He visto las fotos del traslado de John Demjanjuk, el feroz ‘Iván el Terrible’ de Treblinka, el guardián exterminador de Sobibor, su cuerpo en brazo de las asistencias, desmadejado bajo el peso de sus casi 90 años, su boca entreabierta como signo de acabamiento y debilidad extrema. ¿Pena, sentimiento? Ninguno o, mejor, los precisos, pero ni un adarme más. Recuero otras imágenes, la del sangriento y cínico Papon, la del altanero Eichman declamando en su jaula de cristal blindado, la de Klaus Barbie derrotado, la de Hess recorriendo su paseo diario bajo la férrea vigilancia soviética, tantas otras aunque no todas las que hubiera sido preciso. Hay otros hechos inolvidables en el feroz siglo XX, desde la barbarie stalinista al genocidio de Pol Pot pasando por cien más, y bien cierto es que en el XXI contamos ya con otros cuantos nada desdeñables desde ese punto de vista. Pero el crimen nazi, la gratuidad con que aquellos monstruos fueron capaces de elevar la crueldad a cotas impensables, el modo frío con que inventaron los mitos que ‘legitimarían’ su maldad, la sofisticación ‘industrial’ de su montaje de muerte en serie, son, sin duda posible, cosa aparte. A este ancianito casi inválido, sin ir más lejos, se le imputa un ciclón criminal que fue capaz de liquidar de forma brutal a 29.000 judíos hasta convertirlo a él mismo en una leyenda viva del Mal, y uno se pregunta si es propiamente afán de venganza o no lo es el fundamento de esa reacción nuestra que nos mueve a asentir sin asomo de duda al traslado de esa bestia ante la Justicia que hace muchos años que habría debido pedirle cuentas. Impresiona la escenografía, por supuesto, hace tambalearse nuestra recta conciencia, esa imagen de indefensión. Y qué. No ha habido peor añadido a aquella locura que la impunidad de muchos.

 

A su llegada a Munich, por lo demás, nadie va a obligar a ese salvaje a ducharse en una cámara de gas, a su muerte nadie le va a arrancar las probables piezas de oro que le habrán servido durante más de medio siglo para masticar el recuerdo de su hazaña sombría. Al contrario, Demjanjuk, ‘Iván le Terrible’, descansará hasta su muerte sobre sábanas limpias bajo una atención  cuidadosa porque la democracia es así de rígida o así de narcisista. En Buchenwal me enseñaron las casas donde, a un tiro de piedra del quemadero, estos malvados iniciaban en la música clásica a sus niños y entretenían sus veladas de sociedad. Por pura ejemplaridad, esos monstruos ya ancianos deben castigados en Justicia. Nunca podrá paliarse la catástrofe que provocaron pero, al menos, se habrá salvado el fuero que, en este caso, es lo mismo que salvar la razón.

7 Comentarios

  1. Al leer la columna de hoy he recordado la impresión que me produjo cuando vi la exposición de pinturas de los niños del campo de concentración de Terezin, en la Sinagoga de Pinkas (Praga), que conocí gracias a mi anfitrión berlinés que no tiene ni una gota de sangre judía por sus venas. Muchas gracias, Anfi.
    Baci per tutti.

  2. (Fuera de contexto)

    Vaya usted al campo de fútgol del Hondarribia, o del Mondragón o del Lekeitio y tremole una banderita, así, pequeñita y discreta, constitucional. Asista a un festolín donde al son del chistu y el tamboril, un espatadanzari haga las mariconadas esas que hacen y a ver si se le ocurre chiflar el Paquito el chocolatero o simplemente reirse por lo bajini. Acuda a un descampadito que hay cerca del hipercor de Gerona y mientras un sábado por la tarde unos respetabilísimos danzarines se dedican con entusiasmo y aplicación a puntear los pasos de una sardana, márquese un tango al lado con el pariente mientras mi cuñado toca la Cumparsita en su acordeón, que la borda. Averképassa.

    En Valencia, en la tierra de las flores y el amor, van varios miles de descerebrados, o excesivamente cerebrados chi lo sá y montan un pollo respetable que ofende a unos treinta millones de esapñolitos, españolito arriba o españolito abajo y no passsa nada. El señor Borbón sabe que en ello le va el sueldo, jugosito por cierto, el señor Camps con sus trajes impecables y el señor Lerma, que andaría por allí, miran al cielo, silban o se rascan el cogote pensando en las musarañas. Faltaba el Rîsîtas para completar el tute.

    Libertad de expresión, le llaman. Pues qué bien. En nombre de dicha libertad de expresión yo uso el cervantino hideputa dedicado a esos miles y a sus respectivas raleas, jefes, honorables, cabecillas, capilavoros, presidentes, simpatizantes, cogecosas, quitapelusas, chupacirios, tiralevitas y conmilitones y parece que se me queda un poco mejor el cuerpo.

    El tal Laporta va de independentista. Que no lo deje para mañana: que borre, pero ya, al Barça de toda competición charnega; que juegue partidos internacionales con el Andorrano y con el Barakaldo. Y el tal Villar que se haga presidente de la Federación Batúa de Euskofutbolaris y que se vaya de una vez a que le amplíen el esfínter anal.

    Al menos veinte millones, quince si me apuran, de los que somos y nos sentimos españoles nos quedaríamos más a gustito. Más pobres, si quieren, pero con algo más de dignidad. No renuncio a repetir una frase que me impactó hace mucho tiempo ya: el patriota ama lo suyo; el nacionalista odia a todo lo demás. Mandagüevos, que diría el otro.

    Lo de la tve ha sido de aurora boreal. Ahora, cuando se dan cuenta de que han metido la gamba hasta el pubis, lo pagan con el cabeza de turco que tal vez SÍ tenía órdenes muy concretas.

    El señor Borbón, en vez de poner caritas, que yo no las he visto, podía haber dicho unas palabras en el momento oportuno. Incluso haberse negado a hacer entrega de la copa. ¿O es mudo además de todas esas otras cosas que sabemos? ¿O es que traga lo que le echen con tal de no molestar a quienes tiene la obligación de poner en sus sitio? ¿O es que no es rey de esos millones, diez, quince, veinte o treinta que con el IRPF sustentamos su paguita y que nos hemos sentido ofenddidos? ¿Es que decir las verdades sin tapujos es ser una facha de mierda? Soylo pues.

  3. Ayer le dije idem, hoy le digo requeteidem mi querida Scéptika; pero los lameculos de esos hideputas, empezando por su presi culé, utilizarían un calificativo más fisno y de moda para desactivar al personal: dirían que anda, andamos, ¡Crispados!. Con un par, sí señor.

    Miles de besos como estrellas hay desde aquí a la Puerta de Tannhauser.
    (Huy pero si no existe, qué bobo)

  4. Estas cosas son dífíciles de admitir en público pero (aunque sólo sea por arropar el discurso de Scéptika) no me queda más que admitir mi salida del armario fachoso y mostrar mi “sólidaridad” con ella.

  5. No entiendo de qué va exactamente el rollo, pero por amistad pura desde luego doña Scéptica lleva toda la razón.
    Besos a todos.

  6. En cuanto a lo que decía don José Antonio hoy no estoy con él. No sé nada de ese señor pero se han asegurado que no lamenta el daño que pudo hacer? Hasta los corazones más duros se arrepienten….
    Por otro lado es inutil arremeter contra un viejo indefenso, por más cruel y sádico que haya sido.Que lo juzguen pero sin odiarlo y sin buscar venganza.
    Besos a todos.

Responder a Caleuche Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.