La opinión francesa anda dividida esta temporada a causa de la historia de la millonaria Liliane Bettencourt, tal vez la primera fortuna del país, a la que su hija ha enredado en los tribunales al llevar ante ellos al fotógrafo François-Marie Banier acusándolo de chulear a la vieja dama aprovechando su debilidad mental. Bettencourt habría dado a Banier y a otros dos amigos íntimos una fabulosa fortuna en obras de artes o seguros de vida, y alega con viveza, a sus 86 años, que a ver por qué no va a poder hacer con su pasta lo que le venga en gana, incluyendo la hipótesis de la donación al amigo/amante o lo que fuere. Bella y cuidada mujer de ojos claros y aún hermosa, esa madre se ha cerrado en banda a someterse al juicio de un psiquiatra forense alegando que ella ya tiene el suyo y que se encuentra en perfectas condiciones para regir su vida, por más que inquieten a su heredera esos rumbos que las primeras estimaciones calculan que deben de ir ya por muchos cientos de miles de euros. Incluso en la prensa conservadora observo que el caso es visto con ambigua perplejidad cuando no con clara benevolencia hacia la dadivosa dama, confirmando esa pulsión libertaria que por lo general acaba dominando en Francia al tirón tradicionalista.¿Por qué una mujer no podría disponer de su fortuna a voluntad, por qué demonizar una relación que en el supuesto más escabroso no pasaría de ser una aventura enteramente legítima, una vez salvado el caudal que legalmente corresponde a su heredera? Parece, por lo que leo, que triunfa la tesis del amor aunque nada indique ni menos demuestre que en la relación evergetista de la munificente señora con ese amigo sexagenario sea de esa naturaleza, y que un creciente rumor apunta a la hija como a una heredera incomprensiva y egoísta que ha decidido por su cuenta aparcar sentimentalmente a la madre considerando su edad prohibida para mantener una relación libre. Liliana Bettencourt se ha limitado a devolver el pelotazo sugiriendo a los inquisidores que es la hija la que puede no estar en sus cabales y afirmando su plena voluntad de mantener su actitud. Se me viene a la cabeza el aviso de Virgilio en ‘Bucólicas’: “Carpent tua poma nepotes”, tus frutos, ay, acabarán trincándolos los que vienen detrás.

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La moral social, y tal vez también, en términos más amplios, la psicología colectiva, funciona sobre el prejuicio projuvenil, ese equívoco con frecuencia impío pero que viene gozando de buena prensa edad tras edad. Hace poco una encuesta de un  tabloide británico revelaba que una mayoría muy cualificada de los ingleses respetaban a tope a la vieja reina pero sentía una suerte de indescriptible piedad por el príncipe heredero, como ya en su día la sintiera por el que lo fue de la reina Victoria. En Francia, en cambio, parece que hay más partidarios de la madre objetada que de esa hija inquieta por la integridad de su herencia que no ha dudado en detractar como loca senil a su propia madre con tal de pararle los pies. No sé en España, francamente, pero sospecho que también la anciana generosa obtendría más apoyo que la hija egoísta que es pòsible que no mantuviera la misma actitud si los donativos de su madre fueran a parar a alguna causa convencionalmente correcta y no, según las apariencias al menos, a caer en manos de un presunto gigoló que a lo mejor no es más que un amigo devoto o, por qué no, un amor difícil pero no imposible. ¿Existe una edad límite al amor? Tampoco lo sé, pero menos mal que no la hay para la libre administración del peculio y para limitar la soberanía de una bella anciana en sus cabales para hacer de su capa un sayo. Mala cosa, en cualquier caso, la herencia: apenas conozco una que haya ido sobre ruedas pero he visto muchas catástrofes provocadas por ella. Yo que la Bettencourt le dejaba la legítima a la niña y si te vi ni me acuerdo.

13 Comentarios

  1. Pepe Griyo
    ¿Y por qué la legitima?
    La buena señora tiene derecho a gastarse o regalar cualquier cantidad de dinero que sea legítimamente suya y la heredera no tiene derecho a ninguna herencia mientras viva el heredable. Pues bien, la heredable puede, y con toda razón en este caso, repartir en vida entre instituciones y ONGs toda la parte de su fortuna que no haya querido regalar a su adorado amigo.

  2. No olvode él derecho a reclamar la legítima, don Griyo, aunque el cuerpo me pide alinearme con usted y el autor sin matices. La herencia es mala cosa, dice jagm. ¿Llevará razón?

  3. No se me olvida, Sr. Togado, pero la legítima de cero es cero siempre que las donaciones se hayan hecho en vida.

    Sí, ja tiene razón, la herencia es mala. Las herencias rompen tantas familias como el alcohol y las drogas.

  4. Interesante debate en tiempo impropio, pues la Navidad, al fin y al cabo (el jefe tiene escritas cosas interesantes sobre el asunto bastantes hace años) es tiempo que conmemora un “mito de pobreza”, ni más ni menos que el fondo último del cristianismo. Creo que don Griyo exagera. CLaro que hay padres que se lo gastan todo, pero los hijos tienen derecho –como ha hehco esa hija francesa– a reclamar esas legítima” y a que se les conserve intacta. Por lo demás, estpy con ja en que la señora hace m uicy bien en fundirse el dienro donde quiera.

  5. Me entero, además, de que la dama en cuestión ha sido víctima de la estafa de Madoff, ya ven qué pena tan grande. Creo que hay muchas cosas razonables que hacer con el “big money” sobrante, coin independencia de que se gratifique al amigo o lo que sea, que también lo considero muy natural.

  6. La herencia es un mal. Hoy me quedo con esa propuesta para la reflexión, tan antigua como la preocupación por cambiar este mundo. Llevan razón cuantos nhan diucho antes que se han visto caer muchas familias unidas a causa de la herencia.

  7. Es curioso que se plantee el problema de la prodigalidad a las viudas no a los viudos, a quienes se “comprende” que puedan tener ciertas conductas derrochadoras. Si esa señora fuera un señor, la hija estaría probablemente callada y no en el juzgado.

  8. ¿Dónde están madame Marthe, doña Epi, Berenice…? El tema de hoy es cosa nuestra y no habéis portado por el Casino. Menos mal que ha habido alguna voz del androceo que se ha dignado apoyar nuestra justa causa…

  9. Lo que le quedaba a usted: defender a los chulos y a las viejas cachondas. Enhorabuena. Al final todo se descubre.

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