Me ha parecido escuchar por la tele que actualmente acaban separándose en España cuatro de cada cinco matrimonios. Debe de tratarse de un error, digo yo, porque lo que hasta hace nada y menos se sostenía en las informaciones estadísticas más o menos rigurosas era que el fracaso alcanzaba a uno de cada dos, si bien es cierto que tras la entrada en vigor de la ley del “divorcio-exprés” la tasa de divorcios se triplicó como el que no quiere la cosa. De todas maneras la cuestión es inquietante se mire por donde se mire, por ejemplo, si nos enteramos de que en Madrid se casa tanta gente como se divorcia, algo que se ilustra mucho mejor diciendo que, en realidad, se produce un divorcio cada 27 segundos, lo que viene a representar 91.000 en el decenio. Hay hasta quien asegura que hoy día se producen más rupturas que bodas y no falta quien achaque el suceso a las facilidades que ofrece la normativa vigente y, en particular, a lo barato que resulta dar ese paso una vez simplificado el proceso como lo ha sido. Claro que el fenómeno no es un hecho español ni internacional, sino una consecuencia del tremendo impacto de las nuevas circunstancias personales de los cónyuges sobre el concepto tradicional de la sagrada familia, aunque ya no vale atribuir a los EEUU el origen de esa moda –como hacía la generación de nuestros padres— puesto que en aquel gigante la media (uno de cada dos) no se diferencia de las observables, no sólo aquí, sino en otros países europeos, incluyendo alguno tan inesperado, por su tradición ultracatólica, como Irlanda, donde el despegue económico sensacional de los últimos tiempos ha dinamitado la vieja estructura familiar. Hasta circula por ahí un cierto cabalismo que cifra en siete años el promedio de duración de las uniones matrimoniales, destruyendo la célebre hipótesis de Taine de que el matrimonio consistiría en estudiarse mutuamente tres semanas, amarse tres meses, disputar tres años y tolerarse treinta. Hoy no se sostendrían en pie más que dos de esas tres propuestas.

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Es posible que el progreso de esta nueva forma de convivencia no tenga remedio en las actuales circunstancias. Al incremento exponencial de las uniones prematrimoniales (¡en Irlanda, más que en ninguna parte!) habrá que añadir razones ideológicas de gran peso que juegan en esta ‘desregulación’ generalizada un papel tan importante como el nuevo concepto de los roles respectivos, la misma aceptación social creciente en todas partes y quizá, en última instancia, cierto relativismo, como suele decirse últimamente, que ha logrado despojar a la inmemorial institución  de su aura resistente. Hay países donde se teme que la eclosión de la familia monoparental tenga que ver y mucho con la protección social, y perspectivas, más o menos fundamentalistas, que ven en la relajación de la disciplina clásica (la de Taine) un efecto secundario de la secularización de las sociedades. Hoy es ya inabarcable la sociología de la familia, que en mis tiempos universitarios, no tan lejanos, cabían en unos discretos anaqueles de la librería, pero de ella hay que descontar, como es natural, la copiosa literatura apologética, confesional o como queramos calificarla, con más base en el miedo ideológico que en la apreciación objetiva de los cambios sociales irreversibles que estamos y hemos de seguir viviendo. Los efectos sobre la prole, la distorsión sobre la economía, el impacto sobre la política social y, de modo muy especial, sobre las previsiones de la de vivienda, sin contar otros eventuales desórdenes morales derivados de ciertos abusos, están ahí para avisarnos –me temo que inútilmente—de la trascendencia social de este fenómeno al que Engels, en su famosa obra, no consiguió más que añadirle unos dudosos puntos suspensivos. Tolstoï sostuvo en la “Sonata a Kreutzer” que el matrimonio de de su tiempo se basaba en el supremo egoísmo. Sería curioso asomarlo a este guiñol en derribo.

