La BBC ha venido insistiendo una larga temporada en las causas y efectos de la discriminación que sufren los ciudadanos (británicos, “of course”) un poco desde todos los ángulos posibles. Hay gente discriminada por razones raciales o simplemente por sospecha de enfermedad contagiosa, la hay por motivos laborales o por origen geográfico, pero también por causas tan irracionales como el defecto físico o, incluso, el rasgo infrecuente. En un estremecedor informe da cuenta la cadena de la historia de una familia de Newcastle, los Chapman, obligada a mudar de domicilio en tres ocasiones como consecuencia de la auténtica persecución que sufrían sus hijos en el ámbito escolar por el simple hecho de ser pelirrojos, acoso que llegó a provocar el intento de suicidio de uno de ellos a los once años de edad. Otro caso notorio en este sentido es el de un joven apuñalado por la espalda condenado exclusivamente, al parecer, por el color de su pelo. Es verdad que la inquina al pelirrojo es tan antigua como el pensamiento mítico, del que emerge pronto la idea de que el rutilismo, que es como ahora se denomina ese fenómeno, está conectado sutilmente con lo diabólico hasta el punto de que la “marca de Caín” se ha identificado en numerosas ocasiones con él. Adán también habría sido pelirrojo, como atestigua el propio Miguel Ángel en alguna obra, pero en su caso, como en el de Salomón o Esaú, en el color del pelo no se ve el estigma que ladinamente se insinúa al atribuírselo –sin el menor fundamento, claro está– pongamos por caso, a la sufrida Magdalena. Parece que en el proceso que hubo de soportar el sabio Arias Montano a propósito de su traducción de la Políglota, el fanático León de Castro osó referirse a la rubicundez del maestro como supina sugerencia de judaísmo recordándole que, como el encausado, Judas fue, supuestamente, pelirrojo, a lo que Arias, poco amigo de jesuitas y dominicos, respondió abruptamente: “Pues no olvide vuesa Paternidad que Judas era de la compañía de Jesús”. Algún romanista (quizá Foustel de Coulanges, pero no tengo el texto a mano) habla de la superstición romana que atribuía mala suerte al color rojo del pelo, lo contrario, por cierto, de lo que ocurría en Egipto, donde ese fenotipo fue considerado como signo divino. La nómina de celebridades pelirrojas es enorme. Una vez más se prueba que lo que puede ser motivo de admiración por arriba es por abajo causa de rechazo.

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Le sigo el rastro al tema y compruebo que también en otras latitudes, desde Argentina a Grecia, el color rojo del cabello ha sido causa frecuente de afrentas y persecuciones. Un reciente ‘bestseller’ ha contribuido, por su parte, a actualizar el debate al lanzar la hipótesis de que el hombre neardenthal tal vez fuera pelirrojo lo que sugeriría la posibilidad de que los actuales fuéramos herederos de aquella raza extinta a través de algún gen recesivo que perviviría agazapado en nuestras dotaciones genéticas. Pero volviendo al chico de los Chapman, hay que insistir en el fracaso de un sistema de socialización que hasta ahora se ha mostrado incapaz de proteger a las minorías y, muy en especial, a los miembros disímiles de la mayoría dominante en el conjunto.  Y en el recuerdo de aquella novela eximia que fue “Poil de carotte” (piel de zanahoria) en que Jules Renard supo simbolizar en un pelirrojo desdichado (él mismo, como sabemos) las tristezas y desventuras de un niño solitario y acosado que acaba plantándose ante la vida con furia tan llamativa como comprensible. Esta sociedad hace dinero explotando la imagen rojiza de Nicole Kidman mientras tortura muchachos en el aula o en el patio del recreo sólo por el color de su pelo. Lo mismo ocurría, después de todo, en la Inglaterra que se teñía de caoba como la reina Isabel en los palacios pero seguía viendo a Judas en los ‘rufos’ del común. Son duros los símbolos. Los maestros no deberían perder de vista esa estremecedora realidad.

