Nunca escuché una justificación más ilustrativa de la corrupción que la proporcionada al mismísimo juez por el ex-alcalde de Bollullos del Condado (PSOE) tras ser acusado de tramitar ilegalmente las obras municipales: “Es como se hacía siempre”, dijo, el hombre. Reconoce que las obras se hacían sin consignación presupuestaria y contra el informe de la Intervención, pero insiste en que ésa era la costumbre y que no ve en ello nada punible. ¿Cuántos Bollullos hay en Andalucía, cuántos alcaldes como ése hay en España? Lo malo de la corrupción no es ya siquiera que se perpetúe sino que se justifica por la autoridad política. Alí Babá no la habría tenido tan dura.

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