Unos científicos americanos están realizando en Venecia un estudio para localizar, a través del estudio del ADN, lo que queda de la población genuina de la mítica ciudad que, justo estos días acaba de deslizarse bajo el simbólico listón de los 60.000 habitantes a causa de un éxodo forzado del que se quiere hacer responsables solidarios al turismo creciente, la subida del nivel del agua, el elevado precio de los inmuebles, los malos servicios pero, sobre todo, a la ínfima tasa de reproducción de una población definitivamente envejecida. Una ciudad que recibe millones de turistas cada año, abarrotada de transeúntes pero cada día más despoblada de indígenas, teme verse convertida a no tardar en una ciudad-museo, es decir, en un mero escenario –maravilloso, lo que se quiera, pero escenario—en el que la vida cotidiana resulta insostenible. Ni siquiera las bonificaciones aplicadas a los residentes bastan ya para que esos pobladores soporten los precios turísticos que, por más que agraden a los explotadores, resultan incompatibles con el consumo normal y corriente. Y por eso el sábado pasado recorrió el Gran Canal una comitiva náutica en torno a una góndola en la que un tenebroso oficiante revestido de negro desgranaba incansable el gorigori sobre un ataúd rosa, símbolo de la imposible muerte de la ciudad. En Venecia se viene hablando de la muerte –de la Muerte, con mayúscula—de toda la vida y a esa visión tanática de su maravilla ha contribuido la plana mayor de los escritores europeos desde Goethe a Stendhal pasando por Casanova o De Brosses, Taine o Byron, abducidos todos ellos por la sugestión macabra de las aguas aparentemente difuntas, el impenetrable silencio nocturno que rasga la voz del gondolero y el misterio del pueblo emergente que, en el vaivén de las mareas, mantiene viva la sugestión del naufragio. Venecia no va a hundirse nunca y menos a morirse, como no sea de éxito.

Hay en España en este momento un número curioso de pueblos despoblados enteramente y lo mismo sucede en otros países, en el marco del definitivo proceso de urbanización que caracteriza el progreso hodierno. Y frente a ese fenómeno, ahí están los insolubles problemas que plantea el gigantismo urbano, incluso sin contar con su evidente inadecuación a la medida humana. La comitiva fúnebre de Venecia acabó, sin embargo, con otro símbolo elocuente: la elevación de una bandera en la que campeaba el ave fénix, su ‘Fenice’ famosa y bien ganada. Puede que donde hubiera que organizar sepelios urbanos fuera en estas aglomeraciones nuestras en las que quien fracasa es el habitante bajo el esplendor de la postdernidad.

8 Comentarios

  1. Como lo sé buen conocedor de la Serenísima y sus secretos, he leído con avidez la columna, pues no olvido otras tantas (¿para cuando una antología, amigo?) en que nos hizo crónicas sentimentales de sus muchos viajes. Venecia no morirá pero es inevitable el fenómeno que describe. Los mitos no mueren. Ni se hunden. Ya lo veremos. O nuestros bisnietos.

  2. Todo tiene su edad, el tiempo todo lo gasta y acaba, incluso Venecia, no lo duden. Por más que podamos admirar e incluso amar (como don ja) a ese prodigio debido al hombre y su cultura. Hay muchas ciudades que envejecen porque los reajustes de población los dicta el mercado de trabajo y de oportunidades. Lo mismo en Europa que en América. Venecia no es una excepción pero quien la conozaca sabe que tiene un destino inevitable.

  3. Para los seguidores de las andanzas del comisario Brunetti, aviso que las últimas andanzas publicadas del poli veneciano ya han salido en bolsillo.

    En ellas se queja de lo que apunta el Anfi: la ciudad de los dogos ya es un parque temático invadido de coninuo por turistas alborotadores que prefieren una hamburguesería a una humide taberna.

    No es la mejor de las aventuras del comisario pero los que vivimos el mono permanente de ellas, nos vemos algo más tranquilos cuando nos las embuchamos.

    Salu2.

  4. Preciosa observación la que haces sobre la constancia del tópoco de la Muerte imnspirado por Venecia no sólo a los granes escritores que citas (y muchos más, como bien sabes) sino a artistas que van de Mozart a Mahler. Bella columna, siempre con la nostalgia a cuestas. Cada día, en ese aspecto, estás “más Brodski”…

  5. ¿En que cabeza cabe que no sea eterna la Piazza San Marco, la Giudeca, el Arsenal, San Polo… Me has trasportado a la noche veneciana en tu góndola, una vez más, y te doy las gracias por ello,. junto con mi respetuosa discrepancia con los pesimistas y agoreros. Venecia no muere, ni de éxito. Nuestros bisnietos nos darán la razón.

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