Un amigo del blog, J.R, Terrades, me recuerda el caso de un médico francés al que la Justicia, que es ciega, acabó considerando impostor al descubrir la policía que, en realidad, el hombre no era un simple charlatán sino un médico facultativo titulado por una universidad eminente. El doctor curandero, o viceversa, alegó en su defensa que él no hacía daño a nadie aplicando su leal saber y entender disfrazado como más pluguiera a su clientela, y que como curandero, en una palabra, ganaba mucho más dinero que como galeno titulado, o sea, que a ver. El viejo tema del curanderismo –sobre el que un gran médico, José María Osuna, escribió tan precioso opúsculo—está ahí desde el origen de la medicina oficial, quizá porque, en mi opinión al menos, lo que ocurre es que las lindes entre el saber propiamente científico y el arte de la experiencia las lindes han sido siempre borrosas, y me jugaría una mano a que siguen siéndolo. Lean a Dioscórides, si quieren, el sabio médico de Nerón que lo curaba todo con mercurio al tiempo que  iba reuniendo su famosísima “Materia Médica”, ese monumento a la praxis farmacológica que don Andrés Laguna, el médico del Emperador, comentó tan sabiamente pero, ay, con tantas concesiones a las viejas y entonces inevitables supersticiones ya en plena Modernidad. Yo que sé, tomen el caso de Paracelso, que pasa en la imaginación cultural por un monstruo de la naturaleza cuando lo probable es que ese genio soberbio que hizo quemar las obras de Galeno y Avicena, no pasara de charlatán ignaro y sacaperras andariego. Si los alquimistas ronearon con el “oro potable” que todo lo sanaba, no fueron pocos los médicos oficiales que le acompañaron en la ilusión o en el camelo de los “remedios universales”, incluyendo al mentado Paracelso cuya “panacea” o “elixir de la vida” no evitó su temprana muerte. Hay quien dice que la curación no está tanto (o sólo) en la mano del sanador sino en el coco del paciente. También dicen otras cosas sobre los médicos, pero ésas me las callo.
                                                                xxxxx
En una velada porteña en casa de Cipe Lincovski, me contaron la historia de un médico tronado de apellido Martínez que había decidido actuar de ayudante de un curandero ganancioso, al que amparaba de las policías con su título y al que daba asilo su consulta. La fama del curador tiene extrañas raíces, sobre eso no hay duda, y si no a ver cómo me explican el auténtico milagro que supone el éxito que durante siglos tuvo entre millones de criaturas la llamada “piedra de Butler” o el “alkaest” de Helmoncio. El padre Feijóo nos cuenta en sus “Cartas eruditas y curiosas” el caso de un médico sevillano, el Dr. Vázquez Cortés, que lo trataba todo a base de agua haciendo trasegar a sus pacientes –que esos pobres sí que lo eran por derecho propio—no sé cuántos galones de aquella linfa que Velázquez pintó con mano maestra fluyendo desde la talla de “El aguador” al vaso transparente y que se conserva en el museo de Wellington. Feijóo, ni que decir tiene, pensaba que todo ese montaje era camelo puro y atribuía sus eventuales beneficios “al propio beneficio de la Naturaleza” y no al arte ni al remedio. Pero el pueblo soberano consagra otro rumbo y ahí tienen a la grey apretujada a las puertas de Paco Porras o de cualquier santón con cuajo suficiente para embaucar a un doliente y sacarle los cuartos. Y la verdad es que uno lee hoy las cosas que escribía el maese Arnaldo (huy, perdón, quería decir Arnau) de Vilanova, pongo por caso, o escucha atentamente su salmodia salernitana y llega a la conclusión de que el médico de hoy sería un curandero de mañana. Hay sistemas públicos de salud, por otra parte, que contratan médicos por horas, incluso en servicios de urgencia. Ya me dirán qué puede tener de extraño que cualquier día veamos de nuevo en los periódicos noticias como la que me envía mi querido corresponsal o la que yo mismo escuché en una inolvidable tenida porteña.

