La expresión democracia exaltada encierra un oxímoron: el respeto a la Ley, fundamento último de la democracia, es incompatible con esa actitud que el diccionario define como propia de alguien que se deja arrebatar por la pasión, perdiendo la moderación y la calma. Lo comprobamos hoy oyendo el debatillo provocado por la agresión de un sector ultra de la “marcha por la dignidad” a las fuerzas del orden, agresión extremada a la vista de las imágenes, que mereció una réplica mucho más dura que la empleada por la policía. Sí, ya sé, no me lo digan, lo que mola es censurar toda reacción policial, incluso cuando ésta es mínima comparada con la acción perversa de los rebeldes con causa o sin ella. ¿Hay que juzgar a la marcha en sí por la acción de un sector ultra desborda el derecho a manifestarse? Esa pregunta no se planteaba cuando en España la policía actuaba sin contemplaciones negándonos esos derechos básicos, por la sencilla razón de que quienes se expusieron a lo peor por combatir a la dictadura –básicamente el PCE, para qué engañarnos— sabían organizar su propio “servicio de orden” para garantizar el cumplimiento de los fines que justificaban la demostración, lo que significa, que quienes hoy admiten en sus filas a sectores antisistema, comparten la responsabilidad por lo que pueda ocurrir. Es aterrador el arsenal mostrado por la policía tras las detenciones del lunes como es cómica la estampa de esos malhechores, puestos en libertad con cargos, cuando eran recibidos como héroes a las puertas del Juzgado. La libertad implica la responsabilidad, no olvidemos eso, al menos desde Rousseau en adelante.

 

La asociación de cierta izquierda –IU justifica y el PSOE no se aclara sobre lo que ocurrió—con la anomia es suicida. Un policía es un servidor del pueblo que si se extralimita ha de ser sancionado con arreglo a derecho pero que no tiene por qué dejarse liquidar por un mozo exaltado. Lo demás son cuentos liberaloides, mejor anarcoides, pues bien sabemos, desde que lo demostró Stirner, que lo segundo deriva de lo primero. ¿Qué significa, por ejemplo, la exigencia demente de que no se pague la deuda de Estado o de que dimita y se vaya el Gobierno legítimo? Pues ni más ni menos que la exaltación se agota en el músculo sin pasar por el cerebro. Imponerle un freno a la legítima defensa de esos servidores públicos resulta tan absurdo como en tiempos de Franco resultaba criminal darles carta blanca.

4 Comentarios

  1. Las imágenes son tremendas, algo está ocurriendo que nos arrastra a situaciones de quiebra de la autoridad. ¿A qué tanto miedo de los gobernantes a la hora de enfrentarse a la insurrección en las calles? Temo que estemos viviendo en una curva peligrosa.

  2. Diego Cañamero ha declarado que el Gobierno “maltrata al pueblo” y que los “maltratadores tienen que ser juzgados”. Asimismo, defiende “tribunales populares que tomen pacíficamente todas las calles y las plazas” y ha considerado que el pueblo “echará a este Gobierno y todos los que le repriman”.

    El prenda no se corta. O entiendo mal o los tribunales populares tienen que juzgar a los maltratadores gobernantes. Nada de jueces con toga. La última frase se refiere al pueblo que se manifiesta, sean 200.000 ó 3.000.000. Las urnas parece que le sobran.

    Al tal Willy, doctorado en democracia por La Habana, ni lo nombro.

  3. Honrada reacción a esas imágenes que la mayoría hemos visto asombrados. No es posible seguir manteniendo un riesgo semejante pues lo que buscan los exaltados es una víctima, un muerto preferentemente propio, para balancear la Justicia. El Estado tiene que tener valor para enfrentarse a estas provocaciones o nos veremos todos flotando en la anomia.

  4. Da la impresión de que estamos a los pies de los caballos. La policía, el Poder legítimo, no puede ser utilizado con tanta frivolidad frente a unos intentos de subversión tan poco cualificados. Si se continúa por este camino, más pronto que tarde daremos contra el muro de la fatalidad.

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