Con motivo del bicentenario de Garibaldi, “el héroe de los dos mundos”, la memoria italiana anda dividida en bandos irreconciliables. Ha salido a relucir la famosa camisa roja, única y de quita y pon que el mítico general usó durante su campaña americana, se oyen voces desmitificadoras que hablan incluso, con la mayor irreverencia, del “brigante aventurero”, se recuerda que su leyenda ha dado de sí tanto como para prestar nombre a unos famosos “jeans”, a unos puros toscanos, a unas galletas inglesas o a una suerte de salmonete frecuente en el otro hemisferio, se inauguran exposiciones, se firman convenios y hasta se da a la luz el curioso inventario de los bienes que aquel célebre insolvente poseyó en su isla de Caprere y que consistía cabalmente en unos cuantos bueyes, doscientas cabras, el doble de pollos, dos caballos, sesenta burros y medio centenar de cerdos. No están conformes con semejantes fastos ni los separatistas de arriba ni los de abajo, que ven en el general a un falso mito del que se habría servido el entonces pobre Norte para hacerse con las riquezas que (entonces) poseía un Sur  próspero, al menos en la imaginación de los ‘separatas’, y que no dejan de recordar de qué generosa manera fue tratado, en fin de cuentas, por encima y por debajo de la conseja popular, el legendario personaje que hasta alcanzó a cobrar su pensión vitalicia como premio a sus desvelos. La cosa ha llegado a tal punto que, en Roma, se han estrechado la mano simbólicamente el último Garibaldi y el heredero saboya en que concluye de momento la estirpe de Víctor Manuel, un poco en plan de arreglar el mundo (para los italianos no hay más mundo que Italia), pero la auténtica guinda del pastel ha sido la publicación de la nota manuscrita que el héroe libró contra el Fisco y que decía ni más ni menos: “Egregio esattore, mi trovo nell’a imposibilita di pagare imposte. Giuseppe Garibaldi”. Así, en dos líneas, con dos bemoles. Le ha faltado tiempo a los objetores italianos para levantar la voz contra el saqueo impositivo y a un puñado de cuerdos para aplicar la protesta a la injusticia que supondría implantar en la República el pretendido federalismo fiscal.

                                                                  xxxxx

Por poco coincide con los nones de Garibaldi, como pueden ver, el proyecto de Rajoy de suprimir las cargas patrimoniales y atemperar las de la renta personal, por un lado, y por el otro, con el que la rapiña catalanista ha forzado el paso estatutario hasta perder de vista a los pocos y discretos jacobinos que todavía confían en la virtud equilibradora del centralismo. Pero más me interesa apuntar ahora hacia la  multifuncionalidad de estos mitos políticos que, como el garibaldino, sirven lo mismo para ilustrar el viejo fregado revolucionario que para ambientar ideológicamente la ‘movida’ neoliberal, igual para Craxi que para Spadolini, tan útil para los descamisados del protosocialismo como para los ejecutivos “prêt-à-porter” que aprendieron a hacerse el nudo de la corbata en la Escuela de Chicago. El ministro Caldera predicando antier mismo que la revolución del siglo XXI serán los impuestos y Garibaldi garrapateándole hace dos siglos al recaudador unas líneas someras en las que le declara su heroica decisión de no apoquinar ni un chavo para que lo despilfarre “la Casta”: vean hasta qué punto lleva el paso cambiado este ‘sociatismo’ que no parece haberse enterado siquiera del premio que le han dado a Dährendorf en Oviedo ni de que los publicanos catalanes se han quedado de un plumazo con la butifarra y con las monchetas. “Egregio Esattore”: hay desde el mismo encabezamiento del autógrafo una sombra de burlesca ironía que resuena más divertida en boca del héroe de esa sufrida camisa roja  que mantiene subyugado dos siglos después a un imaginario italiano tan harto de coles como ya lo estuviera el propio mito. Puede que no exista un sistema fiscal justo. El federalismo impositivo no es, tal vez, más que una variante de esa fatalidad.

14 Comentarios

  1. Éste es mi don ja, ya está aquí, por fin, su caligrafía menuda e intensa, su cultura atenta, su ojo clínico y público. ¡Garibaldi! Curioso comentario, más si se piensa en que nadie se ha acordado en esta país gobernado por sociatas de quien fuera símbolo inaugural. Don ja ha vuelto. Hay que decir que le debemos uno de los mayores esfuerzos culturales e intelectuales que se registra la prensa española.

  2. Ahora resulta que Garibaldi era un “membrillo”, como dice este renegado con tanta frecuencia. ¿Y quién es él para echar por tierra a un mito centenario? Sin comentario.

  3. Bicentenario, Sociata bis, bicentenario, que es que no te enteras. ¿Has leído el artçiculo hasta el final? Lo dudo, pero en realidad vosotros nop necesitais conocer lo que criticais. ¡Su habéis sobrevivido a Cramen Calvo es que la llevais de cara!

  4. No me sorprende que, aunque tarde, alguna luz alumbre el mito garibaldino. Es simpático, no me cabe duda, y siemopre lo he tenido y explicado así, pero tiene tanto de sustancia mítica que no se sostiene. jagm roza de pasada algunos hachos curiosos, como la isla propiedad, su negativa a pagar impuestos y demás, pero es el propio papel político de ese activista genial el que interesa. GM, que tan bien conoce Italia, debería hablarnos de paso de Mazzini, acaso de D’Annunzio: Italia está llena de leyendas políticas de las que podríamos aprender mucho aquí en España.

