Poco ha durado la aventura de “Andaluces levantaos”. O quizá fuera mejor decir que los levantiscos se han levantado más bien poco, lo justo y ni un milímetro más, el tiempo de posar varias veces ante la curiosidad (¿) pública y darle oxígeno a los torturados ponentes del texto estatutario para que no se asfixiaran del todo. Nada más constituirse –ésa es la verdad– Chaves comenzó a mover con habilidad sus tentadores peones, tendió manos, echó brazos por los hombros y nombró cosas a algunos de los comprometidos. A los otros los ignoró, entre otras cosas porque, como acaba de demostrarse, rota por la mitad ya no había plataforma que valga. Andalucía adolece de una clase dirigente mediocre y de un “senado” de notabilidades de lo más sumiso. Todo lo contrario de lo que le ocurre a las autonomías que de verdad se están llevando los gatos al agua. Ya ven la foto demediada de “Andaluces levantaos”. A Chaves le ha bastado mover un par de fichas para liquidarla y a otra cosa. 

2 Comentarios

  1. Perdón por la torpeza informática:

    Escribía esta semana su compañero de periódico, Javier Caraballo, en su columna que el Sr. Vladeras le había dicho al Sr. Chaves que éste le dijera al Sr. Arenas para que éste finalmente le dijera al Sr. Jiménez Losantos que no “prejudicara” más al Estatuto. Me acordé leyendo esta columna de otra muy brillante, como casi todas las que escribe Javier Rubio en la que manejaba con maestría la metáfora del tamaño del cerebro de las tortugas, muy pequeño, para acostumbrarse a gastar poco oxígeno, con el tamaño del cerebro de muchos políticos, que se acostumbran a “gastar” poca Libertad. Pues eso tamaño pequeño de políticos para poder pasarse escondidos sin que los ciudadanos seamos capaces de ver su existencia mediocre, y todo por no ser capaces de respirar el mayor bien que se le ha dado al ser humano: Libertad

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