Hay demasiada ideología sobre el trabajo, esa obligación determinada por la necesidad que ha sido elevada a derecho por la imaginación política aún a sabiendas de que se trata, en muchas ocasiones, en un derecho de imposible cumplimiento. Demasiada ideología, demasiada literatura. En lo antiguo el hombre no tenía derecho al trabajo ni, por supuesto, al retiro, sino que, perdida su utilidad, sólo le quedaba la miseria. Hoy sucede al contrario, desde el momento en que la jubilación se convirtió en una convención indiscutida y la precoz en un expediente común para compensar la pérdida de empleos. Lo que ha ocurrido en España en los últimos decenios es un disparate que ha logrado adelantar la edad de ese retiro hasta cotas absurdas –¿o no es absurdo jubilar ante incluso de los 50 años al tiempo que se forzaba el retiro obligatorio en sectores claves?–, un absurdo que la crisis actual ha dejado al descubierto con crudeza. Escuchen la polémica entre un ministro de Trabajo más o menos lego que exige silencio a un experto como el Gobernador del Banco de España, y a éste responderle que, se ponga como se ponga el Gobierno, la Seguridad Social está en peligro y el sistema de pensiones en el alero si no se reforma adecuadamente. En Francia mantienen la misma polémica entre el Gobierno y los sindicatos forzados por la realidad de la tecnoestructura aunque todos tengan claro que la medida es, hoy por hoy, “políticamente invendible”. Se insiste en la necesidad de retrasar la edad de jubilación precisamente cuando lo que falta es trabajo, ya ven qué endiablada paradoja. Pero algo habrá que hacer para que las cuentas cuadren. Después de todo, al menos en España, peor estaban la situación que legó Solbes desde el último Gobierno de González y, sin embargo, se salió del pozo. La confianza es lo último que debe perderse.

 

Tras la cuestión técnica ha desaparecido, en la práctica, el problema de las pensiones reales, es decir, la situación de unas jubilaciones bien poco jubilosas, que el Sistema logra encarecer pintando en negro un panorama futuro en el que podrían no cobrarse ni esas miserias. Lo cual no deja de resultar escandaloso si se piensa que para salvar la banca los EEUU han entregado, más o menos a fondo perdido, un cuarto de su PIB (3 billones de dólares) o que apuntalarlos en España nos saldrá por el pico de más de 40.000 millones de euros. El ‘Estado del Bienestar’, esa bella metáfora, resulta que tenía los pies de barro. Lo estamos comprobando de abajo arriba, quiero decir empezando por los más necesitados.

14 Comentarios

  1. El trabajo es un castigo divino, ¿qué derechos podría tener el Hombre por cumplirlo? Espero que acepten mi broma.

  2. Acabo de enterarme del fallecimiento de Javier Ortiz.

    Se ha ido sin poder vivir el gozo del fín de esta maldita Transición tan larga.

    ¡¡Pero ha sido siempre feliz!! NUNCA perdió la DIGNIDAD….. y me quedan sus escritos.

  3. Seguro que jagm siente como pocos la périda de su amigo y tantas veces discrepante. Durante mucho tiempo mantuvo un limk en el blogpara dar entrada a Ortíz y sé que eran amigos personales, Hoy no hay espacio para mayores comentarios.

  4. Un hombre leal a sí mismo, radical hasta límites a veces poco razonables, pero íntegro. Se fue de El Mundo para acabar en Público pasando por la tele aberchale. Escribía con rigor y fuerza, llevaba mcha razón y es curiosa esa afinidad que le unía con nuestro anfitrión durante tanto tiempo. Hoy, como ya se ha dicho, no queda ánimo para más comentarios. Pongamos un crespón negro en el casino.

  5. Lamentando mucho la pérdida de Javier Ortiz, me sumo a las condolencias ya expresadas. ¡Qué facíl ha sido pasar del oprimismo insultante a estas dudas que hacen tentarse la ropa a los mayores de 50 años! El Sistema, don ja, no funciona tampoco en este sentido y todo eso del “Welfar State” no era, en efecto, más que una bella metáfora: lo estamos viendo de la noche a la mañana y nos lo cuentan los mismos voceros que han venido haciendo de él uan panacea dialéctica.