  5. (Comparto con mi don Marchena una adolescencia entre salesianos. No creo que haya muchos biografiados como don Bosco -siete tochos de a kilo y medio, quiero recordar- en que se cuentan hasta sus sueños. Si pensamos que el santo murió en 1888, por fuerza nos son familiares los nombres de Garibaldi, Víctor Manuel, Cavour…)

    Piamontés, como don Bosco, cuando Niza era Piamonte, al Camisa Roja no se le puede negar un aventurerismo que le llevó por medio mundo, como bien apunta el Jefe. ¿Antecedente de Ernesto Guevara? Pero desde luego no creo que el sociatismo español lo venere porque fue unos de los líderes del centripetismo italiano, dándole caña a Nápoles, la Lombardía, los Estados Pontificios, Sicilia y hasta le mojó la oreja a Austria.

    Como estamos angloamericanizados hasta las cachas, ignoramos a nuestros vecinos y parientes. Con lo bien que se entiende el italiano y el portugués -y hasta el francés, el idioma claro- es fácil leer algo de prensa en los interneses que no sea el tabarrón diario de la ETA and Co. Así nos enteraríamos de que la corrupción es un mal común, de que la inestabilidad gubernamental es la que permite que Italia funcione -gracias a sus funcionarios, of course- o que mi don Prodi ‘…metterà oggi sul tavolo del consiglio dei ministri la sua proposta…’ sobre la edad de jubilación.

    A ver sociata: don Peppone Garibaldi nació en el 1807. Bicentenario, pues. Que no te enteras, Contreras.

    (Confieso haber mirado hoy la Encarta, para confirmar y conocer algún dato olvidado. Ya dije ayer que de la Wiki, no gasto).

  6. Mi viejo conocimiento de don ja me permite ilustrarle, querido Perogrullo, sobre un hecho simpático y es que nuestrp anfi se llama (así lo certifica alguno de sis títulos universitarios) “josé antonio juan bosco”. Algunos de nosotors, en tiempo, tratábamos de mortificarle, sin éxito, llamándole por esa gracia.
    En cuanto a la columna, me gusta la demsitificación de un personaje tan simpático como aventurero. Vamos a dejarlo ahí, ante de que algún espíritu de porgreso nos llame reaccionarios, sin saber lo que dice, por supuesto, sin saber lo que dice.

  7. Sobre Garibaldi, la siguiente anécdota:

    Allá a principio de los 60 del siglo pasado, el Abate se casa en Catalunya con una hermosa muchacha catalana de abuelos italianos, y padres murcianos.
    Tenemos una niña a los 9 meses y nada, educación normal. Pero en el 70 tenemos un niño y aparece el maléfico Garibaldi.
    Mi suegra no paraba de increparle diciéndole a cada momento: ¡Juanito! no destroces la casa que eres más malo que Garibaldi. Tuve que ir explicándole que de adonde le venía aquello de callar al niño calificándolo de garibaldino.
    Me costó mucho quitarle el concepto de su cabeza. Siempre le había oído a sus padres y abuelos de que Garibaldi era el diablo en persona.
    Los bisabuelos de mi esposa habían huído tras la caída del reino de Nápoles. Eran reaccionarios con pedigrí y huyeron, recayendo en las playas de Almería con un barco.
    En los años 80 estuve con la familia visitando La Basilicata, comarca de dode eran oriundos.

  8. La anécdota de la negativa a pagar impuestos es genial y dice mucho sobre el fondo de algunos revolucionarios, fondo no menos reptiliano, por supuesto, que el de los de la otra orilla.

  9. El jefe debería haberle dedicado la ingeniosa columna a ese presodente de la autonomía andaluza que calla como un muerto ante el golpe de mano de Cataluña y la ruptura de la unidad tributaria del país. Hoy todos deberíamos escribirle al atribulado Solbes una misiva de dos línes con ese “egregio esattore” encabenzándola.

  10. Ustedes tómenselo a bromas, pero el señor Rajoy va camino de porponerlos la garibaldina con tal de cambiar el disco y ganar las elecciones, aunque no me cabe duda de que el señor Circunflejo (gracias, don Pero) hará lo propio en cuanto descubra que le aprieta el zapato.

  11. Por mi ascendencia italiana también yo, como el Abate, he escuchado maldecir a Garibaldi, pero eso ni quita ni pone a lo que el jefe plantea, es decir, al tema de si la fama de aquel héroe de dos mundos se debe más a la leyenda que a la realidad. De hecho he visto últimemente varias veces plnateado el tema en la prensa y he tenido en la mano algún libro sobre el particular, sin duda editado en la oprotunidad del bicentenario. (Bicentenario, Sociata bis, que no te enteras).

  12. Sólo para decir que me ha interesado mucho el tema, hay tan poco interés histórico en la prensa actual– y para mostrar mi inquietud por el silencio de mi homónima de Angoulême, madame Sicard. ¡Díganos, al menos, que está bien y nada le ocurre, córcholis, doña, que nos tiene sobre ascuas!

  13. Los mitos no son intocables. Eso es sabido y también que no suele aceptarse que se les ponga la mano encima. Una vez más admiro la indiferencia con que nuestro amigo gm trata temas a izquierda o derechas, igual le da, sin que le tiemble la mano ni ante los mitos más consagrados. Ésa sola sería ya una buena razón para admirar su trabajo y su actitud.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.