Una de estas frías noches pasadas tropecé con un grupo de amigos que trasportaban trabajosamente toda la logística necesaria para atender a los necesitados que duermen al raso. Iban de calle en calle, siguiendo un plano alzado a golpe de vista, tras el rastro de esa pandilla escurridiza y no pocas veces hostil que come de lo que rebusca y duerme donde le pilla, protegidos (¡) por cartones inservibles y al socaire del portalón apartado o acaso, –tal vez por subrayar la inmensa paradoja de esta vida—, al amparo de algún cajero bancario, y casi siempre con el tetrabrik a mano. Sólo un puñado de compasivos para toda una ciudad de varios cientos de miles de vecinos, una compañía de esforzados dedicada a llevar un poco de calor a los definitivamente abandonados, a los que nada tienen en medio del festejo, a los tristes (la indiferencia puede ser una forma suprema de tristeza) que nada esperan ya de nadie y que deben vivir una existencia meramente biológica, vagando alrededor de la horda pero sin la menor esperanza de reintegrarse a ella. La miseria habitual, incluso la extrema, ha acabado por ser asimilada por el Sistema (el Poder niega la estadística como si con ello consiguiera algo más que su propia indignidad), pero en medio de la fiesta universal contrasta con una luz negra que nubla toda posibilidad de ocultarla. El mito de la Sagrada Familia, espejo de indigentes y aldabón de la Providencia, se representa cada año en nuestras calles interpretado por esos “sin techo” que son rechazados por la tribu entregada a su “potlach” particular.
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Las cifras del negocio navideño son, en cambio, espectaculares, y aún deben de serlo mayores si tenemos en cuenta la tradicional discreción de los negociantes la hablar de sus beneficios. En la prensa europea se celebra este año el éxito de una campaña casi sin precedentes dinamizada por la irrefrenable carrera consumista de una muchedumbre solitaria que, según algunos cerebros, gasta mucho más de lo que puede en un alarde de derroche que quizá no tenga precedentes en nuestra historia. Y eso que en varios países está en curso el habitual debate sobre la pobreza y, en especial, sobre la situación de una legión creciente de “sin techo”, que en Francia, por ejemplo, ha forzado al Gobierno a plantear el problema en términos alarmantes ante la evidencia de que el abandono avanza de modo y manera que va engullendo, junto a la pobrea de solemnidad, a descolgados de las clases medias urbanas (los “smicards”, nuestros “mileuristas”, que en ese país han  aumentado en más de tres millones en dos años) ), cada día más presentes en la estadística real. Desde siempre la miseria ha jugado en Navidad su papel literario como ocasión de lucimiento del protagonista (habría que decir del antagonista o, cuando menos, del deuteragonista) que aparece en el momento justo en el lugar adecuado para realizar el milagro –anónimo, ‘of course’—que supone siempre el roce del ala de un ángel. Hay también, sin embargo, gentes de bien, tropa compasiva, grupos herederos de todas las caridades de la civilización, que son muchas, que se patean la ciudad congelada para llevar a los desdichados un sorbo caliente, un suculento mendrugo o la ironía, ¡dulce ironía!, de un puñado de mazapanes. No sabemos, claro está, cual es el balance real de los grandes vendedores; conocemos tan sólo la realidad que, vaga y fugazmente, nos ofrece la imagen del vencido que se acurruca en el umbral bajo su manta y sus cartones, olvidado de los otros y puede que de sí mismo, en esa trémula nebulosa que es la perspectiva de la derrota. Ni siquiera son piedra de escándalo, insisto, porque esa estampa ha sido metabolizada en el prodigioso laboratorio psíquico de la ‘falsa conciencia’. “¡A ver cómo le dices a éste ‘Feliz Año Nuevo’!”, ironiza uno de esos samaritanos. A ver, le respondo, sin saber qué responder.

12 Comentarios

  1. Realmente, jefe, hoy se queda el tema al margen, qué se le va a hacer, porque lo de Barajas puede traer cola. Yo casi estoy esperando ya que mañana nos cuente usted qué opina, aunque seguro que la soga de Sadam también le preocupa…

  2. Una lástima si es como dice mi antecesor, porque el tema de la misericordia en esta sociedad de locos es bien importante y no se espera, además, verlo tratado desde esa izquierda que nunca quiso saber nada de estas “caridades burguesas”. GM sabe muy bien que se puede decir misa y repicar.

  3. Este hombre nunca cayó en la trampa dialéctica de la izquierdona (es broma) consistente en despreciar la caridad. Él sabe que un pan no arregla el hambre del mundo pero se la quita a un hombre. Y me conmueve ver que queda gente sensible, como ésa que reparte ayuda a los sin techo, o como estos que lo elogian con rigor moral. No voy a decirles nada de ja que ustedes no sepan.

  4. Ya está hecho lo de Sadam. ¿Cuando era bueno, cuando luchaba contra Irán a favor del imperialismo, o cuando se volvió –dicen– hacia el Islam? Yo lo que sé es que he visto esas imágenes de la soga en el pescuezo y se me ha encogido el estómago.
    Un musulmán español

  5. Joé, Morito, yo me creía que ustedes tenían el estómago hecho a estas cosas. ¿Se acuerda de las cabezas cortadas ante la cámara de televisión? ¿O de las mujeres lapidadas por adúlteras? Venga ya, tío, tírate el rollo en otro púrpito.