27 Comentarios

  1. Ayer no pude saludarle (y saludarles), lo hago hoy, encantado con esta ingeniosa y culta columna que dice mucho sobre lo que los médicos no querrían), bueno, no querríamos, escuchar porque las verdades escuecen. Gana más el curandero que el médico. ¡Pues claro! Quizá nos lo hemos ganado a pulso, pero también se tarta de que ellos son la última esperanza, sobre todo para los ingorantes, que son muchos, más de los que podemos creen en principio.

  2. Yo creo que hay mucho de curandería en los médicos, sr. gm. y eso esplicaría –no la ignorancia solamente– la desconfianza ante estos y la confianza depositada en los otros. Piénselo. Puede haber algo de eso.
    Bienvenido, me olvidaba.

  3. Elijo el pasaje en que jagm subraya que la Modernidad (valdría decir cualquier tiempo hasta hoy) no difiere esencialmente de la actitud antigua. El gesto mag´nífico y estúpidod e Paracelso hubiera tenido sentido si el tuviera algo mejor que añadir al saber médico de lo acumulado por Avicena y Galeno.

  4. Más de una vez oí la ¿leyenda urbana o simple historieta? del celador de hospital que hacía largas sustituciones a un médico general de entonces, aunque lo de general equivalía más bien al galoncillo de simple cabo. El hombre se ponía su bata y en la famosa hora y media despachaba a sus 120 ‘números’, ojo, pongo ‘números’. El 97 por ciento del busilis era renovar los cartoncillos que traía el aún no conocido como usuario y extender las recetas con sello y garabato. O bien, sin levantar la cabeza, preguntar lo de ‘¿qué le pasa?’. Si le dolía el hombro se le enviaba con el famoso pé-diez al traumatólogo, si el oído al otorrino y si era mujer con las doenças propias de su sexo, que dicen los hermanos portugueses, al ginecólogo. El 3% restante, tal vez presentaba alguna dificultad pero para eso estaba el Vademécum en la esquina de la mesa, donde en sus páginas amarillas, que aún se conservan, daba una tira de específicos para según qué síntomas.

    Luego vino lo de los centros de salud, los médicos empezaban a ser ‘o llamarse’ de familia, se le invitaba a sentarse al paciente –huy, perdón, al usuario- y juro por Hipócrates que conozco a quien pasó cinco horas largas y hasta alguna más algún día, intentando hacer medicina de proximidad: historia clínica, exploración e intento de diagnóstico y tratamiento adecuado. Alguien me contó que se formó algarada alguna vez porque no todo el mundo estaba dispuesto a hacer una espera de esas horas, pero luego, cuando se sentaban ante el galeno, olvidaban toda prisa y no se levantaban ni con agua caliente. Alguien muy próximo a una servidora llevaba su termo para el cafelito de media mañana porque si tras tres horas de paño de lágrimas, se le ocurría cruzar la calle para tomarlo en diez minutos y disponerse a otras tantas horas de currelo, algún alma impía soltaba aquello de ‘mírala, llevo aquí dos horas esperando y ahora se va a tomar café, tan tranquila’.

    Hoy, veinte años después, aún los médicos, esos que firman contratos por horas, han tenido que montar la ‘Plataforma 10 minutos’ porque el mundo da muchas vueltas y los profetas de antaño son hoy pequeños sátrapas, hundidos los pies en mullidas moquetas de lana virgen que se miran en sus hermosas mesas relucientes y consultan el reloj para comprobar el tiempo que tarda aún el chófer de su audi para llevarlos al club donde hacen su poquito de gimnasia, se regodean después en el yacuzzi saboreando un bourbon exclusivo y conciertan citas con otros personajes tan interesantes y magníficos como ellos. La vida.

    Aún quedan hoy por fortuna médicos humanistas, aquellos que definen su oficio como ‘la ciencia y el arte de curar los males susceptibles de ello, aliviar el sufrimiento de los que no lo tienen y ayudar y dar apoyo a los que caminan los últimos pasos por este valle de lágrimas’. (Vaya folio que se nos ha tirado hoy la Epi).