21 Comentarios

  1. Tarde llega le texto, pero enjundioso y simpático, como de costumbre. Y culto, que buena falta hace la Cultura en esta prensa obsesionada con los Rubalcaba y los Acebes. El tema es interesante, como todos los que tienen proyección mítica, en manos de jagm, y debe de resultar especialmente grato para los afectados, que son legión. Compañero de pelirroja, confieso que me ha tocado en aspectos muy úntimos.

  2. ¿De dónde se saca que Miguel Ángel concibió a Adán pelirrojo? ¿Se trata de un camelo colado de matute por el Gran Culto o tiene fundamento real?

  3. Lo tiene, desconfiado Martinete, no tiene más que buscar en cualquier libro de arte las obras representando la Creación de aquel monstruo. Hay una de ellas, que yo recuerde ahora, en que se ve a Eva dialogando con Dios Padre y a Adán en un relativo segundo plano: el pelo es incuestionablemente rojo, “rufo” como dice ja.

  4. Siempre sentí predilección institiva por Esaú el Rojo, como víctima de un engaño que míticamente se explica pero que al sentido común y al propio sentido de la Justicia le cuesta entender. Lo de Salomón también está bien traído (me ha extrañado que ja olvide a David) pero lo que me ha puesto la piel restrospectiva de gallina ha sido el recuerdo de “Poil de carotte”…, con quien tantas veces nos identificamos tantos niños.

  5. Puedo saber de dónde saca la anécdota de Aruias Montano que no es la primera vez que cuenta el sr. gomez marin en su columna? Me gustaría mucho, porque yo no la encuentro entre los varios libros que tengo sobre el personaje.

  6. Tiempo callada, pero atenta, que conste.
    Me gusta el tema, divertido (tengo una hermana pelirroja, maravillosa y nada acomplejada) y del que gm sabe extraer interesantes consecuencias. Esa referencia al sistema educativo (él dice socializador) me ha parecido importante pues lleva el tema al plano general de las “diferencias” objeto de sanción (amistosa o lo contrario) en la voda corriente, pero en especial en el patio del colegio.

  7. Yo también recuerdo ese cuadro de Miguel Ángel al que se refieren ja y Bártolo, pero me quedo hoy con el bonito tratamiento del tema en la columna. Don josian, ha venido usted muy suelto de Venecia, a Dios gracias, y no me extraña porque a usted siempre se la han dado bien las ciudades levíticas…

  8. La historia de la familia de Newcastle es terrible, y agradezco a gm que la airee, que siempre es bueno para concierciar a la gente del daño que los niños, mal educados por los mayores, pueden causar a otros. Hay daños que la sociedad estima con especial benevolencia a pesar de ser tan profundas sus consecuencias. Ayer hablaba jagm de las sospechosas “secuelas” de los “abusados” por los curas americanos a los que les van a pagar un millón de euros para que olviden. ¿Cánto habría que pagarlea a muchas personas heridas de por vida por castigos como los que describe la columna?

  9. Hubo un tiempo en que fueron considerados “marcados” por los inquisidores. Me ha extralado que gm lo olvide. Comprendo que en una columna no cabe todo.

  10. Bonita la demostración de cómo el rasgo físico pasa a ser concebido como símbolo y socialmente sancionado como tal, para bien o para mal. Lo interesante de estas cosas (y creo que gm las trae a colaicón por esa misma razón) es comprobar que hechos que tuvieron un origen en las creencias de los antiguos mantienen íntegra su eficaia de modo que un niño pelirrojo puede ser empujado hasta el borde del suicidio por el cvolor de su pelo, a pesar de que los verdugos no tienen ni idea de lo que están haciendo y sus viejas razones. Estas son las columnas que más nos divierten. (Que tengamos un ahijado pelirrojo, al que queremos entrañablemente, no añade nada, al menos de manera consciente a esta nota que hoy hemos querido firmas los dos).

  11. Mi hermana tuvo un novio colorao, está mal que le diéramo la vara ?? Hoy es amigo mío, y nadie se acuerda de eso, pero entonces yo sí me acuerdo de que lo pasaba mal.

