Es difícil para cualquiera decir de la Verdad, así, con mayúscula, pero para los políticos resulta sencillamente imposible. Estoy impaciente, por ejemplo, por leer la penúltima memoria de Guerra, no porque me haga ilusiones sobre su revelación sino porque me intriga lo que, con toda seguridad, no dirá. ¡Pues sí que tiene mérito decir –a estas alturas—que Chaves es un disléxico de la política o que Griñán queda más cerca del oportunismo que de otra cosa cuando hace hijos predilectos y reparte medallas del 28-F, lo mismo a Guerra que a la duquesa de Alba! Hombre, lo que sería apasionante es que Guerra se abriera de capa y nos contara qué sabía él del montaje terrorista de los GAL en aquellos “años de hierro” o que nos relatara de verdad y sin ojana qué fue lo que fue ocurriendo entre su tutelado González –Guerra fue quien lo metió en el partido y no al revés—hasta llegar a aquella llamada por el móvil para anunciarle que acababa de decidir ponerlo en “los mismos reondos”, como decía Beni de Cádiz, aunque eso sí, sin cuestionar su soldada vitalicia. La memoria política es la más selectiva entre las humanas, pero lo que no deben olvidar los memorialistas es que los lectores no nos chupamos el dedo sino que, a nuestra vez, tenemos nuestra propia memoria. ¿Qué tuvo que ver Guerra con Filesa, con el citado Gal? ¿Nada? Entonces ¿por qué su secretario Fali Delgado mandaba más que nadie en el partido? De acuerdo, González es un desagradecido, una (un) Galatea que dio coces contra Pigmalión, un Aristóteles que se los propinó a su Platón, pero, oigan, es que eso lo sabe Guerra antes de coger el primer expreso de noche Sevilla-Madrid, no jodamos. Nadie mejor que él, probablemente, para entender estas cabronadas de la política.

No traguen con esas “confesiones” políticas, porque ni siquiera las de Agustín de Tagaste dejan de ser literatura, aunque en este caso de marca mayor. No esperen nada, ninguna novedad de relieve, en esas páginas calculadas, navajazos traperos al margen. Guerra lo sabe todo en este partido que él creó de la nada aunque no diga más que el mínimo que le exijan sus editores. Pero verán como no lo dice, verán cómo se acoge al similiquitruque, como dice Burgos, soltando un mandoble aquí y otro allá, pero con cuidado de no imitar a Sansón el filisteo. La Verdad es revolucionaria decía creo que era Lenin. Guerra, como es social-lo-que-sea, no se siente obligado por esa opinión.

15 Comentarios

  1. Mire Ud por dónde, queriendo meterle una puya a Guerra con puntualidad, seguramente ha escrito Ud. el mejor de los elogios que se puede hacer a un político. Lo declara Ud. conocedor de asuntos que también le criticaría no conocerlos. Y dice Ud. que no los contará, cuando si los contara, Ud. lo pondría a caer de un burro,

  2. Galimatías aparte, mi señor don Joaquín, es lo cierto que la columna de hoy dice grandes verdades, como lo es que las alusiones a Guerra son ajustadas a la realidad. La Política en la práctica es mentira o verdad a medias. Las memorias deberían estar prohibidas a los políticos.

  3. No pienso invertir ni un pavo, ni una pela en esta nueva parte de esas memorias. Su primera parte “Cuando el tiempo nos alcanza”, da una total vergüenza ajena, un bochorno de que alguien que ha mandado tanto pueda ser tan impresentablemente embustero.

    Hace unos días, con el Pablo Motos, que le puso alfombra roja, se dejó caer con la perla de que a los 19 años ‘ya era dirigente socialista’. ¡En el 59, o sea!. De sus años de profesor de Dibujo en la Universidad Laboral “José Antonio Primo de Rivera” sevillana, no aparece ningún reporte en ningún sitio.

    Poco lustroso y bien trajeao que aparecía.

  4. Hoy en El Mundo aparecen unas declaraciones de Guerra donde contesta cínicamente a las preguntas de la columna. No sé para qué escriben memorias tan desmemoriadas y tan mentirosas.

