Tras la importante denuncia de los ecologistas y con muy buen criterio, la Guardia Civil ha puesto bajo estrecha vigilancia el polvorín de las minas de Riotinto, abandonado a suerte por los explotadores (nunca mejor dicho) de la etapa anterior, una medida mucho más apropiada que el anunciado propósito de la alcaldesa de “comprobar” qué hay depositado en él, que desde luego, no ha de ser nada bueno. Cuando estamos viviendo el espectáculo inconcebible de las circunstancias que hicieron posible la matanza de Atocha, la simple idea de que en ese polvorín tal vez hayan estado al alcance de cualquiera materiales altamente peligrosos resulta descabellada y descalifica, además, la imagen de una subdelegación del Gobierno que no cae en la cuenta de riesgos an graves como elementales. Si se llegara “comprobar” que, en efecto, hay explosivos en la mina a disposición del primer insensato o criminal que se de una vuelta por elle, habría que pedirle a esos responsables gubernativos algo más que unas excusas formales.

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