No me ha extrañado tropezarme en la prensa sudamericana, en especial en la argentina, con un cambio de opinión sobre el régimen Chávez una vez que el autócrata ha ganado las elecciones. Más sorprendente me parece el viraje de la opinión en no pocos medios europeos, que han saludado el triunfo del otrora llamado “Gorila Rojo” esforzándose por explicar su mantenimiento en el Poder como el efecto benéfico que su “régimen” ha producido en los sectores marginados de la sociedad venezolana, beneficiados por ayudas y subsidios. Por su parte Chávez ha inaugurado el nuevo sexenato saludando a Irán y alineando su estrategia con China y con Rusia, es decir, invocando el fantasma de la vieja bipolaridad en plena crisis del modelo democrático al que la crisis económica ha puesto en la picota. Lo más divertido de este asunto triste ha sido el elogio que desde Cuba, el periódico de la dictadura castrista, “Granma”, ha hecho de la dudosa democracia del antiguo golpista, porque ver a los Castro saludar un triunfo en las urnas no deja de ser, más que paradójico, desternillante. En Francia o en Italia se preguntan igualmente qué será eso que sostiene en el Poder al populismo de Chávez, esa caricatura de sí mismo que no se explica más que por la ignorancia electoral o por el interesado atractivo de un “régimen” ajeno a toda convención política regular. En uno de esos medios me doy de bruces con el argumento de que, como ocurriera con la trágica experiencia del nazismo inicial o con el proteccionismo laboral de la dictadura franquista, no hay que desdeñar nunca el efecto de la demagogia populista, venga ésta de la izquierda o de la derecha. No sería yo quien me jugara la democracia española de los casi seis millones de parados frente aquel modelo nacional-sindicalista que, por otra parte, se ve reproducido en iniciativas como la política de “concertación” que ha reinventado el verticalismo desde la izquierda.

Chávez ha demediado el país y se dispone a hacer de Ariadna él mismo en el laberinto populista y populachero en el que desempeña también el papel del Minotauro. Y de paso ha provocado una implosión ética que ve en el populismo más grosero una solución al conflicto social, aunque sea arriesgando el futuro del continente y quién sabe si el mismísimo equilibrio mundial. Está en juego la propia entidad de la “sociedad abierta”. Si hay algo evidente es que la crisis no tiene mejor aliado que la demagogia.

5 Comentarios

  1. ¡¡¡Castroelogiando una democracia!!! Lo que me quedaba por ver. Mas ése es el sistema: haz lo que yo digo no lo que yo hago. Entre un cura réprobo y un estalinista hay poca diferencia en este punto.

  2. Dios los cría… En Sudamérica crece un cáncer sin que los potencias hagan algo por remediarlo. Tampoco lo hacen en Siria o en Marruecos que deja ahogarse a los “pateristas”.

  3. Si el otoño de Patriarca ya era malo es fácil imaginar su invierno. La columna expresa muy bien la inevitabilidad de la apropiación por el líder de la imagen completa de la nación y el drama de su sucesión.

  4. Sin despreciar a nadie, echo de menos hoy la gracia acerada de don EPI, las carucias siempre benevolentes de nuestra madame Marta y tantos juicios como podrían haber comentado este interesante tema de la aporía de las dictaduras. Hay que comprender que este mundo nos deja cada día menos tiempo libre.

  5. No sé si conocen ustedes la película “La ola”, versión de una anterior de los años 60, donde un profesor hace un experimento social con sus alumnos. “Autocracia” es el nombre del proyecto que mostrará a estos adolescentes la génesis de una dictadura.

    Dejo el enlace, por si es de su interés.

    http://www.youtube.com/watch?v=G-bJ-zpBXLc

    Sdos.

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