13 Comentarios

  1. Gracias a don Genaro Chic por su distincción entre cariño y piedad.

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    La familia en crisis dice don José António. Hace ya largos años que está en crisis, pero , la verdad , es que de ser ciertos las cifras de los divorcios españoles que da, ustedes se pasan.¡Más divorcios que bodas! ¡¡ncreíble!

    Como docente es algo que me llama mucho la atención y que me ha permito darme cuenta de la importancia de la estabilidad del matrimonio , no ya para la pareja sino para la prole. Todos hemos podido observar que entre los niños inestables, egoístas, respondones, violentos y maleducados pululan los hijos de divorciados, de familias monoprentales.Durante siglos el matrimonio ha teneido un único objetivo: formar una familia, entrar en una familia para hacer frente a las dificultades de la vida y poder sacar adelante a la prole. El matrimonio era un contrato social, moral, económico que ataba a dos seres pero también a dos familias porque ésa era la única garantía contra los golpes del destino.
    Hoy tenemos los seguros y el estado. Personalmente conozco a una o dos señoras que no divorcian porque si lo hicieran se quedarían sin techo, sin trabajo y sin hijos: trabajan con el marido, dependen de él completamente. Hay otras, que tienen mucho dinero, y que prefieren llevar su vida por su lado , como lo hacen sus cónyugues porque si divorciasen disfrutarían de menos dinero y tendrían una baja e
    de status. También conozco a una niña de 16 años que decidió quedarse con su bébé, después de larga reflexión y de enterarse de la generosidad del estado con ella y el recién nacido.

    Creo que se aproximan tiempos muy duros, tan duros que descubriremos de nuevo lo que es pertenecer a un clan, a una familia que, en los momentos duros te acompaña, aunque también, en otros momentos te pese y hasta te oprima. En realidad, el matrimonio de amor , como lo vivimos hoy es muy reciente y me pregunto cuantos son los verdaderamente desinteresados. A Mme de Sevillé , que amaba a su esposo, la miraban como una mujer extraña, un bicho raro.

    Dicho todo esto, nadie me negará lo bonito que es tener un amor único, y de cuando en cuando mirarle a la cara y sonreirle porque ambos, a pesar de todas las dificultades, han conseguido avanzar juntos.

    UN BESO A TODOS.

  2. Hay un aspecto no mencionado porque cae fuera de todas las estadísticas (fiables, si es que alguna lo es). Se trata de las parejas estables no prematrimoniales, sino paramatrimoniales. Esto es, las que tienen menos papeles que una liebre.

    Tengo dos buenas amigas jóvenes. Ente los veinticinco y los treinta. Sensatas, formales y ponderadas. Con pareja estable y asentada. Que ganan entre ambos lo suficiente para pagar su alquiler, vestir, alguna fiestecita e ir al súper, pero no para soportar la faramalla o farfolla, que suena más erótico, de montar un piso con sus archiperres y gastarse la millonada que hoy supone una boda. Más viajes caribeños y tornaboda.

    Su unión, una de ellas al menos, ha más que superado con creces los dos primeros tramos de Taine y tal como están, dicen, viven felices como dos lombrices. No sé si la llegada, deseada o de penalti, de un rorro cambiaría el statu quo, pero me salen un par de conclusiones.

    A. Que hay situaciones, y diría que muchas, que escapan al ojo del gran Hermano. Dios bendiga cada rincón de ese nicho.

    B. Que esas uniones o contratos, basados en el apretón de manos como in illo tempore entre gente de ley -aunque creo que en este caso los apretones van por donde van- son tan duraderas, casi seguro que más, como la de los chaqués, los velos de pureza, je, je, y los puñados de arroz.

    Besos para todos. (Para mi doña Sicard, uno más largo y más casto).

    Padre Cura, en esta casa y en este corazoncito mío en particular, se le quiere y se le echa en falta. Cuídese mucho y mejórese pronto. Y en cuanto salga de los alifafes actuales, vacúnese de la gripe. Consejo extensible a los demás parroquianos de esta noble taberna de secano, pues el jodío virus viene este año, dicen, con las del beri.

