Lo que está sucediendo en Mali pone en evidencia el hecho de que la guerra moderna ha de adaptarse a ese nuevo enemigo, por cierto, tan antiguo: el enemigo invisible. Todo un despliegue militar de última generación se ha encontrado sobre el desierto pero sin enemigo al que someter, cosa que debieron pensar antes los generales franceses para los que la guerra de guerrillas no es nueva. Se toman ciudades –como, por otra parte, estaba previsto–, se vacía el territorio pero el enemigo invisible sigue por ahí, en alguna parte, dispuesto a jugar al ratón y al gato lo mismo que jugó con César en las Galias o con Napoleón en España, oculto tras esa “frontera muerta” que concibió el gran Dino Buzzati en su maravillosa novela “El desierto de los tártaros”. ¿O es que creen que los terroristas son tontos y van a formar en orden cerrado para que de un solo pepinazo los diezmen y con otro los rematen? Sigo sosteniendo que en Mali era urgente una acción por parte de las potencias europeas y que la soledad de Francia no hace sino declarar la incapacidad política de la Unión Europea, que ni siquiera es capaz de diseñar una política exterior común frente a un peligro incontestable que a todos amenaza. Pero también creo que no hay que ser estratega diplomado para entender que, tal como le ha pasado a los aliados de Afganistán, una contienda clásica contra un enemigo invisible no deja de ser una aventura sin sentido. Y por eso me resulta tan desconcertante el desconcierto que manifiesta la prensa europea ante el hecho, perfectamente previsible, de que el despliegue convencional en Mali no logrará gran cosa, dado que todo terrorista tiene su Pakistán. Lo que Buzzati describía era un “limes”, una frontera teórica, acaso imaginaria, en la que los tártaros correspondientes consiguen mantener en armas a un enemigo superior año tras año sin aparecer nunca, una “frontera muerta”, incluso imaginaria, que sólo existe para los Estados Mayores. Hay muchas formas de perder una guerra y la mejor de todas es no poderla ganar.

 

Quizá ese mismo hecho pueda servir para pararse a considerar que el freno de una amenaza como la yihadista no está en manos de un ejército convencional, entre otras cosas, porque puede convertir Mali en un nuevo Afganistán y, si me apuran, en un nuevo Vietnam. Es poco lo que puede hacer la lógica, incluso la marcial, contra la astuta audacia de una guerrilla. Ahí tienen a ese ejército europeo desconcertado ante un campo de batalla por completo vacío.

3 Comentarios

  1. Es de agradecer que alguien valore como se es debido la importancia de la intervención en Mali, que no es la cosa de los franceses sino de todo el mundo occidental. Lo que sería muy malo es que Mali acabara como Vietnam, de verdad, sr. gm, cree usted en esa posibilidad?

  2. Se agradece ya la mención de la obra de Buzzati, que otras veces ha salido por aquí a relucir, y creo que en esta ocasión con muy buen motivo. Confieso que sé poco de esa nueva guerra pero el hecho de que los “invasores”se hayan encontrado “sin enemigo” hace recordar la aventura de aquel gran autor.

  3. Por una vez estoy de acuerdo Y con mi gobierno Y con don José António. No pensaba que eso pudiera ocurrir.
    Esto del vacio en el cual se avanzan las tropas y terminan “perdiéndose” es lo que le pasó a Hitler en Russia, con la agravante del invierno siberiano…
    Sin embargo creo que aquíes diferente y que, aunque la desaparición del enemigo desconcierte, la verdad es que se han reconquistado ciudades enteras. Lo importante ahora es poder conservarlas.
    Un besos a todos.

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