  5. Me ha hecho mucha gracia, don Joaquín, la manera de cómo se lo guisa y se lo come él solito. Guerra no sabía nada porque era “oyente” en el Gobierno al que no es extraño que deifenda contra la misms evidencia en el asunto de los GAL. Como lo hubiera hecho en el de Filesa si llegan a preguntarle. ¿Han leído la entrevista de EL Mundo a la que se ha aludido ya? No se pierden nada, pero a lo mejor se convencen aún más de la tesis de la columna.

  6. Guerra es un demagogo. Nunca vi a nadie logrando dar el pego a tanta gente. Lean hoy el artículo que le dedica Carmen Rigalt en El Mundo: de asco. Ya se ha olvidado todo el mundo de que don Alfonso es el “henmano” de don Juan.

  7. ¡Hay tanto que leer! ¡Y tan poco que esperar de las memorias de un político profesional! Guerra no es una excepción en ese género mentiroso, las cosas por su sitio, sino uno más, aunque él crea que él se crea por encima de la media. ¡Qué media será ésa, Dios mío…!

  8. (Fuera de cntxt).-

    Me manda un email un viejo amigo. Comunista militante y recalcitrante, honesto –creo– y coherente en su forma de vida. Politzer redivivo.

    Entre otros primores me sugiere: escribe en google tres palabras, la primera, clínica; la segunda, aborto y la tercera el nombre de un personaje muy conoZido y relevante. ¡Cielos! Ahí, azul sobre blanco aparece el nombre de la clínica y el del padre de la criatura que no pasó del cubo de la basura.

    Luego, trasteando, bicheando, uno se entera de que aquello fue un minigolpe de estado. Le encargan a un primo carnal –autor de un libro– que retire de la clínica la historia clínica de la usuaria y se asegure de que no queda rastro informático de la misma. Pero los hados maliciosos hacen que se escape, o que se hubiera escapado antes, la información y ahora la conozca todo el que la busque.

    Minigolpe de estado porque los padres de él nunca habrían dado la ya de por sí
    muy difícll aceptación, si hubieran conocido el antecedente abortista de la sujeta. Porque no sabemos si el encabezonamiento (¿encognamiento?) del sujeto hubiera mantenido por las bravas su propósito de desposorio. Que hubiera cumplido su amenaza de “esto sí o sí, ocurra lo que ocurra”.

    Como la anécdota sabrosísima de los dos abueletes poniéndose el uno al otro como no digan dueñas, llegando a las manos y arruinando los sendos trajes de Felipe Varela, que el modisto, tras que fueron separados como dos colegiales en el patio de recreo, hubo de reparar a uña de caballo.

    Como lo del abuelito que se conocía la capital al dedillo sin necesidad de gps, que tras unos copetines en el fiestorro del bodorrio, se puso al bailar con señoras de alto fuste y se hizo dueño de la pista hasta que llegó de las alturas la orden de desalojarlo de allí y llevarlo a que durmiera la moña.

    ¿Y aún duda alguien que vivimos en un país de opereta bufa? O tal vez en un sainete arnichesco musicado por Rosendo y Sabina. De director artístico, cómo no, SSegura.

  9. Le repito la clave, mi don Zas.

    Poner tres palabras en google en busca de respuestas: “clínica”, “aborto” y la tercera el nombre de un personaje (femenino of course) de muy, muy alta relevanZZZia.

    Saludos.

  10. He aquí a otro perplejo ante el enigma de don Epi. ¿No podría concretar sus pistas, admirado amigo? Eso de lanzar la piedra y esconder la mano y la piedra no está del todo bien y la verdad es que me tiene usted hoy dale que te pego al Google sin resultado alguno. ¿Era eso de lo que se trataba, de reírse de este jubilado tan poco jubiloso? Venga, hombre, échenos una pista como la gente…

  11. Eggg que son vuesas mercedes como niños.

    La tercera palabra tradúzcanla al latín y malescríbanla con Z: alegría.

    (Igual no descubro nada nuevo). Aquí está mi pescuezo por si a alguien le apetece soltarme una colleja.

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