Es mala la inmensa mayoría de las informaciones que nos llegan desde Afganistán a propósito de las elecciones. Parece que no hay duda de que se ha perpetrado en ellas un fraude masivo, una vez liquidado el pulso entre los “señores de la guerra” que concurrían ahora con el disfraz pacífico. Cientos de denuncias por presuntos fraudes han sido obviadas a pesar de la recomendación oficial de “recontar” los votos allí donde algún candidato hubiera alcanzado el 90 por ciento de ellos o más. Karzaï, el “hombre más elegante del mundo” el candidato de Occidente, ha logrado su objetivo pero sin lograr despejar, ni de lejos, la sombra del escepticismo. Gran parte de la población no ha votado, además, rendida a la expeditiva amenaza de los taliban que no se han lo han pensado dos veces a la hora de cortar las orejas y la nariz a los votantes descubiertos, como ha referido en una crónica electrizante Renaud Girard, que constataba también la abstención masiva de las mujeres por decisión de los propios maridos. El humorista Ricardo se preguntaba en este periódico el otro día, por boca de uno de nuestros soldados en “misión de paz”, si España estaría allí protegiendo la democracia o el fraude electoral, pero la verdad es que ese fraude –en comicios generales o internos de los partidos—no es ya en absoluto privativo de los países a los que tratamos de imponerles por la fuerza el sistema de representación. No es que el pucherazo nos lo tenga que enseñar nadie a nosotros, pero quien quiera ver cómo van las cosas en nuestro entorno, que lea el explosivo libro de Antoine André y Karim Rissouli que, bajo el título de “Hold-ups, arnaques et trahisons”, circula ya por Internet, describiendo el pucherazo en toda regla con que, según ellos, Martine Aubry habría liquidado a Ségolène Royal en el congreso del PS celebrado en Reims. La partitocracia está destruyendo el sistema de representación en sus mismas bases y no sólo “in partibus infidelium” sino aquí mismo, en el ombligo de Europa.

Nadie quiere mentar la soga en casa del ahorcado, por supuesto, pero si desde USA o Venezuela a Irán o Afganistán pasando por Francia, se suceden los escándalos por fraude electoral, no hay duda de que el sistema que inventaron los griegos y del que el Occidente “ilustrado” ha hecho su bandera, atraviesa malos momentos. Aunque el fraude iraní o afgano no deba compararse con los perpetrados en nuestras grandes potencias democrácticas, en cuyo ámbito libre y ordenado el recurso a la trampa resulta incomparablemente más grave. ¿Cómo, por lo demás, podrían esos aliados censurar en los países forzados a democratizarse lo que dentro de sus fronteras practican hasta los teóricos adalides de la democracia? Puede que llevara razón el maestro Bourdieu cuando hace años nos avisó sobre la posibilidad de que, para sobrevivir, la libertad tuviera que recorrer nuevamente el largo camino por el que llegó.

6 Comentarios

  1. La actual crisis está en verdad cambiando muchas cosas, aunque se pretenda cerrar en falso haciendo reverdecer a los cadáveres financieros. Una prueba de ello pudiera ser que los gobiernos de los países “libres” han quedado en evidencia al ponerse al servicio de la manipulación mediática de las grandes compañías farmacéuticas: Ha bastado que tuvieran que elegir entre cerrar los colegios por la gravedad de la pandemia de gripe A, causando un enorme desasosiego entre unos padres que no saben dónde dejar los niños mientras acuden ambos a trabajar (por aquello de la igualdad), o pasar a decir que “donde dije digo, digo Diego” y empezar a decir que en realidad los hemos interpretado mal, y que la susodicha gripe A no es tan grave. La crisis de confianza, como bien señala José Antonio, está pidiendo a gritos “recorrer nuevamente el largo camino por el que llegó”.

  2. Pues claro, los males de la democracia no se curaban con más democracia, se curaban con los pucheros de la Villalobos. A la Trini y a Zp ¡¡¡Que les corten la cabezaaaaaa!!!

  3. Tal vez va teniendo cada vez menos sentido hablar de democracia. Se ha degradado tanto, que igual que lo que comemos con el nombre de pan ya no es pan, sino algo cada vez menos parecido, hoy llamamos democracia a lo que poco tiene que ver con el concepto original.

    Es más que probable que cada tiempo y cada lugar tengan las formas de gobierno que se adecuan a las circunstancias. Aunque en plan alegría de la huerta, mucho me temo que esto va cada vez a peor. En cien años, ¿o eran diez?, todos calvos.

    Besos.

  4. La obtención del poder es capaz de mermar cualquiera de las causas justas de defensa de los derechos elementales de los ciudadanos, como es en este caso el voto.

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