Junto con la avalancha separatista –llamemos a las cosas por su nombre—se nos ha venido encima el recordatorio de los memoriosos empeñados, con razón, en demostrar que la mitología es casi siempre repetitiva. Estamos en el mismo clima de los años 30, atrincherados en las mismas posiciones, basados siempre en la mitología que es el único nutriente de eso que llaman nacionalismos. En el centenario de Menéndez Pelayo, Aquilino Duque nos recuerda el sabio y certero dictamen que don Marcelino dejó grabado en su epílogo a sus “Heterodoxos” : “El día en que acabe de perderse, España, volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vectones o de los reinos de taifa”. Mi amigo M. Okeda me reenvía unos párrafos que Ramón y Cajal escribió en sus memorias de octogenario, nada menos que en 1934 –en la boca del lobo, como quien dice—, en los que se extraña e irrita por la ingratitud vascos y catalanes ante la generosa contribución del Estado español. “La lista interminables de subvenciones generosamente otorgadas a las provincias vascas constituye algo indignante”, se quejaba el sabio, para añadir a renglón seguido: “Sean autónomas las regiones, más sin comprometer la Hacienda del Estado”, y esto otro: “…este movimiento centrífugo es peligroso, más que en sí mismo, en relación con la psicología de los pueblos hispanos”. Por mi parte, les remito a mi trabajo “Los fascista y el 98” para que comprueben la actualidad de los argumentos lanzados no sólo por los fascistas más ilustrados: seguro que no se esperan muchos que el grito “España, Una, Soberana y Universal” –¿les suena?– no lo lanzó uno de estos últimos sino el mismísimo don Miguel de Unamuno en la Universidad de Salamanca. La nómina de españoles defensora de una España única ha sido incuestionablemente más cuantiosa y superior que la de los mitólogos de la secesión. Y creo que lo sigue siendo en esta penosa encrucijada.

Lo malo es que alguien desde el Poder tenga la tentación de continuar esa estrategia del limosneo en lugar de plantarse ante esas comunidades españolas ponerlas en el trance de elegir entre la renuncia a su beligerancia antiespañola y los beneficios que de España recibe. Sean si quieren serlo cabezas de ratón en lugar de cola (o melena, incluso boca) de león, pero que no nos pasen encima la factura del domador como han venido haciendo desde principios del siglo XX.

6 Comentarios

  1. Es numerosa la literatura de avisos que ve en la secesión el fin de España. No sabemos cómo, desde la inmbecilidad de ZP al prometer el Estatut nos hemos precipitado en ese frenesí. Los separatistas catalanes son, por un lado, los señoritos del PSC e IU, y por otro una plebe indocta que ya hemos visto para lo queire la autonomía: para colocar hermanos e instalr embajadas. Mas está pagando ahora aquellos derroches y pretende austarnos para que le paguemos la factura.

  2. Que España es España lo sabemosn todos, incluidos los separatistas. Otra cosa es que hayan visto en la independencia un negocio ciertas minorías que ven en el Poder la tapadera para su fortuna. Los Pujol no cuentan el dinero que tienen y la mayoría de los pringaos de los aberchales no habrína soñado jamás con los sueldos que trincan respaldados por las pistolas y las bombas.

  3. Estos caciques dividirçian lo que fuera por medrar ellos. Seguro que Unamuno, que tantas licencias se tomó, no coincidía para nada con el grito falangista aunque ya sé (he leído aquel ensayo tuyo) quelos fascistas coquetearon con él, a quien llamaban «el gran don Miguel». En lo que se refiera a Menéndez Pelayo, la frase es tan elegante como profética. Gracias por tu memoria asociativa.

  4. Si rompen España estos negociantes no digan que todos los catalanes somos responsables. La Historia está llena de desgracias provocadas por ineptos, golfos y ladrones, qué le vamos a hacer. A usted, gracias, sr. Gímez Marón, por recuperar estos testimonios tan sugerentes.

  5. ¿Pero musted cree a a esos membrillos les vale para algo que se argumente contra su negocio? Hay que reconocer que esa epidemia ha progresado mucho pero a algunos no nos preocupa mucho el tironeo que quiere desgarrarnos. Lon vienen intentando hace demasiado tiempo.

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