No deja de parecerme peregrino que, teniendo encima la que tenemos, el gran problema de España o uno de los principales sea el de la implantación de ese engendro apresurado que es la nueva asignatura, la ‘Educación para la Ciudadanía’, discurrida por el laicismo (que no por la laicidad) militante. Uno suele creer que el civismo es cosa de familia, aunque hace ya mucho tiempo, el sociólogo Cooley –aquel cuya inspiración se ha relacionado con la bella idea de Goethe de que la propia vida debe ser una obra de arte– nos avisó de que, con independencia de quien ‘informe’ al niño, lo que verdaderamente lo ‘forma’ es el “grupo pequeño”, el círculo íntimo de la primera experiencia social, es decir, el ámbito amistoso. ¿Cómo adoctrinar al muchacho, por lo demás, sin caer en la tentación ideológica? ¿Y qué sentido puede tener el adoctrinamiento sesgado si el poder sucesor tendrá siempre en su mano invertir el transparente y mandar a las escuelas textos peñados de filosofías contrarias? Sólo desde la cerrilidad puede discutirse el derecho y el deber del Estado –aunque me gustaría más decir, “de la Sociedad”– a difundir un ideario básico cuyos sillares no fueran otros que los principios incuestionables conquistados a través del tiempo, qué sé yo, los derechos del hombre y del ciudadano, tal como los hallamos hoy consagrados por la aceptación común, acaso las básicas ideas de respeto mutuo implícitas o explícitas en los códigos éticos o religiosos. Ahora bien, ya me dirán qué sentido tiene tratar de imponer una visión del mundo y del hombre determinada en exclusiva por el interés parcial de un grupo o una clase, es decir, imponer una ‘ideología’ –en el sentido que usaba el concepto Marx pero también en el de Mannheim o Shils, da lo mismo– que, como tal, nunca podrá dejar de ser eventual. Del laicismo republicano no dejó rastro la dictadura pero de aquellas nuevas inquisiciones apenas se mantienen en pie cuatro piezas tras los embates de la democracia. Pues eso, a ver si lo acaban de entender.

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En las “Charlas” que celebramos en Punta Umbría acaba de mostrar Ignacio Sotelo su rotunda disconformidad con un intento semejante, que él relaciona sabiamente con este bizarro conflicto religioso-educativo que se traen entre manos un Gobierno decidido a utilizarlo como baza electoral y una Iglesia incapaz de asumir el cambio irreversible experimentado por el país. Y Gustavo Bueno –nótese qué modos y qué talantes tan distintos– ha crucificado en el “Catoblepas”, su espléndida revista, la letra y la música de los textos hasta ahora conocidos con los que se pretende mortificar a la ‘basca’, con un pie en el “pensamiento Alicia”, el otro en el radicalismo idealista y, en medio, gravitando amenazadora sobre la ceremonia confusa, la gónada del Poder. Cómo haya podido consumarse un desencuentro tan membrillo es cosa, sin duda, admirable dada la problemática realidad presente, aunque Sotelo pueda soltarnos, como alguna vez nos soltó, esa paradoja deliciosa de que “en España vamos de catástrofe en catástrofe pero cada vez se vive mejor”. Y hombre, como la esperanza es lo último que se pierde, habrá que agarrarse a la evidencia de que una educación nacional que fue capaz de sobrevivir al “calendario juliano” y su autor, bien puede sobrevivir al zapaterismo ilustrado o por ilustrar y a lo que le echen. De todas formas, échenles ustedes a su vez una ojeada a esos textos que se pretende encalomar a nuestros alevines y verán lo que es bueno, incluyendo desde la utopía banalizada que proponen los ‘buenistas’, al elogio del comunismo (es la ‘cuota’ de IU, supongo) en cuanto única fuerza capaz de “compensar” el exceso y la deshumanización capitalista. Yo que esos padres recurrentes dejaba rodar la bola a ver dónde paraba, seguro, entre otras cosas, de que pocos chavales cruzarán en serio el espejo sin azogue de Alicia.

