Los lobbies americanos son de una eficacia fuera de toda duda. Consiguen que se haga o deje de hacer lo que conviene a sus empresas, es decir, hacen lo mismo que aquí hacen otros que no son lobistas, pero a las claras. Hay muchos ejemplos, pero uno que me ronda por la cabeza desde que tuve noticia de él, es concretamente el logro de que el boicot impuesto por los EEUU a Sudán por promover ciertos terrorismos y haber dado asilo nada menos que al difunto Bin Laden, se haya aplicado con rigor sobre aquel país, en cualquier caso hambriento y martirizado, salvo en lo concerniente a la exportación de goma arábiga, una mercancía de la que son clientes supremos dos colosos de la economía yanqui: la Coca-Cola y la Pepsi-Cola. ¿La razón? Pues que esa sustancia, savia de una pseudoacacia indígena, resulta ser un emulsionante clave a la hora de fabricar esos refrescos, dado que sin ella el azúcar no se mezclaría con el agua sino que acabaría decantándose en el fondo de la botella o de la lata. ¡Como para prohibir su importación en EEUU por muy canalla que resulte ser el régimen sudanés y muy bárbara que sea su oposición rebelde! Cuando el embargo del petróleo a los árabes, un sobrino del secretario general de la ONU se puso las botas traficando con él, que el dinero no tiene patria, y, además, como decía el emperador romano que gravó las letrinas, “non olet” aunque de ellas provenga. A los sátrapas del Congo –incontables víctimas ya a sus espaldas—se les compra igualmente el coltán de nuestros juguetes electrónicos a pesar de que conste que su explotación es sencillamente inhumana. Los lobbies tienen mucha fuerza, la conciencia muy poca.

Ya no está de moda hablar de imperialismos ni colonialismos, tal vez porque esos conceptos, en un planeta globalizado, no respondan ya al diseño mental que popularizó Franz Fanon en los años 60, ni sean comprensibles más que en el ámbito conceptual sofisticadísimo de las nuevas relaciones internacionales. Pero, como se ve, no porque cerremos los ojos o la boca han dejado de funcionar esos sistemas, si me apuran, mucho más inhumanos ahora que entonces, lo mismo si pensamos en las industrias deslocalizadas con que se explota a la humanidad más desvalida, que si situamos la acción en los elegantes despachos de diseño desde los que actúan los lobbistas. No voy a poder beber una coca en adelante sin representarme a los sudanesitos que se dejan la vida recogiendo la goma en sus bosques de acacias.

6 Comentarios

  1. Si bebemos cocacola, ya ven; si les compramos a los niños calzado deportivo, estaremos colaborando con la explotación del tercer Mundo. Si usamos el teléfono móvil de algún modo estamos pisoteando la sangre de los esclavos congoleños. ¿Verdad que la cosa es como para tragar cerillas?

  2. Creo que el secreto está en aquella frase –cómo envidio el ilustre memorión de nuestro don JA– que decía: “De acuerdo, no lo puedo hacer todo, pero no voy a dejar sin hacer aquello que sí puedo”.

    Con tiempo, como el que disfruto, me leo de cabo a rabo todas las etiquetas de lo que consumo. Y créanme, merece la pena.

  3. Don José Antnio, qué decepcion! Acaba usted de caérseme del piedestal! Bebe usted coca cola? Es que no me lo creo!

    Mas seriamente , lo que guardo de la pagina es lo siguiente:”Pero, como se ve, no porque cerremos los ojos o la boca han dejado de funcionar esos sistemas, si me apuran, mucho más inhumanos ahora que entonces”
    Besos a todos

  4. Dos compañías como las aludidas pueden mucho, incluso mediar en una guerra o en una paz. Lo que está sucediendo en Sudán es calamitoso y, es verdad, que me ha sorprendido la información sobre la goma arábiga y el negocio de las colas. Todo está en venta ya en este mundo. Se trata de comprar al precio más bajo, que suele ser el de los pobres.

  5. Dando por buena la información en que se basa gm en su columna, me permito dudar de que Coca y Pepsi tengan tanta influencia como para disponer la política internacional así como así. Lo xdel coltán, lo del oro, lo de los diamantes de sangre y demás son ya un recurso algo repetido de este columnista, sin duda informado y bienintencionado, pero a lo peor poco cierto.

    Por cierto, mi lectura frecuente de esta página me permite entrever no poca pedantería profesoral de esos pseudónimos tan despistantes como Epi y Cura de Pueblo. Sospecho que tras ellos están los “amigos intelectuales” de GM, cuyo mérito no soy quine para poner en duda.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.