La organización Cáritas Española está difundiendo la propuesta de que se marque con una doble equis la casilla de la declaración de la renta, una para la Iglesia y otra para fines sociales. Lo está haciendo al tiempo que presenta un desolador estudio, “Desigualdad y derechos sociales”, en el que no duda en afirmar que la sociedad española actual está ya, de hecho, fracturada, como separada en dos partes por el filo cortante de la distribución. Tres millones de españoles soportan una situación de pobreza severa (el informe dice “extrema”: disponen de 350 euros al mes como máximo) mientras que diez millones vive en la pobreza “relativa” –y cada cual es muy libre de ver en ese adjetivo lo que sienta—lo que especifica el dato de que, durante el último decenio, haya descendido tan bruscamente el nivel de renta constante, es decir, demasiada caída para tan poco tiempo. Cáritas ha atendido este año a 1.800.000 personas necesitadas, es decir, al triple de las que asistía cuando comenzaron a notarse los efectos de la crisis, y lo ha debido hacer con menos recursos públicos y, eso sí, con cierto incremento de las aportaciones privadas (que en este momento son alcanzan el 65 por ciento de las recibidas), convencida, además, de que la situación que vivimos no es propiamente un desajuste pasajero sino un profundo reajuste de la estructura social, o sea, eso que se dice de que las cosas no volverán a ser iguales que antes, como lo demuestra que la añorada bonanza no pudo lograr mientras duró, la eliminación de la pobreza entonces existente. No debe sorprender el desánimo nacional, la falta de tono vital de todos pero, en especial, de los que sufren más vivamente la escasez, pues hay datos tan abrumadores como el que avisa de que más de dos de cada diez parados de larga duración no volverán a engancharse en el mercado de trabajo, o el bien conocido de que más de la mitad de nuestros jóvenes en edad de trabajar esté en el desempleo y con pocas esperanzas de escapar de sus redes.

Realmente lo extraño es que semejante situación no estalle en un conflicto abierto, y es lógico pensar en que asistencias como las de Cáritas y otras iniciativas religiosas han contribuido no poco a mantener la amenazada paz social. La integración es más fuerte de lo que cabía suponer pero no hay que dudar de que, seguro, tiene un límite. De momento, la sociedad demediada sobrevive día a día, pero nada garantiza que su paciencia no esté al borde de la explosión.

4 Comentarios

  1. Si no fuera por estos denuedos no sé qué ocurriría en España. Por descubrir en un estudio que en España había un millón de pobres, la ministra Fernández, de la escuela de Guerra, le retiró la subvención a Cártias, es decir, a los pobres que Cáritas asiste.

  2. Interesante enterarse de la labor de estas ONG, que demuestran el fracaso estrepitoso de ciertos servicios sociales que corresponde prestar al Gobierno y no a ellas, que son particulares. Cáritas es una piedra en el zapato del PSOE desde hace mucho tiempo y con el tiempo podría llegar a ser, junto con otras organizaciones privadas, el gran testigo de cargo contra esta socialdemocracia de pacotilla.

  3. Me parece una ingeniosa propuesta la de las del X, aunque coin ello ,a propia cáritas pierda probablemente dinero. Son generosos hasta para eso. Llamo l atención de que jagm no escribe a humo de pajas sino pendiente de un estudio publicado or la propia Cáritas, que he tenido oportunidad de leer yo mismo y les aseguro que es demoledor.

  4. La caridad no está de moda, hoy hasta los espirituales hablan de solidaridad. El hombre no es un hermano es otro al que concedemos graciosamente nuestro apoyo: no es lo mismo. Yo seguiré poniendo una sola cruz.

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