7 Comentarios

  1. Les aconsejo echar una mirada por Internet a ese Catoblepas, verán cosa divertida.
    De acuerdo con gm. Ese es el tema y esa la conclusión posible. Qué se le va a hacer.

  2. Otra vez valerosa defensa de lo Justo, sin pararse a considerar el qué dirán (eu “qué van a decir”) sus “correligionarios”, es un decir. Me gustan los hombres enteros, con vergüenza, sin temores críticos. Y no añado nada, primero porque me parece precioso lo dicho, y luego porque no se me tome por parcial. Que no lo soy. Como ja creo en que procede “formar” en los grandes principios universales pero excluyo el adoctrinamiento, incluyendo el tradicional, ya me entienden.

  3. Ya adelanté en mi “crónica” el tema y el tratamiento. Me alegro de que al anfi nos lo descifre por su cuenta. Insisto en que el acto de Punta Umbría fue de categoría.

  4. Si no recuerdo mal Sotelo fue miembro de la ejecutiva federal del PSOE –corríjanme si yerro– y por eso veo más valor en su crítica, que no podrán objetar sus “compañeros”… El PSOE no quiere intelectuales de fuste cerca. Pero hay que preguntar honradamente: ¿los quiere algún partido?

  5. Esa asignatura, piedra de escándalo, será un gran fracaso pero ya le habrá dado al zapaterismo los votos que busca entre los incautos y los impresionables, esos que aún creerían los papeles ácratas si se siguieran publicando, con sus curas violadores y sus sobrinas de párroco.

  6. Aver, a ver, permítanme que recurra a mi particular memoria histórica, gruyereada por Herr Alzheimer. No atino bien si fue antes de irse el finado generalito ferrolano o después de, lo cierto es que en Primaria había una ‘Educación Cívico-Social’, que pasó lógicam,ente a ser una ‘maría’. Era mucho más importante dar mates o lengua o inglish cuando llegó.

    Luego la señora Logse, de infausta memoria hablaba de unas materias a las que denominaba transversales, ‘educación para el consumidor, higiene, ecologismo, derechos ciudadanos’ y cosas así, que debían infiltrar a las materias del currículo. Ni que decir tiene que se quedó en pura fantasmagoría. Si acaso, el profe de mates en su problema de llos kilos de patatas decía que habían sido cultivadas con abono orgánico.

    Ahora han tirado por el camino de enmedio: fuera gorros!, que decían en la mili. (-¿Qué es eso de la mili, seño Jilgue? -Calla, niña, que siempre tienes que interrumpir.) Ahora por lo claro: EpC. Osá, a las bebitas que ya usan compresas se le dicen que lleven una gomita junto a la empapadera, por si las flais. A los niños de diez u once que juegan con muñecas se les enseñan posturitas de sodomía y se les instruye en el uso de lavativas, si alguien se santigua antes del examen se le advierte de la perveridad de los fanatismos y de los rituales compulsivos. Eso sí, los cd’s se le compran a los negritos que tienen su top-manta para que puedan comer y pagar el piso patera; a los creyentes en Alá y sus huríes se les deja salir al patio a que hagan su oración mirando a la Meca; y si las nenas se quejan de que les rebañaron la venita del gusto en unas vacances, se les dice que eso no va a seguir así, que dentro de cuarenta años cuando sus nietas sean pequeñitas, los médicos del seguro le miraran el chichi en cada revisión y advertira´n a sus mamás que con las cosas de jugar, no se come. O como s diga.

  7. No sé qué decir. Tanta estupidez me desanima. Quizas haya que alegrarse de que los jóvenes sean tan malos estudiantes, que no escuchen, ni hagan muchos esfuerzos. Por lo menos serán ignorantes , pero cada cual a su manera, no todos de la misma!

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