A medida que se acerca el bicentenario de Darwin circulan por doquier las polémicas más extravagantes. En USA se ha movilizado el ejército fundamentalista partidario de la teoría del “diseño inteligente” contra la lógica del evolucionismo generalmente aceptado en la ciencia actual, en Europa, la tensión  latente se expresa en numerosas convocatorias de manifestaciones públicas tendentes asímismo a aprovechar la ocasión para desacreditar al gran hombre y su hallazgo. Es más, en la propia Inglaterra acaba de conocerse el resultado de un sondeo difundido por The Daily Telegraph según el cual más de la mitad de los ingleses rechaza la teoría evolucionista de la vida y piensa en la necesidad de que en su realidad y discurso haya intervenido activamente la mano de un ‘diseñador’ capaz de explicar, desde la inteligencia, la complejidad de la existencia. Es más, uno de cada tres de esos ciudadanos tan civilizados y cultos, opina que el mundo debe tener una edad aproximada de 10.000 años, además de ser creación voluntaria de un ser superior, como si –ay, Teilhard de Chardin—esa inteligencia activa que reclaman no pudiera ser compatible con eso que los teólogos llaman el ‘plan’ de la divinidad. Estamos hechos al chafarrinón de escuela, a la imagen de trazo grueso con que el mito resuelve el misterio, a la respuesta redonda que alisa las anfractuosidades de la visión ideológica hasta hacerlas propicias al tacto expeditivo del instinto y, francamente, no parece que la cosa tenga remedio.

En el sondeo me ha llamado la atención la extravagante idea de la edad del mundo que antes mencionábamos, esos 10.000 años por donde va ya la añeja cuenta frailuna que todavía el ‘Martiriologio Cristiano’ cifraba con exactitud, en su momento, en los 5199 años, un cálculo de mucho éxito, comos se sabe, que todavía resuena en nuestro Torres Naharro, hace quinientos años, quien se la endosa al primer hombre, “Triste estaba el padre Adán,/ cinco mil años había…”. Es obvio que de poco sirven las evidencias procuradas por la Ciencia a la hora de convencer a la opinión en temas expuestos a su libre albedrío, pero más preocupante –como dicen que ha protestado Dawkins—es esa estadística ignorante que incluye a un tercio de los propios profesores, partidarios de explicar el ‘Big Bang’ al lado del ‘Génesis’. Hemos de oír mucha extravagancia este año con este motivo, ya lo verán. La cosas no han cambiado tanto como parece en estos doscientos años que nos separan de Darwin.

2 Comentarios

  1. Qué jovencita me la ponen! Eso es buena señal, creo yo, señal de optimismo.
    No sé qué añadir: a mí no me extraña tanto los resultados del sondeo.Al pensamiento se recurre cada vez que no se entinde ni explica algo y la verdad, la creación no se explica.
    Besos a todos…y feliz fin de semana!

  2. no se yo como veria darwin la relacion entre la busqueda del inicio del mundo y la posibilidad hoy en dia de que en los estados unidos por 15000 dolares te diseñen geneticamente a tu hijo, evolucion en ambos casos. un saludo Don Jose Antonio

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