A la vista de la inconcebible anarquía reinante en la costa gaditana, discuten y riñen el Gobierno y la Junta: unos por otros y la casa sin barrer. Que falla la seguridad es tan obvio como que el origen de ese drama está en la ruina que vive la zona, y si lo primero es culpa del Gobierno, lo segundo depende de una Junta que hace decenios que viene parcheando esa canasta con EREs y subvenciones pero sin un proyecto socioeconómico realista y firme. Por eso resulta tan impropia la pelea institucional frente a la necesidad social. Lo de Cádiz empieza a ser la versión española de lo de Sicilia o lo de Nápoles, porque el crimen lo trae y provoca la anomia. El politiqueo partidista debe dar paso sin demora a un entendimiento de los poderes públicos.

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