En la Izquierda ha habido muchos cismas, casi más que en la Derecha. Esa fue la razón por la que Anguita inventó una Izquierda Unida que, tras ceder la vanguardia al populismo neocomunista, parece definitivamente empeñada en diluirse. No hay más que escuchar a doña Susana y Maíllo enzarzados en mutuas descalificaciones o ver cómo la Junta orea la anticuada estrategia de la “casa común” para comprender que nada es ya como era y menos como se quiso que fuera. ¡Hasta Valderas ha dejado de pagar a la coalición la cuota que tanto le ha rentado en esta vida! El viejo sueño se ha venido abajo para satisfacción de los que llamaban Savonarola a Julio Anguita sin pararse a considerar que podría venírsenos encima lo que luego ha venido. El viejo romanticismo no vale hoy ni una consejería.

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