  3. Ah, se me olvidó apuntarlo en el segundo párrafo anterior. La abuela de una de mis amigas, con noventa y tantos, le dice de vez en cuando a la nieta: ‘Fulanita, hija, a ver cuándo dejas de vivir en pecado. Aunque Dios, en su misericordia, perdona con largueza los pecados cometidos por amor’. Ni quito ni pongo coma.

    Más besos.

  4. Dramática situación, sin duda, otras veces abordada por ja, que muestra que vivimos en crisis no sólo económica, lo que no pretende en absoluto significar cristiana: hay muchas maneras de ser felices y desgraciados.
    Las cifras son inauditas y las consecuyencias lo serán aún más, aunque no estopy seguro, querida madame Marthe, de lo que dice de los hijos de padres separados…

  5. Dios mío mi Dª Epivuestra ¿Existe Vd. en realidad? Dígame la verdad por fa. A veces creo que no es más que un agradable espejismo virtual que nos proporciona el pérfido Sistema, Matrix, Gran Hermano o Madre que lo parió, para hacernos el día a día más soportable con sus comments. No sólo se puede vivir de la manera que cuenta con el amor sincero, la responsabilidad, la amistad, el respeto y hasta el regusto por las imperfecciones propias y de la otra/otro, y muchos más ingredientes que me dejo en el tintero; sino que se puede tener un proyecto de futuro con prole incluida sin el menor problema. Eso sí, a los censores de siempre le entra la amarilla cada vez que se les plantea y es que la envidia es pero que muuuú mala. ¡Qué se jdn los estiraos, malages, intoleretas, hipócritas estreñíos y demás ralea que cual perros de hortelano quieren amargarle la vida a los demás!.
    Siempre suyo, por los forever de los forever.
    (Dª Marta, el otro día dijo que si la baja asistencia casinera se podía deber a sus comments. Por lo que a mí respecta ya se lo dije una vez, este Casino sin su presencia sería una Casa de lo más desencantada, por lo menos para mí. Siempre a sus pies.)

  6. Que me haya ignorado hoy, padre Cura, es para mí una medalla, que me cuelgo. Como aún voy con top veraniego he clavado el imperdible directamente sobre la piel, con lo cual se ha adornado con una leve gota de sangre. Dolorida pero orgullosa. Su Dios -Aquel cuyos ministros llevan siglos y siglos más pendientes de las ingles que de los corazones y cerebros de sus creyentes- le bendiga.

    Al Capitán del alegre bergantín: nuestro humor/amor no es de este mundo. Quiero decir de esta taberna de secano donde parece que se prefiere rezar cinco paternoster, cincuenta avemarías -aunque se esté pensando en las musarañas- y cincuenta gloriapatri, a degustar el vino sencillo y alegre del año. Coincido con vuecencia en que doña Marta es la perla más sencilla, y por ello más valiosa, en este revoltijo de de piedras, donde me cabe el honor de ser la más basta y fea.

  7. La veneración que le profeso es de lo más sincera, pero no sea tan cortés conmigo mi Doña, que luego me cogen manía. Ni se imagina de lo que me han llegado a acusar por esos foros, digo mares, de Dios. A mí que soy el hazmerreír de mi tripu por lo blandengue.

  8. Creo que “lo de los hijos de divorciados” es verdad en la medida en que le separación pueda afectar emocionalmente y medre los recursos de la familia,…como cualquier otro golpe del destino (muerte o invalidez del padre o de la madre, pérdida de empleo, negocios fallidos y un largo etcétera)Y a menudo es lo que pasa.
    Mis más profundos y sinceros respetos Señor Cura.

  9. MENOS MAL QUE YO NO ESTOY AUN EN ESOS CUATRO DE CADA CINCO, TODAVIA AGUANTO ESTOICAMENTE APOYANDO LA TESIS DE QUE TENEMOS VIVINEDAS PARA TODOS. UN SALUDO DON JOSE ANTONIO

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