Acaba de conocerse un estudio sobre la felicidad juvenil elaborado en 16 países por la Coca-Cola Company, en el que se revelan datos tan inesperados como que la crisis no ha afectado para nada a los dos tercios de encuestados que se declaran  satisfechos con sus vidas. En España, sin ir más lejos, a pesar del desconcierto provocado por el paro juvenil y la consiguiente explotación laboral, parece ser que nueve de cada diez jóvenes se consideran felices con su situación, desconcertante dato que nos sitúa en el segundo puesto de la clasificación europea, y sólo superado por el hecho de que la gente joven de un país en cuadro y en desbandada como Rumanía se muestre aún más contenta con su suerte que nuestros alevines. La extravagante encuesta retrata una juventud en extremo familiar, hogareña y discreta, que valora altamente la amistad, no aprecia a Internet en demasía y oye música sólo en una medida discreta, es decir, todo lo contrario de lo que tenemos a la vista y nuestra experiencia nos va mostrando día a día. Ya ven, “la chispa de la vida”: hay una pseudosociología dedicada a reconciliarnos en falso con la realidad degradada, que funciona como un espejo estimulante en el que se reconforta, al contemplarse, la muchedumbre solitaria, recompuesta en sus rasgos deformados por el reflejo trucado de una amable barraca, porque el optimismo es una droga blanda que engancha al personal en proporción directa a su desdicha. La sociología vio la luz con pretensiones de ciencia crítica y va transformándose poco a poco en una técnica integradora que hace cuanto está en sus números por eliminar el conflicto y propiciar el consenso. A base de dinero, como todo en esta vida.

 

Es significativo que, desde un principio, los grandes talentos de la disciplina presintieran esta previsible degeneración de la moderna adivinatoria. El fundador, Emile Durkheim, precisamente al elaborar “Las reglas del método”, recomendaba ya a la nueva ciencia renunciar al éxito mundano y blindar su rigor a base del esoterismo inherente a todo proyecto científico, y más tarde, quien fue maestro de toda una generación, Georges Gurvitch, concluyó que resultaba imprescindible negarle a sus técnicas toda capacidad profética. Si cualquiera de ellos hubiera tenido acceso a este “Barómetro de la Felicidad” que hoy nos brinda el popular refresco, seguro que se habría visto reafirmado en el prudente pesimismo que es bueno que acompañe como acólito fiel a todo intento de explorar la realidad humana y, en especial, la colectiva. Los doxógrafos griegos sabían de sobra que el negocio del oráculo se basaba en la amabilidad tanto como en el terror.

10 Comentarios

  1. Divertida y brillante lección sobre un tema clave: la crisis de la sociología. La democracia es un régimen de opinión pública y ello hace más grave aquella crisis. Un caso como el comentado demuestra cópmo se puede manipular lo que piensa la masa. Que esta crítica vemnga de un sociólogo del conocimiento resulta aleccionador.

  2. No me sorprende la satisfacción de una juventud sin horizonte pero acolchonada. Aunque se sobreentiende que los encuestados sólo habrán sido los jóvenes acomodados, ya que los de clases inferiores andan como muestran las estadísticas policiales y la información del periódico: MAL, PEOR. Me ha interesado, como a Herodóto, el aviso sobre la manipulación de la “moderna adivinatoria” y, como él, valoro el hecho de queel aviso y la crítica vengan de quien vienen.

  3. La juventud es carne de cañón para los que mandan. Hasta que es demasiado tarde. Una bolsa de botellonas, una botella de güisqui garrafero, unos altavoces atronadores con un grupo descerebrado… Los alcaldes saben bien lo que hay que hacer con una basca a la que se la ha educado en el desprecio por toda referencia y autoridad. No me extraña que se sientan a gusto… de momento. Tendrían que repetir ese estudo dentro de diez años.

  4. Pero lo que interesa en la columna no es esa actitud de los jóvenes, sino la manipulación que de ellos hacen los poderes fácticos y de los otros. Creo que lo que ja denuncia es esto último, y lleva toda la razón.

  5. La cultura permisiva (contradictio in terminis), transmitida a una generación de jóvenes, ha llevado a lo que ahora tenemos, muy bien reflejado por Santiago Niño Becerra, catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull:

    http://www.lacartadelabolsa.com/index.php/leer/articulo/lo_que_espaa_es

    Y esto no se arregla ni con maquillajes sociológicos de uno u otro signo ni con recortes en los sueldos de los funcionarios y congelación de las pensiones. Ni es culpa exclusiva de este gobierno, desde luego.

  6. Curiosas las citas de los maestros fundadores, y muy pertinentes. ES verdad cuanto hoy se dice en la columna sobre la manipulación e interesante en extremo lo de la “droga blanda” que es el optimismo. Este hombre no es un pesimista más que en su justa medida, y eso es extraordinariamente saludable para un sociólogo y para cualquier observador. ¿Cómo va a estar tan contenta una juventud cuyo perfil se cuartea cada día más? No cero que pueda estar contenta una juventud sin futuro, por más que viva apalancada en la casa paterna y goce de un tratamiento social tan favorable. Sencillamente esa encuesta es un cuento. Como “la chispa de la vida”…

  7. Desde luego son de agradecer estos estudios que gm nos ofrece en síntesis criticada, como demostración de una actitud infatigable de búsqueda. En el de esta mañana encuentro un tema viejo entre sus preocupaciones, el de la infidelidad de las ciencias sociales que, con tanta frecuencia, o se venden o se alquiolan a los poderes que gobiernan la vida. Está bien que estas cosas las diga alguien que conoce el paño, que trata de cerca a los especialistas y que con toda seguridad sabe mucho más de lo que dice aunque ya dice bastante. Hoy estoy muyd e aceurdo con él, por más que me tiente la idea de que los jóvenes hayan podido dejarse llevar por ese optimismo al que alude. La gente tiende a decir que está mejor de lo que en realidad está.

  8. Mi experiencia de trabajo con los jóvenes me hace darle buena parte de razón al comentario de Nemo sobre la conformidad que suelen expresar. Es que esas edades son de suyo un poco ciclotímicas, predominando, me parece a mí, sufrida profesora, los episodios de buen estado de ánimo. De todas formas, me cuesta tragarme estos datos que el propio jagm no se traga.

  9. El reconocimiento de la propia infelicidad genera más infelicidad. Es uno de tantos fenómenos de realimentación positiva.
    La negación de la infelicidad es una autodefensa más de los seres humanos.
    Los sociólogos deberían descontar estos efectos de distorsión antes de publicar los resultados, a menos que los quieran cocinados en su propio jugo.

  10. Yo siempre he oido decir que a las estadísticas les puedes hacer decir lo que quieras. Y así lo he comprobado muy a menudo. Besos a todos.

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