A las frecuentes críticas que viene haciéndose al incremento de la delincuencia juvenil parece que habría que añadir el de otras delincuencias muy lejanas entre sí y diferentes en su proceder pero, más que probablemente, feudatarias todas ellas de la también creciente marginalización de grupos y sociedades enteras. Un artículo reciente de Yves Mamou, aparecido en la prensa francesa, sugiere que tan distintas clases de violencia como vienen  registrándose últimamente tienen como causa común y han de verse como el efecto inevitable de una misma rebeldía provocada por las condiciones sociales, lo mismo si consideramos el anacrónico suceso de la piratería del sudeste africano que si nos fijamos en el aumento disparado del furtivismo a gran escala que se registra en Escocia o en EEUU, la actuación de bandas organizadas en el robo de productos revendibles (cobres telefónicos, útiles de ascensor o teléfonos móviles, raíles del ferrocarril)  un poco por todas partes, y lo más curioso de todo, el disparado crecimiento de la delincuencia que se conoce en Japón como “de cabello blanco, es decir, perpetrada por mayores de edad, jubilados en su mayoría, cuya criminalidad se ha quintuplicado en apenas cinco años. Por su lado, los observatorios confirman que el agravamiento de la delincuencia juvenil es un problema que desborda no sólo la capacidad previsora del Poder sino su tratamiento penal y procesal, cosa que bien sabemos, desgraciadamente, en España, como consecuencia de esa disparata ley del Menor que nos aflige, aunque en este caso la causa probable del fenómeno sea más compleja y no siempre dependa de la marginalidad padecida sino, tal vez, de lo contrario. La delincuencia adulta o presenil, que es de lo que hablábamos, ha cogido por sorpresa a esos observadores a pesar de la evidencia de que la situación de los mayores, en casi todas las sociedades de Occidente, es dura y aún penosa, por decirlo suavemente, en especial en los países cuya demografía experimenta con mayor gravedad el desequilibrio como, precisamente en Japón, donde la población que supera los 65 años alcanza nada menos que los veinticinco millones de personas.

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No es improbable que la predicción sociológica de que las sociedades opulentas acabarían engendrando esos dos segmentos perjudicados acabe cumpliéndose en un modelo social, prácticamente similar en todo el mundo desarrollado a pesar de matices y diferencias. Y la causa es que la marginalización de uno y otro, aunque distinta en apariencia, afecta a ambos por igual, reduciendo el espacio propicio a la integración en el grupo del que se sienten excluidos. Los más jóvenes y los mayores empiezan a preocupar como eventuales colectivos peligrosos en esta sociedad en la que, paradójicamente, la capacidad de decisión, casi en todos los órdenes, está en manos de la población intermedia –pongamos entre 45 y 65 años—ilusoriamente alejada de ambos “extremos” en base al criterio productivista que ve en las ‘clases ociosas’ –dicho sea literalmente y no en el sentido de Veblen—elementos sociales inútiles y, por tanto, sobrantes desde el punto de vista de la racionalidad del Sistema.  Me ha entristecido leer que casi 50.000 mayores de ese límite que marca la jubilación fueron detenidos y juzgados en Japón, sólo durante 2007, como autores de crímenes o delitos, entre los que, en un país tan ‘honorable’, destacaban los de robo y asalto a viviendas. Entre nosotros todavía el ‘mayor’, anciano o no, se mantiene en los límites de la ley, agobiado por su estrechez las más veces, y desde ahora enfrentado a la ruleta rusa de la crisis que, como es natural, repercutirá más en esos colectivos que en los intermedios. Los piratas de Somalia dicen estar cansado de ver pasar ante su costa las riquezas destinadas al mundo feliz. Cualquier día nuestros mayores y ancianos pueden argumentar algo parecido antes de echarse al monte.

3 Comentarios

  1. Vaya panorama!
    Por lo visto, tambien en Francia , los mayores se ponen a robar: dicen los vigilas de las tiendas que cada día hay más robos hechos por personas mayores, pero nunca lo hubiera creido en una sociedad tan tradicionalista (desde aquí) como la japonesa.
    Un beso a todos.

  2. es una explicacion a la teoria del equilibrio de las desigualdades, sino lo tengo por las buenas lo hare por las malas, maxime cuando desde el panorama politico nos lo enseñan a diario, decia el padrino que los hombres fuertes son los que se hacen ricos y que cojen lo que quieren sino se lo dan, es decir a cualquier costa, si la sociedad pensara y actuara asi se terminaria en una guerra. un saludo don jose antonio

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