    (A mi don/doña Mijitas: Que los nicks los carga el Maligno, miamol. Ponga el suyo entre comillas en el Gúguel y sorpréndase –o no- de sus posibilidades. Lo de ‘matacina’ se lo contesto con sinónimos: pejiguera, pesadez, cansancio, repetición ‘mu cansina’ y agoniosa. No es huelvana la expresión, sino más bien hurdana. Lo de los mitrofanes se sustancia con la biografía reciente de Juanito Mataosos. Lo de sentar el culillo, pues verá. Una servidora es aficionada al volante, estreno jubileo, me quedan no muchos años de vida y he hecho y pienso seguir haciendo miles y miles de kilómetros mientras el cuerpo –y la libretilla de ahorro- aguanten. Aunque lo de este año reconozco que ha sido ya el desideratum. He recorrido la Pieldetoro, Iberia sin frontera, en plan trincarro, que sí es expresión huelvana, pues así le dicen en mi pueblo al dibujo del tres en raya).

  5. ¡Anda, Mijitas, bájate y ve a por el cubo! ¡Qué repaso le ha dado en un momento la doctora al celador! Vamos, es que caso de que no sea doctora los saser4s de este mundo están perdiendo el tiempo.

  6. Deliciosa, como siempre, mi señora Epi, con birrete o ´rodete, que a mí me da igual, en esa deliciosa pintura

  7. Deliciosa, como siempre, mi señora Epi, con birrete o ´rodete, que a mí me da igual, en esa deliciosa pintura

  8. Deliciosa, como siempre, mi señora Epi, con birrete o ´rodete, que a mí me da igual, en esa deliciosa pintura que un día será puro costumbrismo. Zumbao va dao, con perdón del mini-ripio.
    La columna sensacional porque defiende con entereza lo que siempre defendió el autor, desde que lo conozco y sigo, que va para mucho: la barbarie que supone la pena de muerte. Pero, además, porque se define frente a las posturas facilonas como que, en ocasiones, como la que acaba de acontecer a doña Esperanza la presidenta, suele ser tiro por culata para sus malos escopeteros. Hay que defender la dignidad del Hombre sin zarandajas, en toda ocasión, con expresa renuncia a las excepciones, y la pena de muerte o la negativa a la prestación de auxilio conciernen de plano a esa dignidad. Gracias, don josian, por vestir por los pies y hablar claro y alto. No es fácil, lo sé, mantenerse en pìe en una barquichuela tan combatida como esta nave los locos que nos lleva río abajo.

  9. Adhesión total. Y una nota: ¿se han fijado que con Sadam no cuenta la compasión y menos el derecho de las ONGs? ¿A que no organiza recogida informática de firmas Amnesty International para qu eindulten a Sadn y lo metan en una cárcel hasta que se pudra? El Jefe tiene eso en cuenta cuando reclama el derecho de TODOS y no sólo de los que decidamos cada un de nosotros en cada instante. Gracias, Jefe, y bienhallado.

  10. Por tí no pasa el tiempo, amigo. Nos rejuveneces a los demás. Claro que tendrás que aceptar que referirte como quien no

  11. Por tí no pasa el tiempo, amigo. Nos rejuveneces a los demás. Claro que tendrás que aceptar que referirte como quien no

  12. Por tí no pasa el tiempo, amigo. Nos rejuveneces a los demás. Claro que tendrás que aceptar que referirte como quien no

  13. (Perdón por el corte)
    referirte como quien nno quiere la cosa al «Alkaest» de Helmoncio o la «piedra de Butler», a Paracelso o a Dioscórides (a quien tanto te gustó siempre leer: ¡lo leía en el Robledo, el Campamento de miloicias La Granja, que ya es decir: doy fe) le habrás levantado el pelo en la nuca a más de uno. Cuidado con el saber, mi viejo, que ofende al cuitado y al ignaro. Por lo demás, imagínate la alegría con que han leído mi copia esta mediodía en el boulevard la panda que admiratas que vas teniendo ya aquí.

  14. Perdoname el corte, no fui yo, creeme.

    decía que esa escena en la que yo no hubiera cabido, me entristeció pensando qué hará mi Incorruptible con la burguesía porteña, de qué hablarán, qué caras no podrán esos carcamales (¿no usás ya esa expresión?) cuando éste se revire y les de un zapatazo en toda la panza fascista. No lo digo por la Cipe, que dentro de lo que cabe es legal, pero esa gente de Buenos Aires baila al son que le tocan y vos lo sabés bien. De todas maneras, lo mío sonj celos, ¿se nota?, y mis celos nada cuentan ante una evocación como esa que, en dos palabras, nos ha puesto por delante el cuadro de mi país.

