En el último de sus penetrantes artículos se ha referido Luis Carlos Rejón al incidente provocado por unos funcionarios que abroncaron en público al co-presidente Valderas con el eslogan “Valderas, tirano, vuélvete al butano”. Entiende Rejón que el insultado se merece, desde luego, muchas pitadas a las que él dice adherirse, para plantear a continuación una pregunta más que gastada ya, concretamente esa de si “acaso los butaneros no pueden dedicarse a la política y alcanzar altos puestos”, ya que él conoció en su larga experiencia política “auténticos burros con orla y catedráticos hechos en la universidad de la vida”, y al margen de que Valderas seguirá representando al pueblo mientras éste lo vote, como si con este sistema electoral el pueblo pudiera votar a alguien al margen de unos “aparatos” –¡qué le voy a contar a contar a Rejón que él no sepa—que hacen y deshacen a su antojo la voluntad popular. No caigamos de nuevo en lo de pobres y ricos, querido Luis Carlos, porque eso, en una democracia donde, según tú, el pueblo tiene la última palabra, carece de sentido. La realidad es que en estos treinta años hemos construido entre todos una “clase política” que se parece más al aguafuerte de Milovan Djilas que al chafarrinón de Cánovas. La política se ha convertido en una profesión para la que, es verdad, no se precisan reválidas ni oposiciones, y eso puede resultar muy refrescante y demagógico pero nos conduce a una gran mentira. ¿Te pondrías tú en manos de un neurocirujano surgido de lo que llamas “universidad de la vida”? Yo no, palabra. Pues, entonces, a ver por qué vamos a depositar en manos ignaras nada menos que nuestro orden legal y el poder ejecutivo.

A las alturas han llegado muchos compañeros y camaradas, Luis Carlos, cosa que no dejaba de inquietar a Besteiro o a don Fernando de los Ríos, cuando miraban de reojo, con envidia crítica, a una clase política como la británica que era (y es) básicamente clasista pero también, no hay que olvidarlo, una “gentry” severamente desbastada en Oxford o en Camdbridge. La disfunción no está en la clase sino en la mente: suscribo al cien por cien tu criterio cuando dices que el problema no es ese oficio sino que “Valderas se ha olvidado de que un día muy lejano fue butanero”. No hay “élites” espontáneas. Eso sólo lo defienden ya los “ninis” y aquellos a quienes estos guardan el cortijo

7 Comentarios

  1. Lo más difícil en manos de los más legos. Gente sin o con el bachhiller raspado con nuestro destino en sus manos. Desde luego, la política se ha convertido en un negocio y no precisamente para los mejor dotados.

  2. Sin preparación no hay experticia posible. Ese es un gran error que está conviertiendo este democracia en una partitocracia vulgar.

  3. A todolo dicho hay que añadir la elefantiasis del sector. No hay país que pueda costearse una Administración de ese volumen. Pues ya verán cómo no se meten los recortadpres en ese berengenal.

  4. No es fácil la cuestión y usted lo sabe. Si con funcionarios que han hecho costosas oposiciones la cosa nunca ha funcionado bien, fácil es deducir que con primos y cuñados sin otro mérito metidos a dedo en la nómina estatal tiene todo será peor. Esta es la por Administración que yo he conocido y eso que la mía tiene escaso margen para el enchufe, aunque ofrezca otras posibilidades para ser controlada por el poder político. Este asunto es muy enojoso y creo que tiene mal arreglo, aunque quizá la crisis fuerce a liquidarlo en alguna medida.

  5. Con un da de retraso pero no importa: seré yo casi la unica en leerlo!
    Don Zelota, no veo porqué tendran que ser los politicos “mayoritariamente malos y/o corruptos.”.? Por qué no lo son los médicos o los zapateros? Los ciudadanos pueden y deben hacer algo para evitar eso. Con dos o tres que acabaran en la carcel y en pelotas, ellos y su familia, creo que bastaria para que la honradez se volviera de mada entre ellos.
    Besos a todos.

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