demostró” que a Juana de Arcos nadie la había quemado, que se casó y tuvo una retahila de hijos. Y hay por ahí una obra de un autor inglés que “demuestra” que Napoleón Bonaparte nunca existió….
    Lo de Obama es peor porque es evidente que de ser blanco la polémica se habría acabado con su elección.
    Besos a todos.

  4. En mi opinión, los republicanos, a pesar de lo que dice hpy la propaganda, no se han recupareado del golpe que supuso la elecciuón de Oabam, sí, en efecto, de UN NEGRO como presidente. La reacción en USA está muy ogada al racismo, loc ual no deja de ser raro en un país que cuenta con una mezcolanza tan enorme de razas y culturas. Lo del certificado es incluso gracioso. No creo que nunca un gobernante haya debido someterse a una humillación mayor.

  5. Es verdad que a Trump se la han puesto como a Fernando VII, pero hay que ver qué indignidad seguir por ese camino. Una democracia tan acreditada como aquella no debería consentir espectáculos como el que acaban de forzar a ofrecer a Obama.

  6. ¿No les parece que ha pasado algo fantástico para Obama? Verán como en una buena temporada nadie le tose al negro ni siquiera desde el tea party.

  7. Habrá que ver, habrá que ver, ¿no les parece que falta algo en esa hazaña bélica? Habrá que ver.

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