  12. Es, en efecto, un tema mítico bien antiguo el que trata hoy la columna de jagm, y un tema sobre el que hay, como él sabe, una literatura extensa, aparte de la deliciosa (y tristísima “Poil de carotte”). Lo que veon en la elección de estas materias por parte de nuestro azacán literario es una piedad más que comprobable, una piedad a flor de piel, que le hace traernos a rastras reos de muerte, niños esclavizados, mujeres maltratadas, pueblos oprimidos, clases sujetas o individuos sufrientes. Valoro este interés humano que tiñe muchas veces el humanismo culto de gm de tonalidades tan conmovedoras. Me lo han comentado en más de una ocasión compañeros de claustro o amigos muy diferentes, y lo curioso es que el mismo talante muestra cuando escribe sin prisas que cuando improvisa en una tertulia –en la de Carlos Herrera ahora– poco menos que al amanecer.

  13. Me descubre esta columna algo quizá sabido pero nunca racionalizado con tanto tino, una vez más a base de echar mano de la cultura grande que tiene almacenada este lector viejo e incansable. Ya que han nombrado a Herrera, he oído al radiofonista referirse en varias ocasiones a nuestro amigo como el hombre que lo ha leído todo, algo que el lector asiduo de esta sección sabe bien al cabo del tiempo.

  14. Esperando el fallo del TC sobre el asunto de Zahara que contaba en la columna de antier, le rogamos que en su momento no deje de comentar la decisión sea la que sea. Y no crea que en nuestro pueblo hay mucha gente que opine como el o la que lo insultaba usted aquí el día de la columna, sino todo lo contrario. La mayoría del propio sector que vota al PSOE comprende que esas papeletas, pienso que las tres, son nulas de pleno derecho. Los jueces tienen, como usted dice, una buena por delante. Vamos a ver qué hacen.

  15. Divertida, instructiva cuestión, precioso artículo. Port andar trajinante no tengo tiempo de extenderme.

  16. ¿Y usted, con la mano en el pecho, don gomezmarín, quién quiere que acabe ganando en ese pueblo deconocido, las derechas o las izquierdas? Diga la verdad, hombre, que no le va a pasar nada.

  17. He leído con emoción su brullante columna: tengo un hijo pelirrojo, como yo, como mi padre, y comprenderá que entebdemos muy bien lo que apunta. Celebro que el tema haya sido tomado con seriedad entre los blogueros, aunque no esperaba otra cosa de ellos, a mlos que procuarrñe sumarme en adelante. Muchas gracias, no sólo por su sensibilidad sino por su columna en sí misma.

  18. Huy, Sociata(2), que no le va a pasar nada… No estaría yo muy tranquilo contando con gente como usted.

  19. Otra preciosa, jefe, no nos da respiro. La he enseñado acá a varios desconsolados por la derrota de nuestra selección de fútbol y los ha consolado. Vea que las buenas obras siempre hacen el bien. Sabe que le quiero.

  20. Hay gente que no es capaz de concebir siquiera la independencia. Como ese que acaba de rebuznar ahñi más arriba, ensuciando con su pseudónimo a un partido en el que hay gente muy respetable. Yo me quedo con la columna aunque hoy me resulte difícil añadir algún elogio porque están dichos todos. Otra curiosidad: también yo tengo una sobrinilla “rufa”, jefe, ¿será que son más frecuentes de lo que pudiéramos pensar?

  21. (Cierto que la columna ha llegado hoy con un retraso propio de la antigua renfe. La prueba está en la horita en que escribo, después de haberla abierto varias veces hoy a la hora habitual.)

    El odio, el escarnio, el acoso al rufo es el mismo que a todo ‘desigual’, el estrábico, el cheposo. Es como el miedo al contagio de algo no contagioso, el desprecio al que consideramos inferior. El ambiente conseguido -loor a sus creadores- en colegios e institutos favorece todo ese horror. Como el nacionalismo, se quita viajando y leyendo. Coincido con el Herrera Carlos en que este hombre, pastor que conduce a esta grey dispersa y agradecida, lo ha leído todo.

    (Una maldad: en un vistazo a un colorines de finde de la competencia se observa cómo el amante más prolongado de lady Diana de Gales, en su época veinteañera es clavaíto al actual hijo de la fallecida, Henry, el que se pone a gustito con cualquier producto etílico y se disfraza (¿se disfraza?) con cruz gamada en el brazo. Creo más en las leyes de Mendel que en las del azar.

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