  15. Por qué no cambia de operadora, señor, al menos que no le multipliquen los mensaje de esa forma tan molesta para el lector.

  16. Seguimos en el frío, en la Fiesta de colores, en el espectáculo de la insensatez de ven en cuando interrumpido por el telediario inclemente. La muerte de Sadam ha caído como agua de mayo sobre esta nieve de invierno, el espíritu americano se ha sentido vangado al fin y sólo un puñado de conciencias se preguntan por consecuencias morales y bélicas. Excelente comentario, valiente, honrado, contracorriente. Si lo cogen aquí, en este paraíso imaginario de la democracia tocquevilliana, lo brean a usted. En una universidad por ejemplo. El día en que se propague la noticia de la ejecución habrá guegos artificiales y hay que ser comprensivos, por una vez, con un pueblo que es un poco un niño grande y que vivió lo que vivió aquel día horroroso.

  17. Iba por otro lado, pero el comentario de nuestro «amigo americano» me desvía. Sí, es lógica la reacción masiva, lo que tiene lógica es la incapacidad yanqui para no ver la viga en su ojo (perdone que le miente la bicha, don ja) mientras se ceba el la paja del ajeno. En cuanto a jagm, no m,e sorprende nada su entereza. Le llevo contados al menos siete alegatos contra la pena de muerte en los últimos tiempos. Y noten que entre la mayoría de columnistas, tertulianos y tras gentes de mal o buen vivir el silencio se podía cortar con un cuchillo. jagm no hurta el cuerpo al toro. Me gusta este tío escribiendo por eso, aparte del lujazo que supone tener cada mañana su cultura dispensada sin la menor pretensión ni regateo.

  18. A nosotras nos divide el tema. Por un lado coincidimos con lo fundamental del art. de gm. Por otro recordamos la cara malvada de ese genocida, un personaje atroz, y nos tienta la venganza. Poruqe jagm lo dice muy bien: tanto la soga de sadám como la medicina regateada ideológicamente al enfermo Castro, son pura venganza. No sé cómo quedaremos ni por dónde se romperán nuestras conciencias. Estas cosas nos ocurren por leer a quien en el fondo es un moralista de aquí te espero.

  19. Le he leído a Antonio Burgos que GM es un «radical de izquierda». a Medida que lo leo me convenzo más que es un puritano de progresía, uno de esos raros espísitus que se salvó de aquella quema generacional.

  20. Espero, ilustre Heródoto, que ese degradao término, que ja rechazaba incluso entonces, no vaya sino con intención benigna. Sobre la coilumna parece que queda poco por decir, estando todos de acuerdo. Yo resalto una vez más la capacidad para llevar al lector a la Cultura sin detrimento del interés. Sólo Manolo Vázquez Montalbán y jagm mantuveron siempre esa audacia. Ahora que Triunfo está en la Red puede comprobarlo quien quiera.

  21. 22:45
    Ja nos hace hoy una breve y culta reseña de la historia del efecto placebo que durante tantos siglos ha sostenido el crédito de una profesión que no tenía ni puñetera idea de como curar a un enfermo. El efecto placebo, que está reconocido universalmente y medido científicamente, y las defensas que nos prodiga la Madre Naturaleza han permitido que durante toda la historia de la Humanidad los médicos hayan sido respetados.

    Ya el código Hammurabi recogía penas para los médicos equivalentes al daño que hubieran sufrido sus pacientes. Leyes que, como tantas actuales, nunca se cumplieron porque los babilonios se habrían quedado sin un solo médico con lo que su esperanza de vida habría aumentado mucho más de lo que hubieran podido imaginar.

    “Paracelso cuya “panacea” o “elixir de la vida” no evitó su temprana muerte.” Nos dice ja. Probablemente murió víctima de su remedio favorito, el mercurio.
    +++++++++++++++++++++

    ¿De dónde ha salido la polémica sobre la condena de Sadam?

  22. Pingback: xxx galleries

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.