Después de Gibraleón, Beas, y luego, ya veremos. El PP exige al PSOE que garantice que los tránsfugas no volverán a sus filas. ¿A quién querrán engañar unos y otros, acaso no sabe todo el mundo que el transfugazo de Gibraleón fue saludado con vítores y respaldado por la presencia de dirigentes de primer nivel provincial que celebraron como propio el hecho de que sus ediles “abandonaran” su grupo municipal y formaran gobierno por su cuenta? Hay que tener poca vergüenza para decir que a los tránsfugas de Gibraleón se les expulsó del partido tras su estudiado asalto al poder y que a los de Beas ya se les había echado antes de que dieran el golpe. Pero hay que ser primos para pedirle a los organizadores de estas tropelías que castiguen sus fieles ejecutores. El PP tiene experiencia sobrada, como todos los partidos, como para saber que no hay tránsfuga sin autorización del partido (del que sea) en el bolsillo y, a veces, con algo más que autorización. Son los ciudadanos quienes han de tomar sobre sí la carga de interpretar los hechos y votar en consecuencia. Si consiguen que no les tomen demasiado el pelo ya pueden darse con un canto en los dientes.

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