Con el palo que el Fiscal General le ha propinado a la Junta, vinculando el mangazo de las facturas falsas de UGT con el saqueo de los fondos de formación, se cierra, se ponga como se ponga el fiscal-consejero Llera, toda salida a la crisis en que se encuentra sumergida la Junta de la presidenta Díaz. Lo notable es la paciencia de los ciudadanos ante este escándalo mayúsculo y la evidencia de que, en la Andalucía autonómica, el fraude y la estafa ha sido la norma consentida por un “régimen” que ha hecho de ellos un instrumento para su supervivencia. Y no hay esperanza que valga, porque desde la Presidencia hasta los rateros de tres al cuarto, desde los sindicatos a la patronal, nadie puede decir esta boca es mía. La corrupción no era la excepción sino la norma. Lo dice hasta el Fiscal.

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