Quiero creer que no es verdad que el “tránsfuga institucional” que es Serrato no dejó de acudir en Gibraleón a su nominación como nuevo candidato del PSOE por “no darle una foto al mundo” sino por un resto de vergüenza y decoro que es hasta probable que le quede tras su antidemocrática movida. Comenzar otra aventura política dándole a la prensa con la puerta en las narices es una barbaridad y un atentado a la costumbre democrática que, insisto, quiero creer que se debe a que a Serrato le aún alguna vergüenza aparecer en público y posar de traidor. No es necesaria esa foto, sin embargo, para ilustrar un golpe municipal que se ilustra solo y, ciertamente, serán los vecinos de Gibraleón quienes decidan si arrebatarle el poder  a los elegidos por el pueblo es motivo de repudio o no importa demasiado. Porque quien ha quedado por los suelos no es sólo Serrato –un mandado, al fin y al cabo—sino, a estas alturas, el mismísimo Chaves que es quien, a la vista está, respalda e incluso propicia el transfuguismo cada vez que se tercia.

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