De nuevo el Informe de Pobreza y Exclusión Social nos echa abajo los palos del sombrajo que sostiene el optimismo juntero. Andalucía es la comunidad española más pobre, percibe una renta por habitante escandalosamente inferior a las de otras autonomías, parece haberse habituado a una tasa de paro máxima en Europa, y extrema la desigualdad entre andaluces y respecto a los demás españoles. Está bien, por eso, que la Junta predique firmeza ante las circunstancias para evitar que, a fin de solventar el conflicto separatista, se desequilibre aún más el actual reparto. Pero, ojo, porque la financiación no es la única variable en esta ecuación: con el actual (e injusto) reparto de fondos hay otros que han progresado, no se olvide. Sin ceder en su propósito, la Junta debe explicar por qué.

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