  6. NO creo en el fin de las pensiones, auqnue crea en su crisis. El Sistema no podrá permirse (de otro modo, claro que se lo permitiría) dejar en la ruiiona al trabajador al cabo de sus días activos: sería la Revolución, otra vez. La verdadera crisis de las pensoiones es la miseria de las actuales y, si me apuran, el conformismo de los ciudadanos/contribuyentes/vorantes con esas miserias. Ya verán cómo dicen pronto que hya otra vez luz al otro lado del túnel. ¿O no les pare ió rrao lo rápido que resolvieron la cuestión la otra vea cuando el Pacto de Toledo?

  7. Me sumo al duelo por Javier Ortiz y reocmiendo su “auto-obituario”, escrito hace mucho. Era un gran profesional aunque sus opiniones no fueran siempre razonables, me parece amí, tal como a él podrían haberle parecido las mías.
    La nota inminente de Ecónomo, senicllamente estupenda: entusiasma la opinión y remedia el desánimo. Pero algho de riesgo sí que hay. No se ha pensado mucho en lo que las nuevas tecnologías podrían provocar en este sentido (paro a manta, por ejemplo), tampoco en que el Sistema puede ser insaciable hasta el punto de matar a sus gallinas de los huevos de oro, o al menos, de intentarlo.

  8. Sobre la ideología del trabajo: puedo entenderlo como una necesidad, una obligación (para ganar el sustento propio y de la familia), una vía de escape, un refugio para autoestimas heridas, una forma de autorrealización, una forma de completarse, de ser alguien, de enriquecerse, de relacionarse y no quedarse en casa… Acepto cualquiera de estas definiciones o una combinación de ellas más otras que salgan al paso. Cualquier cosa menos un derecho.

    No sé, describir el trabajo como un derecho me suena a Tom Sawyer vendiendo turnos de brocha para blanquear la valla de la Tia Polly.

    Saludos

  9. “peor estaba la situación que legó Solbes”
    Sí, don ja, pero no sé si recuerdan que el Solbes de Felipe González arruinó las pensiones decentes igualándolas a las indecentes por la simple combinación inflación/congelación.

    Jubilarse, hoy, es un derecho que se deriva del trabajo que, casi siempre, es tan derecho como obligación.

    Jubilarse en edad útil es para unos una desgracia y para otros una bendición.
    Mirando hacia atrás me pregunto que de dónde sacaría yo tiempo para ir todos los días a trabajar.

  10. Otium y nec-ocium ése es el dilema, incluirse en el artefacto social de la produccíón de bienes y servicios o mantenerse al margen, al precio alto de quedar excluiodo de tantas cosas. El Sistema –se ha repetido mucho– ha logrado hacer que los fugitivos del trabajo lleguen a añorarlo, con la excepción de don Griyo.

  11. Pero es que hay que convenir primero QUÉ entendemos por TRABAJO. ¿Lo es la paliza que –SEGURO, APUESTO UNA MANO– se estará dando don ja en Londres, British Museum para arriba, Tate Galerie para abajo? Qe yo crea que sí o cualquiera de ustedes es lo de menos, puesto que habrá quien lo niegue por el´sólo hecho de ser grato al trabajador y no causar efectos prácticos al menos inmediatos. ¿Merece pensión vitalicia el jubilado de un trabajo de su gusto o sólo el trabajador que se deja la piel y la vida en el curro? Ahí dejo esas dudas constatando que no ha concurrido hoy ninguna mujer de las habituales a este blog ¡La ausencia de don Juan!

  12. El trabajo es malo. La actividad que divierte es otra cosa. Pero como ambos pueden producir beneficios a la sociedad, el progreso ha deparado al trabajador el privilegio del retiro final. El paro ha sido, aparte de topdo, un buen remedio de siempre para abaratar el trabajo o/y aumentar los beneficios.No tienen más que ver lo que está ocurriendo en áreas de la economía que no tendrían por qué reducir trabajo al no afectarlas la crisis más que en la imaginación de sus abogados.

  13. Aquí estoy, ¿eh?, con retraso peor estoy. Aunque ya se hayan dicho mcxhas cosas interesantes y dedoblado el merecido duelo a Javier Ortiz, que era tan amigo de jagm. Los docentes etnemos una idea vidirosa del tema. Por un lado nos subyuga eso que se llama vocación. Por otro nos desarbola la práctica de ese tormento que es la clase diaria en un sistema educativo (y sociopolítico) que no te hace ni caso. Creo que en el futuro habrá pensiones y hasta creo que sería posible un horizonte mejor que el que hoy se reserva a todos menos a personajes como Solbes, que va a gtribcar tres pensiones o Chaves que, siendo un simple adjunto de cátedra de los antiguos, va a salir como un Craso en la jubilación.

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