Desde la investidura de Griñán, al menos, viene pregonándose que, en Andalucía, la enseñanza no es un propósito sino una prioridad. Quiérese decir que los dineros públicos deberían ir antes que a nada a esas aulas que, según los más prestigiosos informes internacionales, ahora abarrota –por lo general sin aire acondicionado— la “peña” más atrasada de Europa. Y sin embargo, fíjense que curiosidad, en los últimos siete años el presupuesto dedicado por la Junta a Educación no sólo no ha crecido sino que ha menguado: desde el 21’75 del Presupuesto al 21’09. No me dirán que el hecho no es cosa rara. Aunque también es verdad que considerando el nivel académico de muchos de nuestros barandas –¡y no me hagan decir nombres!–, esa desatención se explica divinamente.

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