  6. Día aciago y complejo: Sadam ahorcado y la tregua rota, ¿hay quien dé más? MI creador tenía sus ideas sobre la caridad, como saben, pero yo creo que a don gm no le encajan bien. Ser sensible a lo que ocurre a tu alrededor, en concreto, no en estadísticas y demás, es lo que cuenta. Y lo que escasea. Lo malo es que hoy el horno no está para bollos, don Anfi. Mañana será otro día… para hablar de ETA, seguramente, y de los accidentes mortales” de ZP.

  7. GRan conmoción en USA, en radios y TVs, en periódicos, ediciones especiales, gente en la calle. Mucho me temo que esta barbaridad sea el comienzo de un conflicto mucho mayor.

  8. Conozco a esas gentes que reparten un poco de calor y comida a los más desgraciados, he trabajado con ellos. Por eso le agradezco la estampa navideña. Gracias.

  9. Por pura casualidad, me he enterado esta mañana temprano de la muerte, digo del asesinato de Sadam.Y unos minutos más tarde de la bomba de Barrajas. He querido tener más noticias frescas y he entrado a ABC en línea. Las noticias pocas, pero de paso me ha leido el artículo de Juan Manuel de Prada y me ha parecido exacto,y muy bien escrito. Espero no molestar a nadie con esto último.
    Con la columna de nuestro anfitrión los tres temas hablan de nuestro egoismo, de nuestra indiferencia y falta de compasión, del odio que engendra al odio, y no hablemos ya de magnanimidad, de generosidad, de inteligencia, de lucidez. No tengo tele, escucho poco las noticias de la radio, pero me pregunto si no voy a terminar vetándolas de puro asco, aburrimiento, astío.¿Es qué los hombres no son capaces de otra cosa ? ¿O para cuándo un periodico o un noticiero que , en vez de recoger todas las catastrofes y las crueldades del mundo, nos hable de los actos de generosidad, de perdón, de amor, de compasión? Estoy segura que también los hay, y quizás esas “antinoticias” dieran buenas ideas a los locos, los aburridos, y los sin imaginación. Ave.

  10. Bien merece la pena el tema del artículo, pues lo otro era algo que se sabía el qué y el cómo. Sólo faltaba el cuándo y ya lo sabemos. A los boinas cuadradas ni una palabra más. No las merecen. Si acaso a místerBean/Zp, que ayer se salía de la camisa sacando pecho y profetizando bendiciones de la serpiente, habría que recomendarle otro manual de adivinaciones. Nos ha jodío Noé con el chubasco.

    Una servidora, en su dura travesía por el reseco desierto de la ausencia de fe, no tiene sino que coincidir con mi don Páter en la admiración y el respeto por quienes practican -gente de distintas edades por cierto- ese samaritanismo callado de cada noche, arrimando el calor de la sonrisa y la palabra junto con el caldito o el colacao a los clochards de nuestras ciudades.

    Mi falta de fe me lleva incluso a no creer en tanta organizacioncita.puntocom que dice que va a llevar pozos o escuelitas a países lejanos. Una servidora, como las marquesonas de antaño tiene su pobre de cabecera, un desgraciado esquizofrénico que únicamente lo ingresan cuando comete alguna barrabasada muy de tarde en tarde. Mientras tanto arrastra su desgracia y su locura entre gente que piensa que se lo pasa bien. Sé que el eurillo que me saca casi a diario -hasta tuve que darle su paga extra de navidad- se lo gasta en ducados y otros vicios. Sólo me queda el consuelo de que no desperdicia las pocas palabras que intento decirle con agrado. Tal vez es una impudicia lo que acabo de escribir, pero ustedes saben que la Epi no es un dechado de discreción precisamente. Ni de modestia.

    Ah, y no olviden beber vinitos que hablen español, o al menos no les den un duro a ganar a quienes desprecian nuestro idioma, el que hablamos casi quinientos millones de seres humanos. Hagan la prueba: en vez de taponazo, dénle un beso restallante a quien les pille más cerca y luego liben con algún licorcito español que case con su mazapán mejor que el brebaje ese que chamulla en polaco.

  11. 15:44
    Poco o nada que añadir a lo ya dicho por ja, nuestro amable capellán y otros blogueros más.
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    Enfrascado en mis pequeñas rutinas he tenido que enterarme por doña Sicard, allá en La France, de que una bomba ha estallado a seis kms. de mi casa.

    Desde luego hay que agradecer a la ETA que la media docena de accidentes que ha producido hayan sido leves y no trágicos. Yo por mi parte le agradezco además que el paquete de accidentes no lo haya puesto seis Kms. más acá.
    Ya hemos aprendido que los asesinos pueden ser buenos o malos y es para todos una suerte que los asesinos, hoy, hayan escogido el camino de la bondad. Gracias, muchas gracias.

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