El primer temporal en condiciones que azota a Andalucía en todo el periodo democrático ha dejado una cosa lamentablemente clara: el escaso control o el descontrol absoluto de un urbanismo que permite construir sin trabas de ninguna clase en zonas inundables. Años de abandono y permisividad han permitido que infinidad de viviendas y locales hayan sido plantados al alcance del agua, lo mismo en pleno predio ribereño que en espacios tan comprometidos como los antiguos cauces. No es sólo el agua torrencial la que causa estas tragedias, sino la incapacidad de unas Administraciones burocratizadas que ahora deberían responde de los daños y consecuencias.

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